martes, 23 de mayo de 2017

CAPÍTULO 29 PARTE I MANIOBRA EN LA LIBRERIA




La librería empezaba a verse bastante concurrida de público. La puerta no dejaba de abrirse y cerrarse. En el exterior, bajo la creciente noche que empezaba a cubrir la ciudad, un cartel en medio de la acera anunciaba la firma de libros por parte de la conocida autora Ana Moore. En el interior, se había acondicionado un agradable apartado en el que destacaba una sencilla mesa de plástico cubierta por una tela de color granate y una cómoda silla tapizada en terciopelo del mismo color, el preferido de Ana, que ocuparía la escritora. Sobre la mesa, algunos ejemplares de sus novelas, y que los clientes, en su mayor parte público femenino, podrían adquirir en la misma librería.

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El detective y su hija entraron. Una agradable temperatura y una acogedora luz reinaban en el interior. Con tranquilidad y disfrutando del ambiente se camuflaron entre el público y empezaron a ojear algunos libros en los estantes. Encontraron también una estantería, seguramente preparada para esa tarde en especial, donde solo encontraron libros de Ana Moore. R cogió uno al azar. Nunca había leído a esa autora por lo que no tenía predilección por ningún título en especial. Marta ojeaba el resto de títulos de la escritora en cuestión.

-Este puede estar entretenido ¿Qué te parece?- R le mostró a su hija el libro que hacía unos segundos había cogido del estante. Marta lo miró y cogió el libro. Echó un vistazo la contra portada, leyendo unas líneas que venían escritas junto a una pequeña fotografía de la escritora. Seguramente su padre lo había cogido por la portada, la cual era bastante llamativa, con mucho color. Donde se veía a una mujer vestida con vaqueros y camisa, y armada con un rifle en una mano y sujetando las riendas de un caballo con la otra. De fondo, una especie de rancho con montañas nevadas a lo lejos. Sin duda alguna, ciencia ficción. ¿Montañas? ¿Con vegetación? Que mente más perturbadora tenía esa escritora.

-Creo que…-

Marta no pudo continuar hablando. Ana Moore apareció justo por detrás de ellos, con una agradable sonrisa entre los labios y una educación exquisita, como siempre que R había coincidido con esa mujer. Marta quedó asombrada ante la belleza de la escritora, que vestía un coqueto vestido rojo y zapatos negros. El pelo le rozaba ligeramente sus hombros desnudos. Tocando ligeramente los tirantes del vestido.

-Si va a comprar uno de mis libros- dijo amablemente-¿puedo sugerirle uno?

-Por supuesto- asintió R- Tengo que admitir que en literatura romántica estoy bastante perdido.

Ana Moore sonrió en silencio, cogió el libro que R tenía ahora entra las manos y tras ver el título lo dejó de nuevo en el estante, buscando rápidamente con la mirada le entregó otro.

-Creo que este le gustará a su pareja- Dijo.

-Me gustaría presentarle a mi hija Marta- dijo R cogiendo el libro y sujetándolo con las manos junto al sombrero, que se había quitado nada más entrar.

-He leído un par de libros suyos- dijo Marta justo después de la presentación.

-Espero que te gustasen.- Respondió la escritora.

Pero justo en ese preciso instante alguien, desde la mesa destinada a la firma de ejemplares, reclamó su presencia. Ana se giró hacia la persona y asintió con la cabeza. Después se volvió hacia el detective y su hija.

-Lo siento, pero el trabajo me reclama.-se excusó.- Puedo firmarle el ejemplar si lo desea.


-Estaremos un rato más todavía por aquí- dijo R mirando a su alrededor.- Pasaremos por la mesa, no se preocupe.- Terminó mostrando una agradable sonrisa.



lunes, 22 de mayo de 2017

¿Todos somos Truman?

Ayer domingo volví a disfrutar, después de muchos años, de una gran película: El Show de Truman. Personalmente creo que es el mejor trabajo de Jim Carrey.

Seguramente que buscando por la red encontraréis miles de análisis sobre la película. Pero yo quiero hacer mi propio análisis.



Para empezar decir que es un guion brillante. Desde el minuto uno, coloca al espectador (es decir nosotros) porque recordemos que en la peli hay dos tipos de espectadores, en una difícil situación. En una posición más que incomoda se podría decir. Desde el minuto uno tenemos mucha más información que el protagonista. Y a la vez que el guion nos coloca en esa posición privilegia de información (recordad que la información es poder) nos coloca emocional e irremediablemente junto al protagonista, junto a Truman.

En el avance los minutos de la película, es increíble cómo somos testigos en primera persona de que con un entorno controlado y un plan minuciosamente elaborado con anterioridad pueden manipular nuestra mente. Inducirnos de la manera más normal y sencilla ciertos miedos…fobias…temores…que harán que nosotros mismos vayamos por el camino que han construido precisamente para ello, sin “obligarnos” directamente.


Cómo esa sociedad aparentemente perfecta para nosotros, con sus problemas del día a día es verdad, pero que nos mantiene en nuestro espacio de confort “controlado” se convierte de la noche a la mañana en un estado policial si nuestra forma de actuar o pensar se sale del guion establecido. Y eso ocurre en la película.

Porque desde el mismo instante en que nacemos, nuestras vidas ya están controladas, dirigidas hacia un punto exacto. Desde nuestro barrio… ciudad… país… continente… nuestra forma de pensar, nuestras creencias religiosas… nuestra manera de ver la vida y la sociedad… ya está todo elaborado, empaquetado y entregado podríamos decir. Sin apenas espacio a que nuestra mente pueda cuestionarse nada.

El final de la película, con un claro enfoque religioso, nos muestra que si el ser humano quiere, puede realmente ser dueño de sí mismo. Pero como en la cinta de Peter Weir el ser humano tiene que enfrentarse al Creador, a todo, si realmente quiere ser libre. Y solo entonces tendremos delante de nosotros un futuro sin controlar, imprevisible. Esa puerta oscura en el inmenso fondo azul que vemos en la película.

¿Todos somos Truman? Preguntaría.  

Por cierto, solo quería recordaros que mañana martes habrá un nuevo capítulo de "La historia de la ciudad sin árboles" aquí en mi blog. Gracias.


sábado, 20 de mayo de 2017

SÁBADO POR LA MAÑANA

Hoy me he despertado a las siete de la mañana. Los sábados no tengo activado el despertador, y el móvil yace mudo en mi mesilla junto a la novela de Bram Stoker: Drácula.
Sí, he vuelto a empezar a leer este libro. Ya lo leí hace unos años y me apetecía volver hacerlo. Quizá porque quiero que se me borre aquella sensación que tuve al terminar de leerlo de que tenía entre mis manos la novela romántica más curiosa que había leído. En fin.
Aún con la ventana del dormitorio cerrada, la cual da a la parte de atrás de la casa, van llegando hasta mi el canto de algunos pajarillos. En cuanto entre un poco más la primavera quiero coger el equipo de audio que utilizo en los rodajes y salir al jardín a grabar el concierto que cada mañana jilgueros…gorriones…y demás pajarillos me brindan de manera improvisada.


Hecho una "bolita" en los pies de la cama está el pequeño Ulises, mi perrito. No tardará mucho en percatarse que estoy despierto y entonces saltará de la cama en busca de su pelota para invitarme a jugar con él.

Y a mi lado, bueno mejor dicho, en su lado de la cama está Laura. Por un instante he pensado en despertarla, pero me gusta verla dormir. Ahora tiene el pelo…caoba creo que se llama así. Está cada dos por tres cambiándoselo. Y está preciosa. Tiene un mechón de pelo que le cae por el rostro. Con cuidado se lo retiro. No se despierta. La despertaré cuando el café esté listo.
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Anoche estrenó un nuevo conjunto para dormir: pantalón corto color…beige (más o menos) y camiseta de tirantes haciendo juego. Hicimos el amor. Me gusta sentir su pequeño cuerpo entre mis manos (ella es algo más pequeña que yo). Sentir la pasión de sus besos…de sus caricias…gozar de la juventud de su mirada.

Mientras se hace el café he puesto la comida al pequeño Ulises, que ya zascandilea por el jardín. He abierto la puerta de la cocina, que da al jardín delantero de la casa, al igual que la puerta del salón. Solemos utilizar más la entrada de la cocina. Es una cocina grande, en la que incluso tenemos una televisión. De siempre me han gustado esas cocinas grandes que aparen en las sit-com o comedías de situación, en donde las familias protagonistas hacían prácticamente la vida.

El jardín tiene seis árboles, y al menos en dos de ellos, estos días he descubierto varios nidos de jilgueros.
He dejado la puerta de la cocina abierta, y hasta el interior llega el agradable sonido del canto de los pajarillos. Justo cuando salía el café, Laura ha entrado en la cocina. Se ha cambiado de ropa. Lleva una simple camiseta blanca de manga corta y un pantalón largo color negro. Me da un beso, nos besamos sería más preciso decir. Me comenta que tiene ganas de que se estabilice el tiempo para poder desayunar por las mañanas en el jardín. Es verdad que todavía hace algo de fresco por las mañanas, y hoy en particular corre una ligera brisa que agudiza un poco más la sensación no de frío, pero sí de un fresco algo molesto.

Tomamos café en la mesa situada en el centro de la cocina. Ulises corre por la casa en plan de juego detrás de uno de los gatos que tenemos. Reímos al verles jugar, pero en nuestra mente ronda todavía la conversación de la noche anterior.

La conversación derivo…o salió a raíz de la serie Friends. Ambos nos hemos “reenganchado” a la mítica serie. Y Rachel Green ha entrado en nuestras mentes de forma que ni nos hemos dado cuenta. Quiero decir que hemos visto en la serie como el personaje de Rachel se ha quedado embarazada y posteriormente ha dado a luz a una preciosa niña. Luego, hemos visto igualmente como Mónica y Chandler se han casado y pretenden adoptar un niño, o niña.

¿Cómo sería traer a este mundo a un niño? Me preguntó Laura antes de irnos a la cama y mientras veíamos la serie.

Hasta ese momento no habíamos hablado de ese tema. Es verdad que la presión “subliminal” que ejercen nuestros padres por querer ser abuelos está ahí cada día. Y reconozco que me encantaría hacer abuelos a mis padres. Se lo merecen. Mis padres son algo más mayores que los padres de Laura, y no me gustaría que se perdieran la experiencia de “mal criar” como todo buen abuelo, a su nieto/a.
Algunas de nuestras parejas de amigos ya tienen hijos o en su defecto lo andan buscando. Y desde hace un tiempo siento que no me molestan cuando vienen a casa invadiendo todo con los carritos…los llantos de los bebes… Y he visto a Laura algunas veces con uno de ellos en brazos y…le sienta bien.

Pero… ¿precisamente ahora? Quiero decir que la situación no es estable al cien por cien en lo que al trabajo se refiere. Por otro lado la casa requiere de algunas reformas y luego…no sé, no termino de estar completamente a gusto en la casa. No me gusta el sitio donde está ubicada…no me gusta el pueblo…
Creo que el ser humano necesita una especie de “vinculo” por decirlo de alguna manera con el lugar, con la casa, donde vive, ya sea emocional…práctico…pero no es mi caso.

Quizá… ¿sería el traer al mundo una criatura con Laura el “vinculo” que busco? ¿Qué necesito?

Terminamos de tomar café, con el “run run” en nuestras cabezas de el de formar una familia. Porque al final sería eso: formar una familia. Pero no decimos nada.

Tenemos planeado para este sábado coger el coche (su coche porque el mío está estropeado desde el miércoles) y hacer unos cuantos kilómetros. Buscar lugares que nos gusten y fotografiarlos, comer en algún pueblo por el que pasemos…En fin…algo así, porque el domingo tenemos fiesta en casa. Reunión sería la palabra correcta. Soy un apasionado del fútbol inglés, creo que soy británico de corazón porque adoro Inglaterra en líneas generales, y la premier inglesa acaba este domingo. Un par de parejas de amigos vienen a comer y ya de paso veremos (nosotros si, ellas seguro que salen al jardín a tomar café y charlar) el último partido de la temporada del United. No es que haya hecho una buena temporada, todo lo contrario, pero soy un Red Devil.

                                    

                                              ¿Continuará?



martes, 16 de mayo de 2017

CAPITULO 28 CONFESIONES

Buenas tardes.

Gracias por visitar...leer...comentar...

Esta semana un nuevo capítulo de "La historia de la ciudad sin árboles"




El ambiente en el interior de la cafetería resultaba bastante agradable. Sin duda alguna lo que buscaban para protegerse del intenso frío de aquella tarde. Aunque estaba muy concurrido el local, tuvieron suerte y encontraron una mesa libre, junto a uno de los ventanales. El olor del café, el chocolate, la bollería recién hecha, inundaba todo el establecimiento.

Durante unos instantes, mientras se quitaba el abrigo y lo dejaba sobre el respaldo de la silla, Marta dejó que toda aquella mezcla de aromas y olores le inundasen por completo. Incluso cuando se sentó, cerró los ojos y disfrutó de aquel momento hasta que lentamente fue abriendo de nuevo los ojos. A la vez, que todos aquellos agradables olores se hacían ya a ellos dos, y la agradable sensación al entrar fuese acoplándose paulatinamente, haciéndose parte de ellos.
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-La noche de la muerte de Mario ocurrió algo en el apartamento- murmuró mirando a su padre cuando la joven camarera tomó nota de lo que iban a tomar padre e hija y se dirigió hacia el reservado para camareros.

-¿A qué te refieres?- R no quería que su hija se atormentase demasiado con aquel incidente, pero por otro lado, reconoció para sí mismo, era bueno que la chica “soltase” todo lo que pudiese llevar en su interior.

Y después de que la camarera regresase con los dos cafés y la ración de churros (ninguno de los dos era capaz de comerse una ración cada uno) Marta le contó en voz baja, casi en un hilo de voz, todo lo sucedido en el cuarto de baño. Lo de aquella “cosa” que parecía no querer dejarla salir y como le iba atrapando lentamente para luego, sin más, desaparecer. Después, al terminar el relato, volvió a bajar la mirada hacia la mesa y sin apenas ganas dio un pequeño sorbo de café. Los churros descansaban en un plato en el centro de la mesa, solo R había cogido ya dos mientras escuchaba el relato de su hija, pero esta no parecía querer comer nada.

R dejó que pasasen algunos segundos en silencio después de que su hija hubiese terminado de hablar. Pensó un poco en todo lo que le acababa de contar. Últimamente tenía la extraña sensación de que estaban ocurriendo cosas demasiado “raras” para una ciudad como aquella. Aunque pensándolo bien, la ciudad en sí no era muy normal, por tanto…

-Deja que pase un tiempo ¿vale?- Fue lo único que se le ocurrió, a la vez que un estruendoso ruido proveniente de la cocina de la cafetería llamaba la atención de casi todos los clientes. Al parecer un par de platos habían decidido saltar al vacío desde las manos de la cocinera. El resultado: un montón de pedazos de cristal color verde oscuro por todo el suelo de la cocina. El ruido cesó y los clientes de nuevo volvieron a lo suyo.

-Come un par de churros hija- R intentó animarla en voz baja.- Están calentitos, y muy buenos.

Marta lo miró y sonrió en silencio. Con gesto pesado cogió uno que poco a poco se fue comiendo.




sábado, 13 de mayo de 2017

SUCESOS EXTRAÑOS

Hace un tiempo, publiqué en el blog un relato de un pequeño sucesoparanormal” que tuve en casa y que viví en primera persona.

Han pasado unos meses de aquello y a lo largo de este tiempo han ocurrido dos nuevos sucesos que voy a contar hoy.

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La verdad es que no voy a entrar en la estúpida discusión (cómo alguien ya intentó una vez hacerme entrar tras la primera publicación en mi blog) sobre si los “fantasmas” o los “entes” o cómo se quiera llamar a ese fenómeno, existen o no existen. Yo simplemente voy a relatar lo sucedido en mi casa.

Habían pasado un par de meses, quizá tres de aquel extraño suceso acontecido en mi casa. Soy una persona que de siempre le ha gustado tener pájaros en casa y tras lo sucedido un par de ellos murieron de la noche a la mañana. Hoy, en el momento que escribo esto, ya no tengo ningún pájaro. Todos (los cinco que tenía) han muerto sin saber muy bien el motivo. Solo sé que de vez en cuando se volvían locos en sus jaulas dándose golpetazos contra los laterales hasta que al final aparecían muertos.

Continuo.

Un par de meses después de lo sucedido, de nuevo una noche mientras dormía, algo me despertó. No fue un ruido ni una tormenta ni nada por el estilo. Abrí los ojos y miré un instante hacia la ventana del dormitorio: noche tranquila…oscura…
Cerré los ojos y fue cuando noté algo detrás de mí. No me atreví a abrir los ojos de nuevo. Fue como si aquella sensación de que detrás de mí, apoyándose en la cama e inclinándose hacia mí, me paralizase el cuerpo. Sentí como “algo” se inclinaba hacia mí y sin oír completamente nada note un rostro acercarse a mi oído y gritarme de la manera más brutal y cruel. Sentí un grito en mi oído tan violento que cerré aún más los ojos, incluso empleando fuerza en mi gesto. En medio de aquella silenciosa noche sentí aquel salvaje grito en mi oído, con la sensación de tener un rostro pegado a mi cara. Después…todo cesó.

Dos meses después, un sábado por la mañana, mientras estudiaba un poco en la mesa del salón ocurrió un nuevo fenómeno.
Para entonces y tras el último “suceso” cambie el dormitorio de sitio. Donde antes tenía el despacho coloqué el dormitorio, y donde estaba el dormitorio puse el despacho. En la actualidad sigue de esta última manera.

Bien. Mi salón tiene un pasillo que da a lo que ahora es el despacho…un pequeño pasillo…el cuarto de baño y la cocina. Y justo en la otra pared tiene una puerta que da al dormitorio principal.
La puerta del dormitorio principal (antes despacho, recordad que lo cambié) tiene un pequeño defecto cuando fue puesta y se cierra sola por lo que tengo una silla apoyada en la puerta para que siempre esté abierta. La mesa del salón está situada a un par de metros de la puerta del dormitorio (siempre con la puerta abierta y la silla evitando que se cierre).

Estaba como digo, estudiando un poco de inglés. Me levanté de la mesa para ir a la cocina a por un refresco, y cuando volví me encontré la puerta del dormitorio cerrada completamente. Me extraño muchisillo. La abrí y encontré la silla que tengo para evitar que se cierre, en el otro extremo del dormitorio, apoyada contra la pared.
En fin. Reconozco que habrá personas que crean y otras que no.


No escribo esto para convencer a nadie de la existencia de “algo”. Solo lo escribo porque quiero contar lo que hasta el momento me ha ocurrido en mi casa, sin querer entrar en discusiones de ningún tipo.

martes, 9 de mayo de 2017

CAPÍTULO 27 PARTE III UNA PESADILLA


Una semana más y un nuevo capítulo.
Mil gracias a tod@s que día a día visitan el blog.



Julio resopló y se recostó en el sofá unos segundos. Con los ojos cerrados, sin pensar en nada en concreto. Después se cercioró de que la entrada principal estuviese cerrada y la alarma conectada, y tras apagar la luz del salón cruzó el pasillo hasta entrar en la habitación de su niña. La pequeña Ruth dormía en su cama, envuelta en el edredón de plumas y abrazada a su osito Teddy. Se sentó a su lado, con cuidado de no despertarla y le besó en la frente deseándola felices sueños. Segundos después salió del dormitorio, juntando la puerta. Nunca cerrándola del todo.

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Justo enfrente estaba el dormitorio del matrimonio. Ya había pasado el tiempo que le había dicho su mujer. Aun así estaba completamente seguro de que todavía tendría que esperar algunos minutos más. No le importaba. Conocía perfectamente a su esposa. Le daría tiempo a desnudarse, meterse en la cama e incluso cenar algo rápido en caso de tener apetito, antes de que saliese ella del pequeño cuarto de baño que tenían en el dormitorio. Vestida con alguno de sus camisones negros de encaje que tanto le excitaban al alcalde. Entró en el dormitorio y cerró con cuidado la puerta. La luz estaba apagada. “Qué raro” pensó distraído al pulsar la llave del interruptor para encenderla. Pero entonces al girarse descubrió el motivo por el que la luz estaba apagada. Junto al gran ventanal del dormitorio estaba…ella. Como esperando su llegada, clavando su terrorífica mirada en él. Entre sus garras tenía fuertemente cogida a su esposa, que parecía verdaderamente un trapo viejo a manos de aquel monstruo.

La mujer vampiro la tenía hábilmente cogida con una sola mano del cuello. Sus alargados y finos dedos cubrían por completo el cuello de la humana, que prácticamente no se podía mover. Ni se atrevía a moverse. Aquellas garras aprisionaban tan fuertemente su cuello que el aire parecía entrar muy despacio, casi lo justo para no caer muerta sobre la moqueta del dormitorio.

-Suelta a mi mujer por favor- Julio avanzó un paso y cerró con cuidado la puerta del dormitorio. Lo primero que le llegó a la mente fue su pequeña Ruth. No quería, ni por lo más remoto, que algún ruido la despertase, y por ese motivo cerró la puerta del dormitorio, quedando los tres dentro. Pero el vampiro no dijo nada.


Lo miró fijamente a sus ojos y con una terrorífica sonrisa en sus rojizos y fríos labios abrió su boca y mostrando sus afilados colmillos desgarró medio cuello de la humana. La sangre brotó sin control, salpicando las cortinas casi al instante, salpicando incluso el rostro de él. El cuerpo de su esposa se desplomó sin vida contra el enmoquetado suelo…

El alcalde despertó sobresaltado, con la respiración entrecortada y su rostro empapado en sudor frio. Fue un movimiento tan brusco que incluso su esposa despertó sobresaltada también. Intentando recobrar el aliento miró hacia la ventana. El visillo estaba corrido y el sonido de la lluvia fue lentamente acoplándose en el silencio del dormitorio. Al otro lado de la ventana cerrada todo estaba oscuro.

-¿Te encuentras bien?- Se interesó mirando preocupada a su marido tras encender la luz de la lamparilla de su mesilla.- Te traeré un vaso de agua.- Sabía que las presiones de su puesto algunas noches le hacían despertar de esa manera. No era la primera vez que sucedía algo parecido.

-No te preocupes- respondió mirándola a los ojos e intentado transmitirla tranquilidad.- ya voy yo.


Bajo la preocupada mirada de su mujer, y arrastrando torpemente su cuerpo se levantó y salió del dormitorio. Abrió con cuidado la puerta de la habitación de la pequeña Ruth, y la observó durante unos segundos sin llegar a entrar. La niña dormía plácidamente en su cama. Y entonces pensó en la pesadilla que le había hecho despertar sobresaltado. ¿Y si en lugar de ser su mujer la asesinada era la pequeña? Eso no podría soportarlo. Sacudió de manera sutil la cabeza, cabreado incluso consigo mismo, por aquel absurdo pensamiento.   


sábado, 6 de mayo de 2017

El verdadero sentimiento navideño

Esta semana he vuelto a ver la que creo que es la mejor película sobre la navidad que se ha podido hacer.

S.O.S. ya es navidad (National Lampoon's Christmas Vacation) de 1989 y bajo las órdenes del director Jeremiah S. Chechik.

Resultado de imagen de sos ya es navidad

De nuevo podemos disfrutar de esta peculiar familia: los Griswold.


En ella podemos ver a una jovencísima Juliette Lewis al igual que al pequeño: Johnny Galecki (The Big Bang Theory) y como no echar unas risas con el cómico Chevy Chase.

Resultado de imagen de sos ya es navidad

Pero ¿Por qué es para mí la mejor película que trata sobre la navidad? Sencillamente porque refleja el verdadero espíritu navideño, y que no es otro que el…dinero.

Seguramente algún@s dirán que lo mejor de la navidad es poder estar con la familia…ver a quienes están lejos el resto del año…etc etc.
Y quizá, aunque solo en parte, tengan razón.

Pero la verdadera “sangre” que nos hace movernos en estas fiestas, el verdadero espíritu navideño, es la posesión de dinero. Y eso en esta película queda fielmente reflejado.

Los Griswold organizan unas fiestas para toda la familia. Empiezan a acudir los abuelos…y demás familiares. Van surgiendo momentos cómicos y algún que otro pequeño accidente casero que se va solventando porque en el horizonte más próximo Clark Griswold (Chevy Chase) está esperando una paga especial con la que piensa construir una piscina.



Todo espíritu navideño y todo ese buen “rollito” de la casa se viene abajo cuando la paga extra desaparece porque el jefe de la empresa no la concede.

¿No hay dinero?

Sin dinero todo se pierde. La desesperación…los enfados… Todo eso que parecían risas y buenos sentimientos quedan a un lado.
Al final el guionista intenta solucionarlo otorgando a Clark unas frases sobre el verdadero sentimiento de la navidad, pero personalmente creo que los hechos están ahí.

Nos mueve el dinero. El ir creciendo social y económicamente frente a nuestros vecinos.


En fin. Es una de mis películas favoritas.