jueves, 31 de diciembre de 2015

LLANTO

Cómo reconciliarse con la vida, cuando la cruel injusticia disfrazada de estúpido accidente se ceba con un ser tan dulce, tan querido, como mi dominguillo. Entre llantos, impotencia, y lágrimas, intento buscar una explicación a toda esta barbarie.
Me dedica una última mirada al llegar a la clínica. Se muere. La noche se hace eterna al ir siendo consciente poco a poco que ya no volveré a sentir sus mimos, sus ladridos, sus juegos por toda la casa. Miro por la ventana y veo el lugar donde descansa ya por el resto de los tiempos. El jardín, por donde corría jugando detrás de los gatos, es ahora su sitio. Es injusto, injusto, muy injusto. Sé que mis lágrimas no conseguirán nada. Mis manos tiemblan sobre el teclado al intentar escribir unas líneas que se me antojan incoherentes, pero mi mente se niega a ver la realidad. Son momentos muy duros. Es posible que exista gente que no llegue a entender este sufrimiento, siento pena por ellos. No, rectifico. No siento pena por nadie. Dominguillo en sus escasos tres años de vida me demostró que sin pretenderlo algunos animalitos son mil veces mejores que el ser humano. Una pregunta me atormenta: ¿Por qué? ¿Por qué la vida tiene que mostrarse tan cruel en algunos momentos? ¿Qué necesidad tiene de ello? ¿Recordarnos que es ella la que manda? No quiero saber nada de la vida en estos momentos.

sábado, 28 de noviembre de 2015

EL NO MUERTO

La fecha de su muerte era todo un acontecimiento mundial. Miles…millones de fans recordaban con innumerables actos en cualquier rincón del mundo, aquel fatídico día en el que la música perdió al artista más grande de la historia.
De eso ya hacía casi veinte años. Pero sus discos continuaban vendiéndose y generando riqueza. Cada poco tiempo aparecían nuevas grabaciones, imágenes inéditas, cualquier cosa con tal de que la leyenda no cayese en el olvido y no dejase de generar beneficios.
Y toda aquella “parafernalia” que se había montado alrededor de su figura…de su recuerdo, lo molestaba sobremanera. Una ventana de tamaño medio decorada con una gruesa cortina granate descorrida dejaba al descubierto un pequeño jardín rodeado de una valla de obra de casi dos metros. ÉL, sentado en un viejo sillón tapizado en cuero negro, descansaba dando la espalda a esa ventana. Seguramente la vista del jardín se la sabía de sobra. Tenía las manos apoyadas en los brazos del sillón, y me miraba en silencio. Yo era el único que había dado con su paradero. De fondo sonaba uno de sus conciertos, en un viejo equipo situado al otro extremo del salón. Típico sonido vinilo. Reconocí el disco, de hecho lo tenía entre los míos en casa. Incluso en vinilo, nada de CD. ÉL era de la época del vinilo, del disco grande negro.
La música terminó. La aguja llegó al final del disco para luego regresar al principio antes de que el disco se detuviese del todo. ÉL se levantó con cuidado del sillón de cuero negro. El sobre peso y la dificultad al respirar marcaban la imagen de un enfermo de casi setenta años. Quizá problemas de corazón. Seguramente, deduje al verle dirigirse pesadamente sobre sus pies al otro extremo del salón. Me levanté de mi asiento y llegué a su lado justo cuando guardaba el disco. Sus dedos rechonchos y arrugados cogieron con mimo el disco y lo metieron en su carpeta, correctamente protegida por una funda exterior de plástico.
-Aquel día tenía un humor de mil diablos- susurró observando unos segundos la carpeta del disco, como trasladándose con el recuerdo a ese 15 de febrero de 1975. – Pero el público no tenía la culpa – prosiguió- El público no tenía ninguna culpa.
-Es probablemente mi directo favorito- acerté a decir.
ÉL me miró un instante y sonrió ligeramente. Me pidió que guardase el disco. Tenía un enorme mueble junto al equipo de música donde guardaba todos sus vinilos. Ningún CD.
-Llevo muerto casi veinte años hijo- De nuevo su voz casi en murmullo, costándole un verdadero triunfo cada bocanada de aire que tomaba de aquel pequeño salón.-Fue una decisión muy dura, pero que probablemente me salvó la vida. Curioso ¿no? Morir me salvó la vida.
No sabía que responder. Yo era un niño de apenas seis años cuando sucedió todo a lo que ÉL hacía referencia. Regresamos junto a los sillones. Antes de sentarse, se giró y clavo sus ojos en los míos.
-No me queda mucho tiempo.- Apoyó su mano derecha sobre mi hombro. Sentí el peso de una leyenda sobre mis hombros. Quizá no lo soportase.- Tú descubriste el gran secreto. Aquel secreto que ni la CIA creyó que se fuese a descubrir nunca.
Un ataque de tos le obligo a sentarse. Lo ayude cómo pude, aunque lo cierto era que se trataba de un hombre bastante grande y grueso. Lo había visto infinidad de veces en Dvd`s pero nunca me habría imaginado que fuese tan grande, y mucho menos ahora a pesar de sus setenta años.
-Tú escribirás mi vida- sentenció en voz baja cuando la tos cedió- Pero no la vida que todo el mundo conoce. Escribirás la historia de mi muerte. Mi otra vida.

Cerró lentamente los ojos. Necesitaba unos minutos de descanso. Respeté aquellos minutos. No me atrevía a moverme de donde estaba sentado. Miré a mí alrededor. Estaba en un salón normal y corriente, quizá la decoración estaba un poco desfasada, pero nada importante. Fácilmente hubiese podido pasar por el salón de la casa de mis padres o de la mía. Solo por un detalle que hizo que dibujase una ligera sonrisa en mi rostro. Una sonrisa de emoción, de nervios. En un rincón del salón, del cual no me había percatado hasta ese momento, se hallaba colgado de la pared protegido en una especie de vidriera, uno de sus trajes más famosos. El traje que había utilizado en el concierto retransmitido al mundo entero. Allí estaba, impecable, majestuoso. Algunas imágenes de aquel concierto, que tantas veces había visto en Dvd, se colaron en mi mente. Y enseguida comprendí que ÉL nunca moriría, que sería eterno como la misma muerte.      

jueves, 26 de noviembre de 2015

LA MONJA

Si, era una monja. Una mujer vestida con un hábito de color negro y blanco. Caminar lento, voz delicada y susurrante, gestos muy calculados y movimientos muy tranquilos. Entregada al señor, entregada al silencio, la soledad, la pobreza…
Pero era una mujer ante todo. De apenas treinta años, nacionalidad argentina, al juzgar por el acento de su voz. Rostro casi angelical, piel fina, ojos negros y brillantes, y una sonrisa sencillamente cautivadora.
Imagen: Sonia Gallardo Carmona
http://tattoos-soniagcar.blogspot.com.es/
El “señor” y sus parafernalias quedaron a un lado, en el suelo. Las ganas de ser mujer se impusieron aquella tarde. Su precioso cuerpo desnudo sobre la cama. Sin hacer ruido. Nuestros jadeos ahogados entre el sudor y las sábanas, para nada santas. Labios nuevos, besos ansiosos, pechos dulces y suaves apenas acariciados, virginidad diluyéndose entre las cuatros paredes de una habitación minúscula. Una pequeña ventana abierta de par en par a la penetración. Piel empapada en sudor, ansias, deseo, risas medio apagadas, besos desparramados aquí y allá. Su religión en el suelo, oyendo los gemidos de un cuerpo nuevo que miraba a la ventana, colocada en la cama como una perra en celo.

Silencio. Me voy. Se cierra la puerta de aquel recinto. Dejo aquellos ojos y aquel cuerpo sumergidos de nuevo en el hábito negro y blanco. Una visita por un motivo olvidado y un encuentro fugaz, inesperado e inolvidable. 



Puedes adquirir este relato y muchos más en: "Relatos y microrrelatos"


miércoles, 25 de noviembre de 2015

Proyecto actual

Últimamente tengo el blog algo olvidado respecto a relatos. Lo cierto es que he estado bastante ocupado terminando un curso de Post Producción para cine, y comenzando otro más avanzado también en Post producción y Edición.
Igualmente ando algo liado con un pequeño proyecto: el booktrailer de: LA HISTORIA DE LA CIUDAD SIN ÁRBOLES.
Aquí un par de fotografías pertenecientes a dos planos. Todavía queda mucho trabajo.


domingo, 8 de noviembre de 2015

CONTRATO DE PERMANENCIA

Me dolía la cabeza. Era un molesto dolor que no cesaba desde hacía ya una hora larga. Como un martillo golpeando sin cesar la parte trasera del cráneo: pun pun pun.

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No es la primera vez que este tipo de dolor irrumpe de manera insolente. La última vez, de eso hacía ocho días, curiosamente se pasó con una simple aspirina. Pero por desgracia para mí era la última que quedaba en mi piso y se me olvido comprar más. No tenía muchas ganas de bajar a la farmacia. Me acerqué al ventanal del salón y ojeé con los ojos entrecerrados (por el intenso dolor de cabeza) la imagen que a esa hora de la tarde me ofrecía la ciudad. De nuevo calor. Un agobiante e intenso calor que aplastaba al país desde hacía casi un mes. Ola de calor, decían en los informativos. ¿Pero qué valor tenían ya las olas de calor? Afectaba sin duda a los campos, a los animales, pero ya no a las personas. Al menos no…
Llamaron a la puerta. Era Silvia.

-Menuda cara cariño. ¿Dolor de cabeza otra vez? – Me dio un beso en los labios y fue directa al salón. Cerré la puerta con cuidado y cuando llegué a su lado ya se había quitado el abrigo, y dejaba la bufanda y el gorro sobre la mesa. –Me encanta el invierno. Quizá actualice.

No dije nada sobre esa idea. Recogí sus cosas y las llevé al dormitorio. Cenaríamos juntos y pasaríamos un agradable y tranquilo fin de semana en casa. Nos sentamos en el sofá. De nuevo el anuncio en prácticamente todas las cadenas.

-¿Te arrepientes cariño?- Me preguntó al ver que hacia un gesto de contradicción. Negué con la cabeza. Yo también lo tenía contratado. De hecho fuimos a la oficina juntos y conseguimos un precio especial por ser pareja y vivir juntos (de hecho no vivimos juntos, pero aquello fue solo una pequeña mentirijilla). Pero…empezaba a tener mis dudas. Claro que te lo vendían como algo único y especial. Porque realmente lo era. Pero como digo, empezaba a tener mis dudas. No solo era el dolor de cabeza, que avisaron que podría suceder aunque no era peligroso ni grave, sino que también había pequeños detalles mucho más alarmantes, y que afectaban directamente al trato con el resto de los humanos a diario. Afortunadamente trabajo en casa (soy escritor) y mi trato con más seres humanos es cuando Silvia y yo salimos o vienen amigos y amigas a casa a comer o cenar.
Silvia me cogió de la mano y cruzó su pierna izquierda por encima de las mías. Sentí sus labios rozar los míos. Y en la televisión de nuevo el anuncio. Era como si lo hubiesen emitido dos veces seguidas. “Que el clima no interceda en tu vida normal” proclamaba un feliz agente de la compañía de telefonía en medio de un desierto y vestido con un abrigo. “Personaliza el clima a tu gusto. Vive un eterno verano, o un invierno de once meses. Con nuestro nuevo producto ahora puedes conseguirlo”.

Y aquello que ofrecían no era nada más que un microchip diminuto con acceso a internet que la compañía de telefonía te insertaba en la sangre, como una simple vacuna. Un pinchazo en el hombro y el microchip recorría las venas mezclándose en la sangre hasta llegar al cerebro. Una vez había llegado, el microchip reconocía la zona y se “pegaba” literalmente al lóbulo occipital y desde allí se conectaba a internet y accedía al resto del cerebro afectando a la sensibilidad humana. Eso hacía que la persona, mediante banda ancha, tuviese frio…calor…o la sensación que quisiera elegir desde una app (cortesía de la empresa) en el móvil.

Y resultaba más que curioso ver en la calle como la gente que lo tenía contratado, elegía su propio clima antes de salir y se vestían para la ocasión. Gente abrigada como en pleno invierno, gente con pantalón corto y sin camiseta se cruzaban en la misma calle independientemente del tiempo real. La sensación de estar en invierno o verano, o primavera la programaban en la app del móvil.

-Deberíamos anular el contrato- murmuré sintiendo los labios de Silvia por mi cuello.- Creo que no es bueno.

-Sabes que no podemos. Existe el contrato de permanencia, dieciocho meses. Y solo llevamos cuatro.- Me miró a los ojos. Estaba sentada sobre mí. -¿Quieres que paseemos un rato? Te ayudará con el dolor de cabeza.

Estaba preciosa con aquel abrigo oscuro, los guantes la bufanda y el gorro. Adoraba los inviernos, por eso quería actualizar el contrato, para tener todavía los inviernos más duros y largos. Por mi parte, también me gustaban los inviernos pero también me gustaba pasear cuando llovía. Llevaba mi gabardina abrochada al máximo y el paraguas cubriéndonos a los dos. A ella no le hacía falta, pero iba agarrada a mi brazo y pegada a mí.
Paseábamos calle abajo, tranquilamente. Gente vestida de verano, de invierno, de primavera, se cruzaban ante nosotros haciendo sus habituales vidas bajo el clima que elegían para ese momento. Pocos metros delante de nosotros, un bullicio de gente empezó a concentrarse junto a un bloque de viviendas. Continuamos paseando, pero enseguida nos vimos casi en medio de aquel revuelo.

-¿Qué ocurre? – Pregunté a un hombre que parecía salir del bullicio. Decenas de personas formaban un círculo frente a la fachada del bloque.

-Un chaval. Un chaval se ha tirado desde el octavo.- Contestó mientras se alejaba.

Y entonces pudimos oírlo. Las voces empezaban a llegarnos con abrumadora claridad. “Es la app” decían unos. “El tiempo personalizable” decían otros muy asustados. “Están volviendo locos a la gente” “Nos derrite el cerebro” gritaban. “Es un asesinato en masa” vociferó un hombre que salió del grupo y nos miró un instante con los ojos fuera de sí, antes de salir corriendo con las manos en la cabeza y gritando “está ocurriendo, está ocurriendo, ya ha empezado”

Silvia y yo nos miramos con gesto de preocupación y desconcierto. La gente tiende a exagerar, a culpar siempre a alguien o algo de sus propios males. ¿Pero llevarían razón? Cierto era que siempre habían existido sospechas sobre ese producto. Centenares de webs y vídeos que alertaban sobre los peligros de ese producto. Pero también era cierto que nunca había sucedido nada. ¿O sí? Volvimos a casa. El dolor de cabeza no cesaba. ¿Serían los dolores de cabeza los primeros síntomas? ¿Terminaría haciendo una locura, como por ejemplo tirarme desde la terraza, por culpa del microchip? Solo nos quedaba esperar. No podíamos anular el contrato de permanencia.

jueves, 5 de noviembre de 2015

DANGEROUS LOVE

          Ya está a la venta DANGEROUS LOVE. La versión en largometraje de un guion para corto     (LUISA) que escribí en el 2003 y que en 2012 (creo que fue en 2012) pude grabar y estrenar en cine. 

DANGEROUS LOVE


Ahora, DANGEROUS LOVE lucha por abrirse paso en la todopoderosa industria cinematográfica norteamericana. Mientras eso sucede, he decidido publicar en ebook la primera versión del guion para largometraje. 
Una historia de matrimonios rotos... delincuentes de tres al cuarto... mafia...asesinatos...

http://www.amazon.es/gp/product/B017KVE7UA?*Version*=1&*entries*=0

Aquí os dejo el enlace. Por solo 2,99€. Si os gusta leer cine os animo a conocer esta historia que no decepcionará en ningún momento.

viernes, 30 de octubre de 2015

Noche de estreno.

Anoche, jueves 29 de octubre, por fin se estreno "Cuenta atrás" de mi colega Jesús Rizaldos. Me hubiera gustado participar de manera más activa en el rodaje, pero mi aportación solo ha sido finalmente de un pequeño papel y tres o cuatro jornadas encargándome del sonido. Una de esas jornadas con terribles dolores de espalda (una lesión de hace años que cuando menos lo espero reaparece para fastidiarme dos o tres días)



Pero al final todo se hace por un par de horas en el cine. Por disfrutar del trabajo realizado con los colegas, reencontrarse con personas que unos u otros motivos se dejan de ver, charlar, tomar algo, echar unas risas, hablar de posibles proyectos futuros.

En fin, un estreno más, un trabajo más. Y un poquito más de experiencia que podremos aportar al siguiente trabajo.

sábado, 17 de octubre de 2015

EL SUEÑO


Soñé con enormes bolas de fuego. Que arrasaban todo a su paso. Soñé con multitud de cadáveres flotando en el agua, junto a restos de aviones caídos que lentamente eran tragados por el mar.
Soñé que era muchas personas, y que todas morían consumidas por las llamas. Luces en la oscuridad de la noche, sobre volando en el cielo, sin saber qué eran al principio, para luego descubrir que eran las bolas de fuego que nos consumían a todos.

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No tenía miedo, las ansias de buscar un sitio donde protegerse impedían tener el tiempo suficiente de pasar miedo. Fuego. Todo arrasado por gigantescas llamas que caían del cielo, que arrasaban todo a su paso.
Almacenes…cines…centros comerciales…No había nadie, solo yo. Y al final las bolas de fuego lo alcanzaban todo. Muchas vidas en un solo cuerpo, como sintiendo todas esas muertes. Al final mi propia muerte. Consumido por una gigantesca bola de fuego. Sintiendo como mi cuerpo se desvanece en la nada.

Todo acaba. Todo termina.

domingo, 4 de octubre de 2015

EL ULTIMO INSTANTE

Los más horrendos y oscuros horrores del mismo infierno se ciernen sobre mí. Dudo que sobreviva a esta infinita noche en la que tu ausencia me condena. Los árboles del bosque que rodean mi triste vivienda parecen convertirse en gigantes deformados de la cabeza a los pies. 

Imagen de Sonia Gallardo Carmona
http://tattoos-soniagcar.blogspot.com.es/
Sus ramas, extensos brazos que golpean los cristales de mi ventana. Hasta el segundo piso llegan, no tienen límites. Las paredes de los pasillos parecen estrecharse a mi paso, lo percibo. El suelo cede, como mi cordura. Me muevo desmañado, nulo, ante la oscuridad que me rodea. En mi mano, un viejo reloj que al abrir adivino una diminuta fotografía tuya. Si, adivino. Porque mis ojos ciegos, que antes solo eran para ti, ahora parecen ser solo para el terror, para la locura que acecha, para la muerte que me aguarda. Solo espero que sea una muerte tranquila, inesperada, un fugaz instante y el silencio eterno. 


viernes, 2 de octubre de 2015

Cuando los niños eran niños.

Una nueva discusión. En esta ocasión como en otras tantas últimamente, no había un claro motivo que hubiese precipitado tal discusión. Las cosas no funcionaban desde hacía varias semanas. Aunque lo hablaban, y buscaban soluciones, el día a día, la torpe realidad que en esos momentos les rodeaba a ambos, iba lentamente minando la relación. A ella en el trabajo “la puteaban” como decía cuándo por las noches se dejaba caer en la cama.  Entre el cansancio y las ganas de dormir le contaba que ya no tenía horario fijo, que igual las hacían ir por las mañanas que por las tardes. Incluso los fines de semana ya no le pertenecían, parecían de la propiedad de la empresa. “Renuncia al trabajo. Ya encontrarás algo mejor” Él intentaba animarla. Pero ella se encolerizaba más. “¿Cómo leches voy a dejar el puto trabajo? ¿Crees que hoy día se puede elegir? Yo no soy cómo tú ¿lo sabes? Yo necesito salir para poder trabajar, no se trabajar en casa maldita sea”.

https://pixabay.com/


Y así era como empezaban las disputas. Los malos momentos entre ellos. Salió del piso y comenzó a caminar sin rumbo fijo. Los días empezaban a ser más largos, y había ya tardes que apetecía un tranquilo y agradable paseo por el parque. Pero no sólo, sino disfrutando de su compañía. Sintiendo su cuerpo al lado del suyo. Notando cómo le cogía de la mano y acercaba su cabeza a su hombro. Hablando en voz baja, contándose el día a día, dejando escapar de vez en cuando algún beso de manera furtiva. Pero aquello había pasado ya. O ya no ocurría tan habitualmente como antes.

En medio de esos pensamientos se sentó en un banco. Miró distraído a su alrededor. Al otro lado de la enorme cantidad de árboles que rodeaba el parque estaba ella. En el piso, seguramente tomándose un té de hierbas. Tres gritos y cada uno por su lado. Volvería algo más tarde. Solo necesitaba despejar un poco la mente. Dejarla sola unos minutos.

Tres muchachillos pasaron por delante de él. Apenas de once o doce años. Los tres llevaban móvil. Manipulaban sus pantallas táctiles y hablaban entre ellos riendo y mirándose cómplices cuando nombraban a una chica, a una tal Andrea. ¿Así era él cuando tenía su misma edad? Se preguntó repentinamente y en silencio al descubrir la conversación de los chicos. Por un instante no le parecieron niños. Le parecieron adultos en pequeño. Adultos guardados al vacío en un diminuto cuerpo. Con la edad que tenían esos chavales deberían de estar jugando, y no hablando de chicas.

Los chicos se sentaron en un banco que había a poco más de tres metros de él. Continuaban hablando entre ellos y mirando los móviles. Parecía como si estuviesen hablando por chat con la tal Andrea. “mira lo que acaba de decir tío” decía uno de ellos todo revolucionado e inquieto o excitado. “joder colega” repetía. Y riendo y hablando entre ellos en voz alta se arremolinaban frente a uno de los móviles y reían de manera que parecían casi escandalizados. “Dila que…” decía otro de los chicos.
Él jugaba a las chapas cuando tenía la edad de esos chavales. Y casi todas las tardes se reunían detrás de la Iglesia del pueblo, a eso de las cinco y media, después del colegio y jugaban al futbol. ¿Por qué cambiaron la era por la parte de atrás de la iglesia para jugar al futbol? Desde luego en la era los partidos eran bastante más intensos y no tenían que detener el juego cada dos por tres porque pasase alguien por la calle, como ocurría en la parte de atrás de la iglesia. ¿Estos chicos no jugaban al futbol? ¿No jugaban a las chapas? No, a las chapas desde luego no. Era algo que había quedado tan obsoleto como la misma niñez.  

Y sin poder evitarlo seguía escuchando a los chavales. No les miraba, no hacía falta. Su mirada de vez en cuando se clavaba en la tierra, alrededor de sus pies, y otras se perdía por las copas de los árboles que rodeaban el parque. Pero no podía evitar escuchar las conversaciones de los chavales. “Que si el profesor de ciencias era un nazi, que si Andrea estaba buenísima, que si Luisa era una guarra, que si Pedro el capullo tenía ya el último modelo de móvil que había salido a la venta.” En algunos momentos decían palabras que incluso a él le hacían dudar de que si los que estaban hablando eran niños o adultos. ¿Un niño es capaz de decir esas palabras? Se preguntaba. “joder, si ocupa más la palabra que el puto niño”.   Poco después los chavales se levantaron del banco y despreocupadamente se alejaron.

Se recostó en el banco. Recordando su ya lejana niñez. Le gustaba recordar aquella niñez con un agradable toque de ingenuidad. Los partidos de futbol, las carreras de chapas, las batallas a pedradas contra los chicos de otros barrios. Y porque no, las primeras sonrisas a escondidas y las primeras miradas a María, a Remedios. Pero no recordaba ser como los chavales que acababa de ver. Cierto que eran otros tiempos, y las mentalidades cambian, incluso más deprisa de lo que se cree la gente. Pero le gustaba recordar su niñez, cuando los niños eran niños y no adultos en pequeño. Donde un cachete de los padres, o un castigo del profesor era algo a tener muy en cuenta, a respetar. Cerró un instante los ojos. Pensó en ella. Con las manos en los bolsillos del pantalón regresó al piso. Estaba sentada en el sofá. La taza de té vacía sobre la mesa de centro, y la televisión encendida a un volumen más bien bajo. Sus miradas se cruzaron. Ella dibujó una ligera sonrisa casi de disculpa en su rostro y suavemente con la mano golpeó el asiento del sofá, invitándole a sentarse junto a ella.


jueves, 1 de octubre de 2015

REGALO DE DESPEDIDA

Últimamente tengo el blog un poco olvidado. He comenzado un curso de post producción para cine y el tiempo es bastante escaso. He recuperado un viejo relato que escribí hace tiempo. 




“Tengo un regalo para ti” Le confesó mientras entraban al trabajo poco antes de las ocho de la mañana. Cruzaban una ancha puerta metálica, mezclados entre más compañeros de trabajo. Se había acercado a él y le habló con voz baja. Sujetando unos instantes con su mano, el brazo izquierdo de él.
 Una nave de tamaño medio, en una zona industrializada a las afueras de la ciudad. Algunas veces coincidían en el autobús que les dejaba a unos doscientos metros del puesto de trabajo, otras, como esa mañana, en la misma puerta de la nave.
Terminada la jornada laboral, volvieron a coincidir en la puerta. Él se abrochó hasta arriba la cazadora cuando escuchó la voz de ella justo detrás, a su espalda. Ella, le rodeó y le miró a los ojos. “¿Quieres que vayamos al cine esta noche?” “Claro” respondió algo sorprendido. Habían hablado muchas veces durante los horarios de trabajo, de comida, incluso algunas veces habían coincidido en fiestas en las que los compañeros de trabajo tomaban algunas cervezas juntos festejando algo. Pero nunca había pasado de eso.  Por supuesto era una chica atractiva, rubia, de su misma estatura, cosa que le gustaba bastante, alegre… inteligente… y no tenía pareja o eso le parecía a él.
Ya era de noche cuando bajaron del autobús y accedieron al recinto comercial. Para ser mediados de semana había bastante público. Apenas pasaban algunos minutos de las siete de la tarde y los comercios evidentemente continuaban abiertos: cafeterías, pajarerías, tiendas de moda, papelería…y un largo listado de comercios ocupaban el interior del complejo. Y prácticamente en el centro, como presidiendo aquel lugar que apenas llevaba un año abierto desde que el alcalde de turno lo inauguró a bombo y platillo rodeado de sus concejales y otras “personalidades”.
Después de echar un vistazo las películas que proyectaban en las cuatro salas que tenía el cine, y de comprar las entradas, tomaron una cerveza en una de las cafeterías cercanas. Después la película. Algunos minutos pasaban de las once y media de la noche cuando salieron por una de las puertas del centro comercial. Hacía bastante frio. Estaba resultando un otoño más duro de lo normal. Por suerte no estaba lloviendo, como había estado sucediendo hasta dos días antes. Ahora solo hacia frio. El cielo estrellado y la ciudad mostrándose desnuda, sin complejos, ante ellos en esa fría noche. “Vamos paseando, ¿te parece?”  “Prefiero pasear si, si no te importa” Le gustaba más el invierno que el verano, y viendo cómo se presentaba la noche prefería caminar y sentir la noche y su temperatura.
Cruzaron la calle y empezaron a alejarse lentamente del centro comercial. A medida que avanzaban el silencio se adueñaba de las calles por las que paseaban. Las farolas parecían mostrarles el camino. Vivian muy cerca el uno del otro, apenas un par de calles les separaban. De vez en cuando se cruzaban con algún coche, incluso con algunas personas, pero casi desde que perdieron de vista el centro comercial, iban solos por la calle.
“Sé que te quedas sin trabajo la semana que viene” Dijo ella mientras cruzaban un paso de peatones. El semáforo estaba en verde, pero no pasaba ni un solo coche en esos momentos por la calle. “Si. La mili. Me tengo que incorporar a primeros de mes” Eso de perder el puesto de trabajo por una cosa tan completamente absurda seguía pareciéndole estúpido. Aunque llevaba algunos días que ya se había hecho a la idea. Por más que le doliese. “Lo siento” Ella dibujó en su rostro un gesto precisamente de…eso de “lo siento”. Y sin decir nada más se detuvo en medio de la calle y cogiéndole de la mano le obligó a que también se detuviese. Acto seguido se acercó a él y le besó en los labios.  Su sabor, la sensación del frio en los labios de aquella mujer, que rozaba los veinticinco (el diecinueve) le hicieron olvidarse por completo que era la primera vez que realmente besaba a una mujer. “Vamos a mi casa, quiero darte tu regalo” dijo ella mostrando una bonita sonrisa cuando sus labios se separaron.
Entraron en el piso de ella. Un tercero con una amplia terraza que daba a un parque en el que los niños solían jugar, los ancianos pasear y algunos vecinos sacar a sus perros a que disfrutasen durante unos minutos en las horas del día. Ahora sin embargo, el parque estaba mudo, solitario. Algunas farolas alumbraban pequeñas zonas de tierra y algún que otro árbol. Él miró un instante el parque por el cristal de la corredera del salón. Desde su casa, bueno en realidad desde el piso de sus padres pues todavía vivía con ellos, también veía una parte del parque, no tanto pero un poco. Y pensó que cómo siendo compañeros de trabajo, y viviendo tan cerca, nunca se había atrevido a decirle nada. Era bastante “cortado” eso era tan obvio que ni siquiera él lo podía negar. Pero lo mismo que ella le había propuesto ir al cine por la noche, lo mismo, lo podía haber hecho él. En medio de aquellos pensamientos, escuchó los pasos de ella. Se giró lentamente. Y allí estaba ella. A escasos centímetros de él. Vio que se había quitado la cazadora que había llevado durante toda la noche, y la melena rubia le colgaba ahora por encima de los hombros.
“¿No tendrás horario de llegada a casa verdad?
Él sabía que lo preguntaba en broma, ya que en el rostro de ella se dibujaba una sensual sonrisa a la vez que se acercó y lo besó en los labios. Y el resto fue puro sexo. Caricias, sudor, besos. Él nunca había estado con una mujer, y ella le llevaba unos años de ventaja. Desnudos llegaron al dormitorio, la oscuridad de la noche dejó paso a la imaginación de las sabanas, a la excitación y las prisas de su primera vez. Cuando regresó a su casa, y se tumbó en la cama todavía sentía el sabor de ella en sus labios. Sus dedos todavía notaban la suavidad de su piel, el tacto de sus pechos, de sus muslos, de sus caderas.

Dos meses después regresó a casa con su primer permiso de tres días. Cruzó el parque con las manos guardadas en los bolsillos de la cazadora. Sentía la cabeza fría. No entendía muy bien porqué les tenían que rapar el pelo casi al cero en el cuartel. Miró hacia la terraza del piso. La luz estaba apagada, y la persiana a medias. Rodeo el edificio, cuando vio a la chica salir del portal. Su primera intención fue acercarse a saludar. Pero se retuvo. Con la chica salió del portal otro hombre. Iban cogidos de la mano y sonreían en silencio. Él se escondió tras una columna, a pocos metros del portal. Vio en silencio cómo se alejaba la pareja. Lentamente regresó a su casa. Disfrutaría del permiso antes de volver al cuartel. La vida como militar tampoco estaba muy mal. Los domingos, para desayunar, daban chocolate con churros. Y tenía que reconocer que estaban bastante bien.    

domingo, 20 de septiembre de 2015

Capitulo 1

Mientras llega la segunda parte de "La historia de la ciudad sin árboles" aquí os dejo lo que puede ser el primer capitulo. La novela está bastante avanzada, aunque todavía queda un poco de trabajo. 


AMANTES Y FUTURA REINA


La brillante y sutil luz rojiza que aquella noche brindaba la luna, se filtraba sin resistencia alguna por el ventanal del salón del ático. La gruesa y ancha cortina de color granate que lo mantenía a oscuras durante las horas del día estaba ahora descorrida, dejando al descubierto aquel enorme ventanal de gruesos cristales. Y tras el cristal, la ciudad que pretendía dominar. Observaba en silencio, desde el que probablemente podía ser el edificio más alto de la ciudad. Nada vivía por encima de ella, y aquella sensación le gustaba, le excitaba. Necesitaba tener, saber, que todo ser vivo estaba por debajo de ella.
Portada primera parte

Su mirada se perdía, silenciosa, en la gran cantidad de edificios, siempre más bajos, que se dibujaban y parecían ocultarse entre la oscuridad de la noche frente a sus ojos. Centenares de brillantes puntitos de luz desde un rincón a otro salpicaban de manera casi incoherente y absurda aquella su ciudad. Porque efectivamente era “su” ciudad.
Consciente como era en esos momentos, que un único pensar azotaba las tristes mentes de todos los ciudadanos de aquella ciudad: el miedo, sonrió en silencio. Sintió de nuevo la moqueta bajo sus pies descalzos. Una cálida mano se posó suavemente sobre su hombro izquierdo. No le era necesario mirar. El perfume de aquella humana con la que compartía sabanas, sudor y besos desde hacía ya cuatro largos años, les rodeó a las dos mujeres como si de una plácida y ardiente nube se tratase. Sintió aquel cuerpo junto al suyo. Siempre más cálido que el de ella misma. Y los labios de la humana al besar su hombro con suavidad, con extrema, delicada y exquisita sensualidad. Sintiendo, disfrutando y aborreciendo a partes iguales el maldito calor humano.
-¿En qué piensas?- La suave voz de la humana rompió el silencio en el ático.
-El final está próximo Lucia. Lo presiento. La ciudad pronto caerá y será toda mía.- La mujer vampiro miró a la propietaria de la librería, que estaba a su lado, completamente desnuda, como ella. Dejando que la luz de la luna bañase sus excitados y hermosos cuerpos. Quizá aquella humana fuese incluso más hermosa que ella misma, pensaba algunas veces el vampiro. Pero no le molestaba. La humana terminaría envejeciendo y ella seguiría exactamente igual. De hecho, aquel cuerpo humano ya empezaba a mostrar evidentes signos del aterrador paso del tiempo, cosa que a cada día que pasaba le resultaba más asqueroso y perturbador. No tenía intención de convertirla. No la quería tanto como para dar ese paso. Disfrutaba con ella en la cama, eso sí. Y le resultaba útil en otros aspectos del día a día. Pero eso era todo. Disimulaba al hablar con Lucia. No le importaba fingir que la amaba. Cuando se cansase de la humana le desgarraría el cuello de un mordisco y la abandonaría en algún callejón, o a orillas del rio. A la policía no le importaría encontrar un nuevo cadáver. No era nada nuevo para los agentes, el descubrir un cuerpo mutilado a orillas del rio.  
Le acarició el pelo lentamente. Su rostro se contrajo en una sutil mueca de excitación cuando Lucia recorrió sus firmes pechos con sus labios ardientes de humana. Sin dejar de contemplar “su” ciudad, dejó que aquella mujer fuese descendiendo suavemente por su piel hasta llegar a su sexo y hundir sus labios en él. Recordaba, en ese preciso instante, la de hombres y mujeres que habían hecho exactamente lo mismo, pero con la diferencia de que muchas de esas personas luego fueron brutalmente asesinadas y arrojadas a un contenedor como simples bolsas de basura.   
-¿No quieres saber porque deseo convertir al bloguero ese?- preguntó sintiendo excitada los labios de la humana dentro de ella.

-Eres muy caprichosa- Lucia se retiró un instante y contestó levantando la mirada hacia la mujer vampiro. Después, sin esperar contestación alguna, volvió a hundir sus labios en el sexo de su “ama”. Ésta sonrió en silencio, sintiendo la lengua y los labios de la humana dentro de ella. Sin dejar de contemplar su ciudad. Sintiendo el placer que aquella mujer le brindaba con la lengua y los dedos. 

jueves, 17 de septiembre de 2015

Negra ceniza

Ilustración de: Sonia Gallardo Carmona
http://tattoos-soniagcar.blogspot.com.es/
Que difícil tarea resulta ser el escribir,

 cuando de entre mis manos muertas        
resbalan las hojas vacías convertidas en 

negra ceniza.

Añoro tu sonrisa, esa que me brindabas 

al despertar.  Esa de la que me enamoré 

al instante, nada más verte.

La vida soñada se diluye entre solitarios

 amaneceres y frías noches en las que mi cuerpo reclama tu calor. Me aterra mirarme en 

el espejo, pues convencido estoy de que no  reconoceré la borrosa imagen que en él se 

refleje.



sábado, 12 de septiembre de 2015

Mi nuevo libro

Buenas tardes. Desde el día de hoy está disponible mi nuevo libro, una pequeña recopilación  de relatos y microrrelatos que he ido escribiendo en ratos libres y que he publicado aquí en el blog. Ahora, los tenéis todos reunidos en un mismo ebook.


Espero que os guste y disfrutéis al leerlo tanto como yo disfruté al escribirlo. 

miércoles, 19 de agosto de 2015

EL INVIERNO

Decididamente los días son ya más cortos. El ambiente empieza a tener ese olor a invierno que a muchos nos devuelve la vida después de los duros e impersonales días del verano.
Fotografía cedida por Alba Prieto Pérez
El otoño no deja ser una mera e insignificante transición del calor al frío. Una fina y transparente sabana que con el paso del tiempo solo ha ido a peor. Ha perdido todo su cuerpo, su colorido, su razón de ser. No ha podido evitar que sus dos hermanos mayores más egoístas, el verano y el invierno, acaben con él. Veo en mi jardín como a cada año que pasa los árboles se desnudan de sus secos ropajes cada vez más tarde. Como si les costase desprenderse de ellos.
Pero sí. El invierno llega. Sobre las viviendas que diviso desde el jardín empiezan a verse los reconfortantes hilos de humo saliendo de las chimeneas. El purificador frío limpia nuestros jardines. A la vez que nuestros corazones. Arranca de manera sutil los vacíos amores del verano, para dejarnos con el amor que realmente importa, el amor que calentará el hogar y el cuerpo en las frías noches nevadas del invierno.
Siento el olor del invierno. Hace semanas que las golondrinas abandonaron el garaje, donde cada verano y sin fallar ni uno solo tienen a sus crías, en esos nidos de barro pegados en la pared junto al techo.

La leñera está preparada. Será un invierno duro, pero bonito. Los inviernos siempre son más bonitos que el angustioso verano, más románticos que la desaparecida primavera. Nos volveremos a sentar frente a la ventana. Mientras nieva, escribiré. Las letras, al igual que los copos de nieve, se irán amontonando a mí alrededor. Unas en el procesador de texto, los otros en el jardín. Y tú, sentada en el sofá, esperándome. Con tu sonrisa, tu voz, tus besos, tu cuerpo. Tu amor. 

sábado, 18 de julio de 2015

Un momento

Cuando la noche agoniza en nuestra cama, cuando el amanecer empieza a exigir su espacio, entro de nuevo en ti. Porque el amanecer no pide permiso, solo exige, siempre exige. Me deslizo por entre tus labios, suaves como la brisa que hace bailar de manera sumisa, casi erótica, el visillo que viste la ventana del dormitorio. Me pierdo mil veces por tus braguitas de color negro, esas que hacen juego con la noche, el amor y tus ojos. Me enredo en tu melena larga, sedosa, rabiosamente excitante.
Nos olvidamos del amanecer. Nos olvidamos de la noche, triste y desvalida noche, que muere en silencio a nuestro alrededor. Besos, sudor y sábanas empapadas en horas eternas de caricias. Me gusta ver como paseas por la casa con tu pícara sonrisa como única ropa que me invita a seguirte, a cazarte. Adoro la salvaje belleza que encierra tu mirada. Caminos de lava ardiente recorren nuestros cuerpos en cualquier rincón de la casa. Fundirnos en un solo ser, fundirme en ti una y otra vez.
Tantas cartas escritas al viento. Palabras que el paso del tiempo hace brotar dulces recuerdos de juventud. Esa juventud que mantienes intacta cuando me miras y dices que me amas. Yo también te amo. ¿Cómo no amarte? ¿Cómo no querer dejar que las noches se sucedan una tras otra junto a ti?

Que no sea un sueño. Que esa realidad no se parta en mil pedazos como el espejo que se precipita, casi de manera rabiosa incluso envidiosa, contra el suelo justo en el momento de reflejar dos cuerpos desnudos amándose al amanecer. Amanecer eterno. Noche eterna. Un momento en ti.



jueves, 16 de julio de 2015

LA DERROTA



¿Podían cuatro viejas paredes ocasionar tan profundo castigo a su mente?
Sentía que ya no tenía armas, valor e incluso vida, para luchar contra aquella casa.
Apenas visitaba los jardines que rodeaban la casa, y que antaño habían brillado con un intenso verde envidiado por todos los vecinos. Ahora, solo un pequeño paseo por los descuidados arbustos, por los olvidados árboles, pisando el mal cuidado césped que se mezclaba con los hierbajos que imparables tomaban todo bajo su control. Y después, solo deseaba estar dentro, en el 
interior. Aunque sabía que aquella casa estaba acabando con su existencia. Que al cerrarse la puerta al entrar, sus ojos empezaban a cerrarse. Un sueño incontrolable invadía su cuerpo. Unas ganas de dormir, de morir, de dejar de vivir apenas le dejaban andar, avanzar por el largo pasillo de la entrada. Su dormitorio…la cocina…el salón…prácticamente toda la casa empezaba a cubrirse de un putrefacto olor a dejadez y suciedad. No había ganas de limpiar, de abrir las cortinas, de cambiar las sabanas, de fregar los cacharros. Algo en aquella casa impedía que lo hiciese. Y quería hacerlo, pero no podía. Sus parpados pesaban como losas de mármol. Dejarse caer en el suelo era todo lo que podía hacer.
Centenares de días, todos iguales, todos diferentes. Un nuevo día una nueva muerte. ¿Cuántas veces había muerto? ¿O había deseado morir? Algunas mujeres, pagadas por adelantado, se adentraban en la casa al atardecer. Intentaba poseer sus cuerpos pero no podía. Las paredes de aquella casa, de aquella prisión que le impedía vivir se encargaban de que fuesen las mujeres quienes se encargasen de satisfacer sus horrendas necesidades. Aunque solo fuese por miedo a que les exigiese la devolución del dinero ya pagado.
Su cuerpo se deformaba, su rostro envejecido iba con el paso de los años en el interior de aquella casa, perdiendo toda forma humana. Por dentro y por fuera. Quizá más por dentro. Empezaba a olvidar lo que era ser un hombre. Un humano.
Recuerdos. Cantos. Llantos. Amantes. Una vida pasada que pareció existir miles de años atrás. Aquella chica de apenas veinte años que conoció en su ciudad natal. Una tarde tormentosa. Siempre con paraguas. La chica le agradeció acompañarla a su casa. Ella siempre sin paraguas. Dos días después él disfrutaba de su desnudez en aquel pequeño apartamento del centro. Fuera llovía. Dentro se amaban.
Ahora nada existía. ¿O quizá sí? Gritaba en medio de la casa, con las manos apretando su cabeza. Su locura se extendía sin control por las viejas paredes de aquella casa. Nunca llevó a la chica del centro a su casa. Posiblemente nada de esto estaría ocurriendo si aquella chica, con sus preciosos ojos verdes, su melena rubia, su sexualidad, rebosantes, hubiesen entrado en la casa. Hubiese funcionado como un truco de magia. Las paredes, la casa hubiesen muerto. Y él, quizá seguiría cuerdo. Y el jardín seguiría cuidado y siendo la envidia del barrio.
Su cuerpo empezaba a desaparecer. Aquella casa lo invitaba susurrante a fundirse con las paredes. Acariciaba el viejo papel que decoraba esas paredes. Un dulzón olor a humedad. No supo por qué pero le recordó el olor de la chica del centro. El olor de su amor, de su sexo, de sus labios, de sus pechos desnudos. Las lágrimas empezaban a nublar su vista. Deseaba morir. ¿Fundirse con la casa sería morir? ¿Dejaría de sufrir al formar parte de la casa? Había sido derrotado. Sus huesos apenas soportaban ya el peso de su cuerpo. Las venas vacías habían dejado años atrás de transportar sangre. En su lugar, desesperación, miedo, locura era lo que entraba en su corazón.

Alguien compraría la casa. El dueño…nadie sabría qué había sido de él. No había herederos. Ni familiares. ¿Habría existido? Solo las viejas paredes de aquella casa lo sabían con certeza. 

Fotografía: ALBA PRIETO PEREZ

     

jueves, 2 de julio de 2015

La hija del protagonista



No quería enamorarse de la hija del protagonista de su novela. No entraba en sus planes. Reconocía incluso que al principio iba destinado a ser un personaje secundario, de dos capítulos como mucho. Pero al final, poco a poco, había ido cogiendo protagonismo. Su columna vertebral como personaje se iba afianzando a medida que las páginas iban siendo escritas. Era como si ella misma le susurrase a él lo que tenía que escribir. ¿Era por ello un mal escritor? No lo sabía. No tenía respuesta para esa pregunta. Solo estaba enamorado. Aunque la hija del protagonista de su novela viviese en un apartamento cutre y viejo del centro, aunque no fuese muy guapa, aunque fuese una chica que no saliese mucho.
https://pixabay.com/es/


Pero al escribir, sus dedos se deslizaban no solo por el teclado, sino por ella misma. Por su piel, por su sonrisa, por sus sueños. Deseoso estaba te acabar con un capitulo en el que ella no aparecía para iniciar uno en el que sí estaba. O retomar uno inacabado en el que la protagonista absoluta era ella. Incluso sintió celos cuando la chica conoció a su vecino. Un joven pintor de ojos marrones que la enamoró esa misma tarde, en las escaleras del edificio. Que se atrevió a dibujarla desnuda en la cama, después de que sus cuerpos se enredasen llenos de amor en las sabanas. Tentado estuvo de hacerle caer por las escaleras. Tenía poder para eso. “Fue un extraño accidente” diría la policía al acudir a la llamada de socorro de quien encontrase el cadáver. Pero no pudo. No podía hacerle eso a la hija del protagonista de su novela. Se daba cuenta de que la quería demasiado como para verla pasar por ese desagradable momento. La única opción era hacerla feliz con las palabras. El pintor nunca abandonaría a la chica. Ese sería el sacrificio del escritor. Hacerla feliz, pero con otro. Uno que perteneciese a su mundo. Al infinito mundo de la tinta y el papel.   

martes, 23 de junio de 2015

Una Tarde...





Me acostumbré a invadir tu lado de la cama. Pasear por tus playas desnudas, donde las salvajes aguas de tus besos bañaban mi piel.  A lo lejos un grillo improvisa la banda sonora de la noche. Versos sueltos, perdidos, de un poema mil veces empezado y nunca acabado. Dejemos que la noche fluya entre las sábanas.



TORMENTA DE VERANO

Agradable tarde tormentosa. Las ramas de los árboles del jardín se dejan mecer con suavidad por el aire fresco que cubre el día desde primeras horas de la mañana. De vez en cuando un trueno y poco más tarde un chaparrón de un minuto. Como si ese acto de la naturaleza pareciese estar programado.  Sentado frente a la ventana siento el frescor que entra por la puerta abierta. Mis dedos vuelan por el teclado a la vez que mi mente se sumerge, sin querer salir, en las palabras y frases que se van escribiendo en el portátil y que poco a poco van construyendo un universo nuevo. De fondo escucho tu voz. Canturreas alguna canción. Hace un rato he sentido tu olor y tu sonrisa al sentarte sobre mis rodillas y leer algunas frases. El sabor de tus labios al besarme. Tu voz alejarse al decir que continúe escribiendo, que no quieres entretenerme.  Otro chaparrón. El sonido del agua en el jardín. Los truenos. El color gris de la tarde avanza hacia una noche de amor, de tu cuerpo desnudo en la cama, navegando por mis sueños. Recorriendo tu piel, rendido me dormiré en tus brazos.


viernes, 19 de junio de 2015

Corazón de Hielo



Buenas tardes, Corazón de hielo también aparece en "Relatos y Microrrelatos" que podéis encontrar en Amazon.

Espero que os guste. Feliz fin de semana!

Cuando fueron conscientes de su realidad, descubrieron que sus vidas ya estaban marcadas por el mismo final. Unidos por un extremo, sintieron que se deshacían a la vez. Que lentamente su final se acercaba. Pero estaban juntos. El azar quizá quiso que así fuese. Sonrieron. Morirían juntos, pero sonreían.
Sus cuerpos perdían paulatinamente sus marcadas formas. A su alrededor se abría mortalmente un pequeño charco. Sus restos, sus vidas diluidas mezcladas muy posiblemente para la toda la eternidad. Siempre juntos. Sus cuerpos cada vez más pequeños, más insignificantes. Y el charco a su alrededor cada vez más grande.

https://pixabay.com/

A medida que su corta vida en el exterior se apagaba, soñaban con ascender. Aquella nube de la que hablaban las leyendas. Aquella que les mantendría unidos a pesar de carecer de forma. Y que un día cualquiera, sin previo aviso, les devolvería a la tierra. Siempre juntos, siempre unidos. Y suplicaron caer juntos. Elegir su propio destino, aquel que hubiesen deseado para ellos. 


Empapar a esos amantes que corrían agarrados de la mano y mirándose cómplices a los ojos por una oscura calle del centro, camino de una cama en la que se amarían el resto de las noches. Caerían, empaparían sus cabellos recorrerían sus rostros mientras se escapaba un furtivo beso al entrar en el portal. De alguna manera formarían parte de una historia de amor. Se fundirían en la piel, se mantendrían eternamente en aquella noche, en aquel portal. Cuando los amantes, pasados los años, pasada la juventud y cercano ya el final recordasen su primera noche juntos. Aquella lluvia que les empapó de camino al apartamento de ella.




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miércoles, 17 de junio de 2015

Un pequeño papel

Últimamente he tenido la suerte de poder participar en tres cortometrajes. Cierto es que son papeles pequeños. No soy actor, y tampoco pretendo invadir un terreno que es obvio no domino.
Aquí muestro algunas fotografías de una pequeña sesión durante una tarde en una Tetería. En un cortometraje, de corte humorístico,  de la compañera Alba Prieto Perez.