lunes, 26 de enero de 2015

LUZ Y OSCURIDAD

Era una persona que le gustaba el frío. Sus días preferidos eran aquellos en los que la lluvia no daban tregua al ser humano. Aquellos en los que el cielo se teñía de gris desde el amanecer hasta el anochecer. 
Pero un día explotó. Sintió que necesitaba la luz del sol. El brillo de la claridad de una mañana calurosa. Sentía como su mente se negaba a soportar un solo día más de tonos grises y oscuros. Luz, luz, luz cálida y brillante del sol. 
Sin embargo su cuerpo se resistía a ese cambio, a esa exigencia que no se sabía de donde habría salido. En forma fetal, y tirado en el rincón mas oscuro de su casa aquel hombre lloraba porque su mente y su cuerpo habían entrado en un conflicto tan brutal que podría llegar a acabar con su vida. Miles de voces en su interior exigiendo luz, exigiendo oscuridad, luz, oscuridad, luz, oscuridad.
Sus manos temblorosas, su mirada borrosa por las lagrimas, su corazón amenazando con detenerse. Gritaba llamando a su amada, pero ella no estaba, nunca había estado allí junto a él. Y entonces ¿aquellas noches junto a ella? ¿aquellos paseos otoñales por el parque? 
¿Nada había existido? 
Quería luz, deseaba oscuridad.
Moriría. Ya llevaba varios días muerto. Nadie reclamaría su cuerpo. Nadie lo echaría de menos.
Ni siquiera aquella joven y enamorada mujer que desde el jardín de su casa lo veía pasear cada tarde solo por el campo, con la mirada clavada en el suelo y la mente no se sabía dónde. Rezando porque una de esas tardes se detuviese frente a su jardín.


No hay comentarios:

Publicar un comentario