jueves, 16 de abril de 2015

Fragmento de mi última novela.

Trabajando ya en la segunda parte de la novela: LA HISTORIA DE LA CIUDAD SIN ARBOLES, aprovecho para mostraros un pequeño fragmento de unos de los capítulos de la primera parte. En entradas anteriores ya pudieron leer algunos otros capítulos completos  que publiqué de manera gratuita antes de sacar a la venta la novela.


CAPITULO 6

MARTA, SUS PELUCHES Y SU INEXISTENTE FAMILIA


     Trabajaba en un pequeño periódico y no desde hacía mucho, apenas año y medio. Redactaba pequeñas noticias locales sin demasiada importancia en su diminuto cubículo, que adornaba semanalmente con pequeños peluches que compraba en los puestos de los mercadillos. Peluches más o menos del tamaño de una cajetilla de tabaco, ya que el periódico no le dejaba que fuesen más grandes (cuestión de estética alegaban) cosa que a ella no le molestaba en exceso, porque prefería los peluches pequeños a los de tamaño medio o incluso grandes. Lo único que buscaba era tener su puesto un poco adornado, dar un toque personal. Cobraba algo más del salario mínimo, asunto peliagudo que hacía que su vida no fuese precisamente fácil. O faltaba sueldo o le sobraban días a los meses. Sin duda alguna lo primero. Llevaba algún tiempo que apenas salía los fines de semana. Había tenido una relación –creía que la definitiva- durante un par de años, pero al final decidió que aquello no podía continuar. Sentía que su vida se atascaba. Le quería pero… algo en su interior le gritaba que aquella relación no era buena para ella. Que no podría acabar bien. Y una mañana, después de ducharse y rechazar de manera amable un café que él le ofrecía, le dijo que ya no podían seguir juntos. No supo dar una explicación más exacta de por qué aquella decisión. Simplemente que…no podían seguir juntos.
Y ahora estaba centrada en su trabajo. Quería ir subiendo escalones en aquel periódico y necesitaba concentrarse. Emplear toda su energía en aquellas pequeñas noticias para que poco a poco la fuesen dando trabajos de mayor envergadura.  Después de aquella ruptura no le había vuelto a ver. Ni siquiera a la mañana del domingo siguiente de decirse adios, cuando fue a terminar de recoger algunas cosas suyas que quedaban en el pequeño apartamento. Porque aunque no tenía demasiadas cosas en ese apartamento, quería recogerlas todas lo antes posible. No alargar aquello más de lo estrictamente necesario. Tampoco había vuelto a salir con nadie más. Incluso había dejado momentáneamente de salir los viernes y los sábados por la noche. “Estaba fuera del mercado del amor” como le decía una amiga y compañera del trabajo. Últimamente el ambiente estaba muy enrarecido por las noches. Se oían cosas raras entre las personas que se acostaban los domingos a altas de la mañana, esos que parecían solo vivir por y para las noches. Cosas “incomprensibles” murmuraban, en pequeños círculos y siempre entre conocidos. Algo que estaba ocurriendo en la ciudad. 

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