jueves, 2 de abril de 2015

SORPRESA

Llegó por sorpresa. Como siempre lo hacía. Nunca avisaba. Y tuvo que reconocer que fue una sorpresa muy agradable. Su, hasta en ese momento, decaído estado de ánimo desapareció al instante nada más abrir la puerta al oír el timbre y ver su preciosa figura. No esperaba su presencia desde luego. Dos besos, y entraron al salón. Tenía la televisión encendida y un refresco sobre la mesa.
-¿quieres una coca cola?-
-Vale. Pero tranquilo, voy yo a por ella-.
Desde luego sabía dónde guardaba la bebida. Conocía aquella casa bastante bien. De hecho hacía unos meses que él “se lanzó” como se suele decir y le propuso vivir juntos. Ella no quiso. No dio una respuesta clara. Él no insistió. Llevaban casi dos años en un incómodo “tira y afloja”. Al menos para él. Con lo sencillo que podía ser todo.  
Cuando regresó al salón se sentó en el sofá, rozándole con sus caderas. Bebió y le preguntó qué estaba viendo.
–Viernes 13-
-Joder, ¿cómo te gustan esas películas? -preguntó.
–Me gusta el terror-
-Eso no da miedo-
-¿quieres que apague la televisión?-
-No. ¿Puedo fumar aquí?- Preguntó.
Sabía que él no soportaba el humo. Siempre le falta el aire cuando alguien fuma a su lado. Se acercó a la ventana y la abrió. El canto de algún grillo de fondo y el frescor de la noche de primeros de septiembre inundó el pequeño salón. El joven vio que aquello que empezó a fumar era un “porro”.
-Lo malo es que cuando fumo esto, después me follaría un árbol- Confesó la chica clavando sus ojos marrones en el joven.
Él la quería, ella seguramente a él no. Pero siempre rondaba su casa, coqueteaba con él. Nunca se habían acostado. Se levantó entonces del sofá y se acercó a ella. De manera juguetona le lanzó una bocanada de humo a la cara. Tosió. Ella sonrió y aplastó lo que quedaba de su “porro” en el poyete de la ventana. La besó en los labios. Notó su sabor, aquel sabor que llevaba demasiado tiempo deseando solo para él. La joven aceptó aquel beso, incluso lo alargó algunos segundos más. La ventana se quedó abierta. Arriba, la luna llena dejaba una noche muy clara. Había sido un día bastante caluroso y en cuanto se hubo ido el sol, había regado el jardín lo que hacía que en esos momentos todavía pudiesen sentir el agradable aroma de la tierra mojada entrando por la ventana.
-¿por qué has hecho eso?- le preguntó con un claro tono de voz que rozaba el nerviosismo.
Toda esa tranquilidad, control de la situación al echarle el humo en la cara, era como si solo hubiese sido una simple fachada. ¿Acaso no esperaba que finalmente la besase? Sus rostros estaban a escasos centímetros el uno del otro. Le resultaba agradable sentir el aliento de ella tan cerca de él. Ver como sus ojos se movían nerviosos entre su boca y sus ojos.
 –Porque te quiero, y estoy harto de que me vaciles como lo haces- Al escuchar esas palabras, que no era otra cosa que la más absoluta verdad respecto a lo que sentía por ella, le miró unos segundos en completo silencio y sonrió. Sus labios se arquearon tímidamente por la sonrisa. Cogiendo las manos de él acercó sus labios y le volvió a besar.
–Mañana hablamos-
Y mientras ella salía de la casa, él pensó si no estaría perdiendo el tiempo. No bastaba con quererla como nunca había querido a nadie si ella no sentía lo mismo. O al menos no con la misma fuerza.

La puerta de la casa se cerró. Lentamente volvió a sentarse en el sofá sintiendo que el sabor de ella tardaría en desaparecer de sus labios.

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