jueves, 26 de noviembre de 2015

LA MONJA

Si, era una monja. Una mujer vestida con un hábito de color negro y blanco. Caminar lento, voz delicada y susurrante, gestos muy calculados y movimientos muy tranquilos. Entregada al señor, entregada al silencio, la soledad, la pobreza…
Pero era una mujer ante todo. De apenas treinta años, nacionalidad argentina, al juzgar por el acento de su voz. Rostro casi angelical, piel fina, ojos negros y brillantes, y una sonrisa sencillamente cautivadora.
Imagen: Sonia Gallardo Carmona
http://tattoos-soniagcar.blogspot.com.es/
El “señor” y sus parafernalias quedaron a un lado, en el suelo. Las ganas de ser mujer se impusieron aquella tarde. Su precioso cuerpo desnudo sobre la cama. Sin hacer ruido. Nuestros jadeos ahogados entre el sudor y las sábanas, para nada santas. Labios nuevos, besos ansiosos, pechos dulces y suaves apenas acariciados, virginidad diluyéndose entre las cuatros paredes de una habitación minúscula. Una pequeña ventana abierta de par en par a la penetración. Piel empapada en sudor, ansias, deseo, risas medio apagadas, besos desparramados aquí y allá. Su religión en el suelo, oyendo los gemidos de un cuerpo nuevo que miraba a la ventana, colocada en la cama como una perra en celo.

Silencio. Me voy. Se cierra la puerta de aquel recinto. Dejo aquellos ojos y aquel cuerpo sumergidos de nuevo en el hábito negro y blanco. Una visita por un motivo olvidado y un encuentro fugaz, inesperado e inolvidable. 



Puedes adquirir este relato y muchos más en: "Relatos y microrrelatos"


4 comentarios:

  1. Es atrayente.Lo que de monja poco. Está escrito muy bien. Un saludo! ( ya ves que he entrado a leerte)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Kerem por visitar el blog,leer y comentar. Feliz tarde de jueves!!

      Eliminar