jueves, 31 de diciembre de 2015

LLANTO

Cómo reconciliarse con la vida, cuando la cruel injusticia disfrazada de estúpido accidente se ceba con un ser tan dulce, tan querido, como mi dominguillo. Entre llantos, impotencia, y lágrimas, intento buscar una explicación a toda esta barbarie.
Me dedica una última mirada al llegar a la clínica. Se muere. La noche se hace eterna al ir siendo consciente poco a poco que ya no volveré a sentir sus mimos, sus ladridos, sus juegos por toda la casa. Miro por la ventana y veo el lugar donde descansa ya por el resto de los tiempos. El jardín, por donde corría jugando detrás de los gatos, es ahora su sitio. Es injusto, injusto, muy injusto. Sé que mis lágrimas no conseguirán nada. Mis manos tiemblan sobre el teclado al intentar escribir unas líneas que se me antojan incoherentes, pero mi mente se niega a ver la realidad. Son momentos muy duros. Es posible que exista gente que no llegue a entender este sufrimiento, siento pena por ellos. No, rectifico. No siento pena por nadie. Dominguillo en sus escasos tres años de vida me demostró que sin pretenderlo algunos animalitos son mil veces mejores que el ser humano. Una pregunta me atormenta: ¿Por qué? ¿Por qué la vida tiene que mostrarse tan cruel en algunos momentos? ¿Qué necesidad tiene de ello? ¿Recordarnos que es ella la que manda? No quiero saber nada de la vida en estos momentos.

2 comentarios:

  1. El corazón que ama a otra vida, sea en la forma sea, de la manera que quieres a Dominguillo, ha de ser muy grande.Precioso homenaje.
    Lamento tu pérdida amigo.

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