viernes, 9 de enero de 2015

¿Como escribo una novela?


Encuentro demasiadas veces, y sobre todo en los grupos literarios de las redes sociales, la pregunta ¿Cómo escribo una novela? ¿Qué tengo que hacer…?
Y yo me pregunto: ¿realmente existe un método? Personalmente solo conozco uno. Y es el de sentarse y escribir, escribir sin parar. Ya llegará el momento de corregir, de tirar a la papelera lo que no nos guste. Algunos dicen que es bueno llevar una pequeña libreta en la chaqueta para anotar una idea que de repente viene a la cabeza. Incluso en la escuela de cine en la que estuve estudiando durante dos años nos dijeron también que era bueno llevar la susodicha libreta. Anotar todo lo que nos viniese a la cabeza en cualquier momento. Pero sobre la famosa libreta solo tengo que decir una pequeña cosa: y es que quien realmente lleve en la sangre el ser escritor/a no necesita libreta. Los ojos…la mente…el corazón…del escritor/a están en alerta las veinticuatro horas del día. Cuando paseamos por la calle, cuando entramos en la estación de autobuses, en el andén del metro… el sueño que tenemos…todo lo que ocurre a nuestro alrededor lo captamos. Lo vemos con los ojos y el corazón del escritor/a. El mundo se ve distinto.
La mujer que habla con su hijo al que lleva de la mano. El abuelo dando de comer a las palomas en el parque. La pareja de enamorados. El ladronzuelo que dobla la esquina tras un pequeño hurto del que nadie se ha percatado. Todo eso queda en nuestra mente. No necesitamos ir con la libreta. Porque lo que hemos visto, oído, se queda grabado a fuego en nuestro interior.
El peligro de la libreta es que puedes apuntar miles de palabras, y perder la esencia como yo digo. Y llamo “la esencia” a lo que sentimos en el momento de ver a ese abuelo, a la madre, al taxista, a la pareja de enamorados. Lo que nuestro corazón siente, lo que nuestra alma nos dice que eso puede “servir” y nos lleva a retenerlo dentro. Una libreta solo retiene anotaciones, palabras sueltas. Que creemos que nos servirán, y entonces involuntariamente desviamos la mente hacia otro lado, confiados en que por tenerlo anotado tendrá, por ejemplo diez días después cuando lo leamos, el mismo significado que cuando ocurrió.
Por eso no quiero la libreta. Me fio de mi mente. En mi mente se guardan las historias y las sensaciones producidas en ese momento.
Y mientras en nuestro interior se va guardando todo lo que percibimos a nuestro alrededor, la lucecita la chispa que enciende todo lo que algún día puede llegar a ser un relato, una novela o un guion cinematográfico está apagada.
No llego a entender realmente qué momento, qué cosa o como se llame, hace que esa luz se nos encienda dentro de nosotros. Y me explico. Siempre pongo de ejemplo como nació “Una historia Más” mi primera novela, y que publiqué hace unos meses. De esto hace ya pues unos quince años si no algo más. Trabajaba por aquel entonces en una tapicería (mi oficio es tapicero) y los sábados por la mañana trabajábamos hasta las dos de la tarde. Sobre todo los fines de semana los ocupaba en escribir, tenía entonces entre manos una historia de aventuras y fantasía que poco a poco iba cogiendo cuerpo. No tenía entonces ordenador y siempre escribía a mano en cuadernos grandes. Antes de entrar a trabajar, quería tomar café. Al pasar a una cafetería cercana me pareció ver a una chica que conocí años atrás. La observé mientras me acercaba a la barra. Pero no se trataba de quien yo creía que era.
La cosa es que aquel fugaz momento, lo que sentí al verla y creer que era otra persona, se quedó grabado en mi mente. A lo largo del día con el trabajo se olvidó (o creía que se había olvidado) Pero mi mente ya estaba trabajando. Algunos días después empecé a escribir en un cuaderno nuevo. Al principio eran frases sueltas, folios sueltos sin saber exactamente hacia donde me encaminaba. Pero en aquel momento en la cafetería había saltado la chispa. La maquinaría ya estaba en marcha. Ya no había marcha atrás. No me hizo falta ninguna libreta.

Y después solo escribir. Buscar un sitio donde nos encontremos a gusto, seguros. Porque ese sitio será como nuestra fortaleza en la que nadie pueda entrar. Solo osaran entrar aquellos de que nuestra mente broten de manera violenta, exigiendo vida propia. Mucha disciplina, exigencia con nosotros mismos. Las horas que sean necesarias frente a la pantalla del ordenador. Un escritor necesita escribir. Leer mucho, no parar de leer. Pero sobre todo escribir. Hoy día es muy raro encontrar a alguien que no tenga ordenador. El sonido de las teclas al escribir es la sangre del escritor/a corriendo por sus venas.
Nada de preguntar a la gente, aunque sean familiares: ¿Qué te parece mi relato? ¿Tengo que cambiar algo? ¿Os gusta? ¿Qué me podéis decir?
Esas preguntas fuera. Porque para gustos los colores. Un escritor/a escribe primero para uno mismo. Para sentirnos bien, tranquilos, para mostrar lo que llevamos dentro. No se puede escribir buscando lectores fijos o intentar contentar a todo el mundo, sencillamente porque eso es imposible.
También es cierto que hacer algún curso o acudir a un taller de creación literaria nunca viene mal. Pero esos cursos no servirán para que una persona salga de ellos siendo escritor. Si no más bien para que el escritor salga del curso siendo consciente de unas pautas a seguir, unas reglas que inconscientemente tenemos que seguir a la hora de escribir. A continuación muestro un enlace donde puedes descargarte un curso gratuito.


No quiero acabar esta entrada con un típico final. Creo que el tema de la pregunta con el que empezaba ¿Cómo escribo una novela? es tan intenso que podríamos continuar horas y horas escribiendo. En estas pocas líneas solo he querido mostrar lo que me viene a la cabeza cada vez que leo esa pregunta o alguna similar en redes sociales y grupos de escritores y aficionados a la escritura.