jueves, 16 de abril de 2015

UN NUEVO FRAGMENTO

Continuamos recordando durante este verano viejas entradas del blog. Y lo hacemos con un nuevo fragmento de "Una historia más".

Espero que os guste.


  -¿Qué está pasando aquí?- preguntó mirando a la mujer, que era la hija de la anciana. 
Avanzó unos pasos y llegó hasta la puerta del pasillo de las habitaciones, donde estaba la señora López que le recibió con un cariñoso abrazo y unas lágrimas.
  -Mi madre no puede vivir sola- respondió la mujer, dejando claramente al descubierto que para nada aprobaba la presencia de la chica en la casa de su madre.- No la llevamos a…
  Pero Noelia no le hizo caso. Le lanzó una dura mirada para después volver su atención a la señora López.



  -¿Qué tal se encuentra señora López? ¿Está bien?- le preguntó.

  -No quiero irme pequeña.- Se lamentaba la anciana casi llorando.- Esta es mi casa, mi vida. Quiero morir aquí, como mi marido.- Dijo. Sin saber o ser consciente de que esa decisión ya no dependía de ella. Que ya estaba tomada de antemano.

  -No puedo estar viniendo cada dos por tres- protestó la hija avanzando un par de pasos en un claro gesto contra Noelia y querer zanjar aquel tema cuanto antes.

  -¿Viniendo cada dos por tres? Nunca viene a ver a su madre- Noelia protestó levantando la voz y lanzando una dura mirada a la mujer.

   Aquel tono de voz hizo que el yerno de la anciana primero y Dani después, apareciesen por la puerta principal. Aunque el joven no llegó a entrar.

  -¿Algún problema Noelia?- preguntó desde la puerta Dani.

  Durante un instante hubo un seco y duro intercambio de miradas. Noelia no dejaba de soltar la mano de la anciana.

  -Es mi madre- sentenció la hija.- Y yo decido cuando se viene. Podemos llamar a la guardia civil si quieres.- Las palabras se clavaron en Noelia como potentes espadas de acero. Sabía que no podía hacer nada. Buscó la mirada de Dani, quien le hizo un gesto negativo con la cabeza. Se trataba de asuntos familiares, y aunque ella fuese con la mejor de las intenciones, no podía hacer nada. No pintaba nada allí. Esa era la dura realidad.

  -No deberíamos de tardar mucho en irnos- Sentenció el marido, que cogió las maletas de la anciana y salió de la casa en dirección al coche.

  Noelia vio sacar las maletas y tras una fugaz mirada a la hija de la señora López miró a esta última. Esta le llevó hasta su viejo dormitorio. Una habitación bastante pequeña con muebles muy viejos. Y una única luz que salía de una pequeña y vieja lámpara situada en la mesilla. Un colchón bastante incomodo como pudo comprobar cuando la anciana se sentó y le invitó a que se sentase junto a ella. Le cogió las manos y le miró al rostro.

  -No llores pequeña.- Murmuró con una voz tremendamente cariñosa.- Eres una chica muy buena. Y veo que ya no estás sola.

  Noelia sonrió ligeramente y con los ojos nublados por las lágrimas. Pero no supo que decir. Simplemente la abrazó y se despidió de ella con un beso en la mejilla.

  -Ese chico te quiere- le dijo la anciana- Se lo he visto en los ojos.