viernes, 19 de junio de 2015

Corazón de Hielo



Buenas tardes. ¿Que tal el verano? Personalmente prefiero el invierno, de siempre. Llevo diez años viviendo en una zona en la que hace más  calor, y echo de menos cuando vivía cerca de El Escorial, donde la temperatura siempre algo más baja.

Como sabéis, anuncie que hasta septiembre (por las vacaciones, menos lectores, etc) no habrá nuevo capítulo de "La historia de la ciudad sin árboles".

Mientras, iré recordando algunas viejas entradas. En este caso: "Corazón de hielo".

Espero que os guste. Feliz fin de semana!

Cuando fueron conscientes de su realidad, descubrieron que sus vidas ya estaban marcadas por el mismo final. Unidos por un extremo, sintieron que se deshacían a la vez. Que lentamente su final se acercaba. Pero estaban juntos. El azar quizá quiso que así fuese. Sonrieron. Morirían juntos, pero sonreían.
Sus cuerpos perdían paulatinamente sus marcadas formas. A su alrededor se abría mortalmente un pequeño charco. Sus restos, sus vidas diluidas mezcladas muy posiblemente para la toda la eternidad. Siempre juntos. Sus cuerpos cada vez más pequeños, más insignificantes. Y el charco a su alrededor cada vez más grande.

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A medida que su corta vida en el exterior se apagaba, soñaban con ascender. Aquella nube de la que hablaban las leyendas. Aquella que les mantendría unidos a pesar de carecer de forma. Y que un día cualquiera, sin previo aviso, les devolvería a la tierra. Siempre juntos, siempre unidos. Y suplicaron caer juntos. Elegir su propio destino, aquel que hubiesen deseado para ellos. 


Empapar a esos amantes que corrían agarrados de la mano y mirándose cómplices a los ojos por una oscura calle del centro, camino de una cama en la que se amarían el resto de las noches. Caerían, empaparían sus cabellos recorrerían sus rostros mientras se escapaba un furtivo beso al entrar en el portal. De alguna manera formarían parte de una historia de amor. Se fundirían en la piel, se mantendrían eternamente en aquella noche, en aquel portal. Cuando los amantes, pasados los años, pasada la juventud y cercano ya el final recordasen su primera noche juntos. Aquella lluvia que les empapó de camino al apartamento de ella.




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miércoles, 17 de junio de 2015

Un pequeño papel

Últimamente he tenido la suerte de poder participar en tres cortometrajes. Cierto es que son papeles pequeños. No soy actor, y tampoco pretendo invadir un terreno que es obvio no domino.
Aquí muestro algunas fotografías de una pequeña sesión durante una tarde en una Tetería. En un cortometraje, de corte humorístico,  de la compañera Alba Prieto Perez.











lunes, 15 de junio de 2015

ESPECTRO

Espectro…fantasma…aparición… No sabría muy bien como llamarlo.
No se lo contó a nadie. A la mañana siguiente de aquel suceso, lo primero que hizo fue buscar en internet. Páginas especializadas en ese tipo de temas. Pero no encontró demasiado, y lo poco que encontró era bastante vago, nada convincente.
Al final, fue a una sesión de Reiki. No sabía si eso le ayudaría. No estaba muy convencido de ello, y cuando salió lo estaba todavía mucho menos.

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Afortunadamente solo ocurrió una noche. “Fue una bola de energía positiva, energía creativa” le dijo la persona encargada de la sesión de Reiki, que duró casi una hora. Una hora en la que estuvo en un cuarto de reducidas dimensiones. En casi completa oscuridad si no fuese por unas cuantas velas encendidas y colocadas estrategicamente en el pequeño cuarto. Tumbado sobre un banco. Un cojín bajo el cuello y otro bajo los pies. Sintiendo casi toda la hora las manos calientes de aquella persona pasando por la cabeza…los brazos…y hablando en voz baja. “cuéntame que ocurrió” dijo cuando llevaban casi veinte minutos de sesión. Él tenía los ojos cerrados. Y tranquilamente le relató los hechos.

“Lo cierto es que me asustó mucho lo sucedido porque hace tres años falleció una persona de mi familia que a lo largo de su vida digamos que…no fue buena persona. Poco después de morir desperté una noche con la aterradora sensación de que esa persona me observaba desde la puerta del dormitorio. Tanto fue el miedo que pasé, que tuve que levantarme en medio de la noche y revisar toda la casa. Aquella sensación de estar siendo observado no cesaba.
Y ahora, por eso digo, que lo ocurrido la otra noche me aterró de verdad. Porque incluso pude sentir el contacto físico. No sé ni qué hora de la noche sería. Mi perro, el que tengo ahora, suele dormir en los pies de la cama aunque algunas veces se sube casi hasta la almohada. Sentí que algo rozaba mi cabeza, moví el brazo creyendo que podría ser el perro con la intención de echarlo, pero no llegué a tocar nada. Fue entonces cuando una sensación de extremo calor pareció posarse sobre mi cabeza. El intenso calor se concentró sobre mi oído derecho. Volví a mover el brazo y entonces sentí como esa especie de nube de calor se alejaba, sintiendo incluso el recorrido que hacía al retirarse.”

Ese fue su breve relato. El encargado de la sesión de Reiki le había estado escuchando sin dejar de mover sus manos calientes sobre los brazos y cabeza del cliente. Al final, tranquilamente le contestó que aquello no tenía nada que ver con la persona fallecida. Si la sensación hubiese sido fría entonces probablemente si hubiese tenido que ver. Pero al ser una sensación caliente, aquello no era nada más que una bola de energía creativa. Que había momentos en la vida de la gente, sobre todo en personas relacionadas con el mundo del arte, que la creatividad era tan fuerte que se materializaba como en densas nubes de energía. Y que eso era precisamente lo que había sentido aquella noche.
El hombre, salió de la sesión de Reiki igual que como había entrado. Aquellas terapias alternativas no terminaban de convencerlo demasiado.


Un año después, después de comer, se sentó frente al portátil y escribió lo sucedido. Sería una nueva entrada en su blog.