martes, 27 de diciembre de 2016

CAPÍTULO 21 EL PASADO DE LUCIA PARTE 1

Un nuevo relámpago iluminó por completo el pequeño y viejo establo en el que acababan de entrar. Una luz blanquecina, un instante, en medio de la oscuridad. Dos vacas lecheras a un extremo en el fondo, y un viejo caballo algo delgado y de color marrón en otro. Multitud de aperos de labranza apoyados aquí y allá, y algunos más colgados de manera arbitraria por las paredes, así como un viejo carro de madera de dos ruedas que descansaba al lado de la puerta principal. 

El suelo cubierto de paja y tierra a partes iguales junto a un denso y pastoso olor mezcla de excrementos y pienso para animales de granja inundaba todo alrededor. Tras el relámpago, le sucedió el brutal estruendo del trueno. Pareció retumbar en todo el establo, incluso hizo que sus aparentemente fuertes paredes y tejado de madera vibrasen de tal manera que pareciera que iban a desmoronarse como un vulgar y débil castillo de naipes.

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Avanzaron hasta situarse en el centro del establo. Lucia agarraba fuertemente su machete, que lo blandía de manera amenazadora de un lado a otro a la vez que su mirada recorría vigilante y nerviosa cada rincón de aquel viejo y desangelado lugar. Sus manos frías y mojadas temblaban sin control, y tenía que hacer grandes esfuerzos para que el machete no se le resbalase y cayese al suelo. Sus ropas estaban igualmente empapadas. Y su melena pelirroja, sujeta atrás en una simple coleta, también se encontraba empapada por la lluvia. Al igual que la pequeña mochila que colgaba de su espalda.

-¿Te encuentras bien?- La firme mano izquierda de Pierre se posó en su hombro derecho, y aquellos ojos marrones de los que llevaba años enamorada, la miraron fijamente.

-Muy asustada cariño- Y se dejó abrazar por su marido. Las ropas mojadas se unieron, y durante un instante se pegaron todavía más los tejidos a sus cuerpos igualmente empapados y helados. Pero necesitaba, ansiaba, aquel abrazo tranquilizador. La situación en aquellos momentos era extraordinariamente excepcional. Aun así, cuando Pierre le acarició el rostro e intentó tranquilizarla en medio de aquel establo perdido en ninguna parte conocida, Lucia no pudo evitar olvidarse de donde se hallaban y recrearse en la dulzura de la caricia del hombre al que amaba y con el que llevaba casada cinco maravillosos años. Dejar que la mano de Pierre cubriese casi toda su cara. Hundió su rostro en el pecho del hombre. 

Murmurando una y otra vez que lo quería con locura. Y preguntándose cómo demonios se habían metido en aquel lío. Cómo habían acabado armados hasta los dientes y luchando por salvar sus sencillas y tranquilas vidas. Huyendo desesperadamente de una bestia que no podía ser de este mundo.

-Saldremos de ésta cariño- Prometió Pierre en un tono tranquilizador, y cerrando un instante los ojos sin que ella pudiese ver su gesto. Porque ni él mismo estaba muy seguro de poder cumplir aquella promesa, la de salir vivos de aquello. El terror invadía su corazón en aquellos oscuros momentos. Pero no terror por lo que les acechaba, sino por la posibilidad de perder a su mujer aquella noche a manos de la bestia.

Un fuerte y seco golpe en el tejado del establo les devolvió a la realidad. Sus músculos se tensaron, sus corazones se aceleraron, la adrenalina corría sin control por sus venas. Durante unos segundos se habían olvidado de la peligrosa realidad en la que vivían desde hacía varias semanas, y sus abatidas mentes se habían abandonado involuntariamente a la tranquilidad y al cariño de un abrazo del que llevaban tiempo sin poder disfrutar. Porque sus vidas desde hacía semanas ya no eran unas vidas normales. Pierre volvió a empuñar su CZ 75B a la vez que los dos levantaban al unísono la mirada hacia el techo. Fuera, mezclado con el sonido de la tormenta, pudieron adivinar los pasos, carreras en algunos momentos, de algo que parecía ir a cuatro patas.

-Está aquí- murmuró Lucia aterrada y acercándose un poco más a su marido.

Arriba, la bestia parecía recorrer el tejado de un lado a otro a gran velocidad. Las pisadas de sus cuatro patas se marcaban notablemente en la madera, dejando caer algo de polvo y tierra al interior, y el sonido de los pasos sobresalía de manera terrorífica por encima del de la lluvia. Pierre extendió su brazo, apuntando con la pistola, y siguiendo la dirección de las amenazantes pisadas.

Durante unos segundos aquellas pisadas cesaron. Pierre no dejaba de mirar hacia el techo con el brazo extendido y apuntando con el arma, mientras que con el otro brazo intentaba mantener protegida a su esposa tras él. Con movimientos lentos y calculados Lucia y Pierre se movían en pequeños círculos en medio de aquel granero. Sus pies se arrastraban y se movían torpemente revolviendo la pajilla tirada por el suelo, esperando que la bestia apareciese desde cualquier punto.

Pero no fue la bestia lo que surgió de la oscuridad, saltando sobre ellos y desgarrándoles el cuello con sus poderosas garras, sino el sonido de una vieja furgoneta que se acercaba a gran velocidad al establo. La puerta principal empezó a iluminarse cada vez más, adquiriendo un cegador brillo blanquecino a cada segundo que pasaba, a la vez que el rugir del motor se aproximaba. Pierre hizo retroceder a Lucia hacia un extremo en el preciso instante en que la puerta del establo se iluminaba de manera cegadora y un segundo después saltaba en pedazos ante el brutal encontronazo contra la parte delantera de una furgoneta. Las maderas saltaron en multitud de trozos hacia todas partes. La vieja furgoneta se precipitó al interior y poco después frenó bruscamente. Pegados en la pared, justo enfrente, estaban Pierre y Lucia.

Donde hacía unos segundos estaba la puerta, ahora había un enorme boquete por donde se veía la densa noche y por donde se filtraba sin permiso alguno el agua de la tormenta. Pero no miraron hacia la entrada, sino hacia la vieja furgoneta de color blanco. Pierre apuntaba con la pistola hacia el vehículo. Estaban solos, nadie sabía que se encontraban allí. Nadie más los acompañaba, a nadie esperaban que fuesen en su ayuda.

-No te muevas- susurró Pierre a su mujer reteniéndola tras de sí y sin dejar de apuntar hacia la furgoneta.


Continuará.




martes, 20 de diciembre de 2016

CAPÍTU LO 20 UN POCO DE HISTORIA

Buenas tardes. Capítulo nº20 de La historia de la ciudad sin árboles. 

Y el título lo dice todo: Un poco de historia. Un pequeño repaso a la reciente historia de esta peculiar ciudad.

Recordaron también que si queréis recordar la historia desde el primer capítulo, pinchando AQUÍ, podréis leer el primer capítulo.

Solo me queda agradecer a tod@s los que semana a semana sacáis un par de minutos de vuestro tiempo para visitar mi blog. Muchas gracias.



Nadie sabría decir con exactitud ni cómo ni cuándo cambió todo. ¿Un cambio lento? ¿Sutil? ¿Brusco? Los habitantes de esta ciudad eran como las gentes de otras tantas ciudades en el resto del mundo: iban a lo suyo, vivían sus vidas, les daba igual su vecino. Llenaban sus casas de pertenencias, con artículos comprados en los comercios que la ciudad les brindaba en todas y cada una de sus calles. 

Fuera de sus casas, el camino al trabajo parecía estar marcado a fuego en el asfalto. Ni siquiera les haría falta levantar la mirada del suelo. Coger el autobús, el coche, el metro, ir andando, todo formaba parte de un acto mecánico, aprendido de memoria. Carente de todo sentido.

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Nadie se percató años atrás, no se sabe exactamente cuándo, en qué momento, que los árboles empezaron a desaparecer. Las floristerías fueron cerradas. Se decía que el ayuntamiento había puesto un bando por el que las floristerías en particular, y los negocios relacionados con plantas en general, quedaban completamente prohibidos.

En su lugar, los propietarios/as de dichos establecimientos fueron generosamente recompensados, a la vez que se les facilitó la apertura de nuevos y diferentes comercios. Nada que ver con plantas. ¿Y los árboles de las calles? ¿De los jardines? ¿Macetas y tiestos en los hogares? Simplemente desaparecieron.

Todo el mundo estaba demasiado ocupado con sus vidas, tanto que no se detuvieron a mirar qué ocurría a su alrededor. Con el paso de los años la ciudad fue cogiendo un triste color grisáceo, del que parecieron contagiarse todas las personas.

Dejaron de escucharse los cantos de los pájaros. Dejaron igualmente de verse en el cielo y en las calles, el vuelo de esos mismos pájaros. El paso de una estación del año a otra cada vez era más difícil de apreciar. Siempre parecía estar lloviendo. Lluvia fina, ligera, algo sucia. 

Pero nadie decía nada, nadie preguntaba ¿Por qué? Los niños crecieron sin parques, ni uno solo de esos niños parecía echar de menos su presencia. Muchos ni siquiera llegaron a conocer esos parques. Los años fueron pasando. Y el recuerdo de la vegetación se fue extinguiendo. 



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domingo, 18 de diciembre de 2016

Navidad de 198...

Una pequeña entrada entre los capítulos de mi novela: "La historia de la ciudad sin árboles"

Se trata de un recuerdo de infancia. De esos que nunca se borran, que perduran en la memoria sin saber el porqué.  


No recuerdo que año fue, 198... yo era muy pequeño todavía. Mi madre junto a mi tía, nos llevó a mi hermana, más pequeña que yo, y a mí a ver el Cortylandia de El Corte Inglés de la calle Preciados en Madrid.


Aquellas inmensas escenas y figuras de cartón piedra en la entrada del centro comercial más famoso de España, la aglomeración de familias para verlo: era Navidad.

No recuerdo si aquel año tuve “reyes” o no. Seguramente sí. Pero lo que recuerdo de aquel año fue a mi tía llorar en la puerta de un portal cercano a El Corte Ingles, sentada en el escalón de la entrada, con los ojos rojos por las lágrimas y la rabia. A mi madre intentando consolarla. Y a mi hermana y a mí frente a mi tía en cierto modo sin saber qué hacer, éramos demasiado pequeños.

Pero si supe que mi tía lloraba porque cuando nos acercábamos a ver el espectáculo en la entrada de El Corte Inglés, se percató de que le habían robado el monedero del bolso. Siempre llevaba el dinero en el bolsillo del vaquero precisamente por los robos, pero aquella noche lo había dejado dentro del monedero en el interior del bolso sin más y algún ratero espabilado solo tenía que introducir su mano en el bolso y llevarse el preciado botín. Abrir el bolso y meter la mano no tendría ningún secreto para ese tipo de gente. Y mi tía lloraba porque aquel año había sido duro, y ese dinero lo había estado guardando especialmente para los regalos de sus sobrinos, o sea mi hermana y yo.


Algunas cosas se quedan grabadas en la mente de por vida. Y esta es una de ellas.  

* Imagen extraída de Google.

martes, 13 de diciembre de 2016

CAPITULO 19 RECAPITULACIÓN


Una semana más y un nuevo capítulo. En esta ocasión he decidido no dividirlo en varias partes, como hago con algunos. Es un poco largo pero en la primera versión de la novela, este capítulo era el último de la primera parte, y he creído conveniente publicarlo en una sola entrega. Ahora, en su versión actual es un capítulo más.

Me gustaría invitaros a visitar mi otro blog.
http://abmodeladoypostproduccion.blogspot.com/2016/12/curso-de-guion-7.html

Dedicado a los trabajos que realizo como guionista director y postproductor. También encontraréis (para quien le pueda interesar) un curso de guión cinematográfico que voy subiendo por entregas todas las semanas.


R descansaba en el sofá de su casa. Isabel todavía no había vuelto. No le quedaba mucho, apenas veinte minutos. Bajaría a buscarla. A ella le gustaba que su detective la esperase en la parada de autobús en la que se bajaba. A unos cincuenta metros del edificio donde ya prácticamente vivían juntos. Lo había visto en una película de corte exageradamente romántico, una noche en el cine. 

Y cuando salieron de la sala, agarrados de la mano y bajo la fría noche de otoño le preguntó si él la esperaría todos los días en la parada de autobús, como había hecho el protagonista de la película.

-Claro. Te esperaré- confesó él sintiendo cómo acto seguido ella se pegaba a su cuerpo y continuaban caminando hacia el piso.

Pero mientras llegaba el momento de bajar a esperarla, su mente intentaba recapitular todo lo que sabía hasta el momento. Y mostró una ligera sonrisa al ver el buen equipo que parecían hacer padre e hija. Aunque ella se resistiese a llamarle “papa”. 

No le importaba en exceso, pero si le gustaría llegar a oírlo. Recapitulaba: Pedro, aparentemente un insignificante informático recibe de manera extraña una planta en su casa. Esa misma mañana le llama porque está asustado y no sabe muy bien que hacer. Poco después es asesinado. Ana, su amante transexual, le encarga que averigüe quien lo ha matado y porque. 

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Eva, la preciosa forense con la que tuvo una aventura hace años, le muestra el cadáver pero le miente y oculta los dos mordiscos que el informático tiene en el cuello. A la vez, el ex de su hija padece una extraña patología diciendo que le ha mordido un vampiro (una mujer vampiro) para ser más exactos. Y por último, en medio de los delirios del joven, este nombra a la propietaria de una conocida librería. Y en la que “casualidades de la vida” la amante transexual del informático asesinado firmará ejemplares de su última novela. El detective resopló.

R vio descender del autobús a su preciosa mujer. No estaban casados, y seguramente nunca llegarían a estarlo. Pero a él le gustaba decir que era su mujer. Se besaron bajo la marquesina y se encaminaron hacia el edificio. Pero no entraron en él. Continuaron calle abajo. Isabel llevaba el paraguas cerrado y colgado de la mano enguantada. En ese momento no llovía, pero si lo había hecho desde durante un par de horas antes de anochecer del todo. Y el paraguas era casi obligatorio llevarlo. 

Tenían que hacer unas compras antes de encerrarse en el piso hasta la mañana siguiente. Y mientras caminaban hacia el centro comercial, el detective no podía dejar de pensar en aquel asunto. Aquello tenía muy mala pinta. Por un instante sintió que su hija se estuviese involucrando. Aunque reconocía que era una chica bastante inteligente y valiente. Y recordó que se había quedado en el apartamento de Marcos.

-No puede quedarse solo.- le había dicho su hija en el umbral de la puerta, cuando R ya se iba.- Ahora no.

-De acuerdo – accedió el, no muy convencido.- Pero llámame si surge cualquier cosa ¿entendido?

-Claro- respondió ella dándole un beso en la mejilla.

La ciudad se sumergía en una nueva y fría noche de un otoño que avanzaba inexorable hacía el invierno. En lo alto, una luna llena ligeramente teñida de rojo, se asomaba tímidamente por entre los nubarrones que lo cubrían todo. Era como si aquella luna fuese la dueña de la ciudad sin árboles, la dueña de todos sus habitantes. Pero solo se trataba de una mera espectadora. Desde lo alto observaba como aquella ciudad gris arrastraba irremediablemente y en silencio la vida de todas aquellas personas. Buenas, malas, insignificantes, importantes. Sin importar clase social. Sin detenerse a mirar cuánto dinero tenían en la cuenta bancaria. Todos los ciudadanos eran arrastrados por igual a un incierto futuro. 

R e Isabel cenaban en un pequeño restaurante en el centro comercial. Un par de bolsas con una pequeña compra descansaban a sus pies. Sobre la mesa, una cena ligera acompañada con un par de cervezas. Mientras planeaban algún fin de semana romántico. Solo ellos dos.

Marta, después de que R se fuese, llamó al trabajo y pidió no ir esa tarde. Le había surgido un problema familiar del cual tenía que hacerse cargo. Marcos no podía quedarse solo. No en ese estado. Durante toda la tarde estuvo pendiente de él. Al igual que se encargó de limpiar el dormitorio y el cuarto de baño. Para después buscar por internet la página de J. Carrier. Si a Marcos le había mordido un vampiro eso significaba dos cosas: o se estaba muriendo, o se estaba transformando.

Ya entrada la noche se dejó caer en uno de los dos sillones que acompañaban al sofá en el salón del apartamento. Estaba cansada. Muy cansada. Miró un instante al joven. Seguía durmiendo, aunque de vez en cuando parecía murmurar palabras sueltas sin sentido alguno. El sillón incluso le pareció cómodo en el momento de sentarse y relajar su cuerpo después de hacer toda la tarde de enfermera. Y recordaba que cuando estaban juntos, en varias ocasiones lo había animado a que cambiase de sillones ya que resultaban demasiado incómodos, además de ser bastante feos.

En medio de la penumbra que dominaba el apartamento por completo, dejó que el sueño la invadiese. Afortunadamente el ambiente destemplado había desaparecido.

Al otro lado de las cortinas y del cristal, la noche tomaba sin resistencia alguna la ciudad. La luna como espectadora observaba a los ciudadanos como se encerraban en sus casas, como las calles se iban quedando poco a poco vacías. Ni siquiera los vagabundos, al menos la mayoría, se atrevían a dormir en los portales o en las estaciones del metro. No desde que apareciesen varios cuerpos brutalmente mutilados. Ahora, apenas empezaba a anochecer se encaminaban en silencio a los albergues que el ayuntamiento tenía abiertos para personas en situaciones extremas, y que en circunstancias normales solo usaban en las noches más frías del invierno.

Y en el otro extremo de la ciudad sin árboles, dos amantes compartían sabanas, labios y sudor. Dos amantes que aspiraban a dominar la ciudad. A dominar a todos y cada uno de sus ciudadanos. Se derramaría sangre. De hecho ya había comenzado a derramarse sangre. La guerra había empezado. No se había planeado así, pero los acontecimientos se precipitaban irremediablemente hacia un final casi apocalíptico. Y eso excitaba sus cuerpos y sus mentes. El sudor recorría hasta los rincones más recónditos de la piel de ambas mujeres.








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martes, 6 de diciembre de 2016

CAPÍTULO 18 PARTE 3 REVELACIONES

R guardó silencio unos instantes. Bajo la atenta mirada de su hija se incorporó de la mesa y dio cortos paseos por el destartalado y destemplado salón. Miró un instante sin dejar de andar a Marcos, que continuaba dormido en el sofá. 

Miró igualmente a Marta. Intentó imaginarse a la pareja. No conocía al chico así pues tampoco podía juzgar. Pero le costaba bastante esfuerzo imaginárselos como pareja. Ahora llevaba metidas las manos en los bolsillos del pantalón. Tenía que reconocer que la chica sabía ya bastante más que él. Se había encargado de hacer entrevistas a personas cercanas a Ana, la amante, novia o lo que fuese del informático, incluso había ido a la empresa para la que trabajaba Pedro, pero no terminaba de tener o sacar nada en claro. Y ahora descubría que por algún extraño motivo Eva no le había dicho la verdad. Si es que ella tampoco… no, esa idea la desechó enseguida molesto consigo mismo. Ella era la forense. Tenía que saber el verdadero motivo de la muerte. Se sintió algo tonto.

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-¿Quién te ha dicho lo de los mordiscos? ¿Y lo de que no murió por los disparos?- R volvió a sentarse a la mesa frente a su hija.

-Tengo mis fuentes. Lo siento.- La chica era realmente inteligente. R se sintió muy orgulloso de la inteligencia que mostraba.

-De acuerdo- asintió el detective- ¿Motivo? Tendría que existir un motivo.

-No lo sé.- Marta se encogió de hombros, mirando de manera seria al detective. 

El cual, guardando silencio durante unos instantes, decidió que era el momento de que la chica conociese el motivo por el que el informático lo llamó. Pero antes se incorporó de la mesa y pidió a su hija que le siguiese. Se acercaron al sofá donde dormía Marcos. R se agachó. En silencio buscó el cuello del joven. Marta lo ayudó y movió con cuidado el cuerpo. 

En el cuello, vieron dos pequeños pinchazos muy parecidos a los que R había descubierto en el cuello de Pedro. Solo que estos tenían un aspecto como de estar desapareciendo. Como dos pequeñas heridas que empiezan a curar. El detective lo observó sin llegar a tocarlo. Notó como el cuerpo del chico desprendía un ligero olor a podrido. Finalmente regresaron a la mesa.

-El motivo es una maceta. Una planta, con un intenso color verde muy vivo.- R asintió con la cabeza, descubriendo entonces como los ojos de su hija se abrían como platos ante él. Mostrando a partes iguales asombro y perplejidad como ingenuidad.

-¿Qué?

-Pedro el informático acudió a mí un día antes de su muerte- Empezó a explicar R- Alguien, al que nunca llegó a ver, le dejó en su casa una maceta. Una planta. El pobre desgraciado estaba asustado, y acudió a mí.

R no podía continuar sentado. Su mente intentaba asimilar todo aquel embrollo que parecía rodear la muerte de aquel informático y ahora también la extraña situación del ex de su hija. Marcos gimoteó desde el sofá. R no le miró. Daba pequeños paseos de apenas tres pasos, para luego girar y volver a repetir la acción. 

Con las manos metidas en los bolsillos del pantalón y la mirada clavada en sus propios zapatos. Pero Marta se acercó a su ex. Sudaba en exceso. Le limpió la frente con un nuevo paño húmedo. En la mesa de centro, había dejado un pequeño barreño con agua limpia y varios paños, igualmente limpios. El chico temblaba, exactamente igual que lo había hecho desde que ella lo encontrase en el cuarto de baño. Mantenía los ojos cerrados, por culpa de unos parpados que pesaban como losas de mármol. Entonces, con bastante dificultad, murmuró algo que Marta apenas llegó a entender. Pasando una vez más un paño húmedo por la frente, y acercando su rostro al del joven le pidió en voz baja que lo repitiese. Marcos, entre temblores y sudores dijo dos palabras que tanto a Marta como a su padre que en ese momento se había acercado al sofá no les eran desconocidas.

-Lucia…librería…- Fueron las palabras del joven.


A Marta porque conocía personalmente a Lucia. Y a R porque recordaba el nombre que aparecía en la tarjeta que Ana le había entregado. Era la librería en la que la escritora realizaría la firma de libros. Tanto padre como hija se miraron un instante. Marcos volvió a perder el conocimiento.



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miércoles, 30 de noviembre de 2016

Premio Liebster Awards


Quisiera agradecer a Jose Age su inesperada nominación de los Liebster Awards a mi 

blog. Es toda una sorpresa para mi.


Yo ya conocía su trabajo, y sigo sus publicaciones. 


Y quisiera aprovechar para animaros a conocer su blog.


https://relatosdescerebrados.blogspot.com.es/







Mis nomidados son:



http://vivenciasdesdemiatico.blogspot.com.es/  de Juan José Hernandez Maldonado










Espero y confío en que todo esté bien redactado y claro. Cierto es que hay centenares de blogs que se merecen ser nominados.
Un saludo a todos.





Las reglas oficiales de este premio los podéis mirar en:


http://liebsterawards.blogspot.com.es/p/reglas.html , que en síntesis son:



1.- Agradecer al blog que te ha nominado.
2.- Responder a un cuestionario que integra 11 preguntas.
3.- Nominar a 10, 11 o 20 blogs que tengan menos de 200 seguidores.
4.- Avisar a los premiados de la concesión, bien en su blog o desde las redes sociales.
5.- Formular 11 preguntar a los blog que se han nominado.



Ahora  responderé a las preguntas de Jose Age:


1. - ¿Haces tu blog por diversión?
  
     Me gusta escribir. Y el que la gente lea lo que escribo es casi una necesidad más que una diversión.


2. - ¿A veces te da un poquillo de vergüenza de lo que has puesto, cuando ha pasado algún tiempo  y le hechas una mirada ? 

Nunca lo había pensado. Pero antes de publicar se revisa todo cien mil veces pues supongo que...no siento vergüenza después de algún tiempo.

3. - ¿Tienes envidia de algún otro blog?

  De ninguno


4. - Si a la anterior pregunta has respondido sí, ¿de cual, si es posible?

5. - ¿Tienes tiempo para leer los blogs de los colegas?

Siempre que puedo, por supuesto.


6. - ¿Tienes una de tus entradas en tu blog a la cual le tienes un cariño especial?

 Siempre hay alguna entrada  que gusta más que otra.


7. - ¿Te alegras cuando te dan un voto positivo o eres un tipo/a  duro/a y  pasas de eso/a?

 ¿Y a quien no le alegra que le den un voto positivo? Es un gesto muy de agradecer que el publico pierda tres minutos de su tiempo en leer alguna entrada del blog.

8. - ¿Te sorprende a veces que te lean?

  Me alegra mucho. Y me ayuda a seguir escribiendo.

9. - ¿Como llevas los niveles de "audiencia"?

 No me preocupa mucho.

10. - ¿Repasas los textos o los dejas tal como te han salido?

Por supuesto que se repasan. Aunque siempre al final hay algo mal que se cuela.


11. -¿Le vas a contar a tu pareja, amigo, compi de curro o lo que sea, que te han nominado a un premio por un blog que tú haces?

Claro.


Ahora...las once preguntas: 

      1-  Por que decidiste hacer un Blog?
    2- A quien Admiras entre La Blogosfera (Mundo del Blog)
    3- En que país te gustaría vivir?
    4- Por que crees te he Nominado a un Liebster?
    5- Tu mejor entrada?
    6- Tu peor entrada? (La que menos te guste)
    7- Blog Favorito
    8- De que te Gusta Escribir Mas En Tu Blog?
    9- Cada cuanto tiempo actualizas tu blog?
   10-  Lees y comentas otros blogs?
   11- Te gusta que el público comente tu blog?






martes, 29 de noviembre de 2016

CAPÍTULO 18 PARTE 2 REVELACIONES



Frente a R la espantosa imagen de Marcos. Era evidente que había sido víctima de una paliza o algo peor. Mostró su preocupación y sin apartar la vista del rostro herido, sentenció convencido de que lo mejor sería llevarlo a un hospital. A urgencias. Quizá tuviese algún hueso roto o hemorragia interna.

Estarían más tranquilos sabiendo que, aparte de los moratones, las hinchazones de la cara y el cuerpo, no tenía nada más grave. Pero Marta negó con la cabeza. Mientras R estaba de camino y ella limpiaba al joven toda la sangre con paños húmedos y cubría sus heridas, en la medida de lo posible, él le había dicho que no quería salir de su apartamento. 

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La voz apenas era entendible incluso para Marta que estaba a su lado, pero le oía repetir que ya no había tiempo, que ya estaba muerto. Ya nadie podría salvarlo de su fatal destino. Lo había dicho sin apenas poder abrir los ojos. Sentía que los parpados le pesaban como si tuviese un par de anclas de un buque de la armada atadas a ellos. A la vez que intentaba no quejarse cuando la chica le pasaba con todo el cuidado posible el paño húmedo por las heridas.

Ahora, R lo observaba ligeramente retirado, a un par de metros. Guardaba silencio. Tenía las manos metidas en los bolsillos de su abrigo. No se lo había quitado al entrar, ni siquiera se lo había desabrochado. En el interior del apartamento se notaba bastante frío. Marta regresó de la cocina. 

Fue directa hacia su padre, y dobló los brazos junto a su pecho, síntoma igualmente de que sentía el frío. Marcos dormía en esos momentos. Hacía tan solo unos minutos, justo antes de que llegase R, que había encendido la calefacción y todavía tardaría un poco en calentarse el ambiente.

-Tenemos que hablar- murmuró la chica.

Se sentaron en la mesa. Antes, la chica se había acercado a comprobar cómo iba el joven. Parecía que dormía plácidamente. Aunque de vez en cuando su cuerpo sufría ligeros escalofríos, y su frente brillaba bajo el sudor que desprendía de manera incontrolada seguramente por la fiebre. Sobre la mesa, algunos libros que R retiró ligeramente hacia un lado.

-¿Salías con ese?- le preguntó en voz baja R cuando la chica se sentó a la mesa.

Marta resopló. Miró un instante de nuevo hacia donde descansaba Marcos para luego volver la atención a su padre.

-Es un buen chico, y muy inteligente- dijo en voz baja- solo que…

Le costó un poco continuar. R notó en su voz algo de nostalgia, algo que podría parecer preocupación por aquel joven, y lo último que quería el detective era que su hija se sintiese incomoda.

-Dime- cortó R con una ligera sonrisa.- ¿Tienes algo que contarme?

-Recuerdas el otro día cuando estuvimos tomando café. ¿Y me preguntaste si creía en los vampiros?- Marta intentaba hablar en voz baja. No quería despertar a Marcos.

-Si- R mostró un pequeño gesto de desaprobación, y como de no dar mucha importancia a ese hecho.- No me harías caso ¿verdad?

-Días antes vino a visitarme- confesó ella mirando un instante a su ex, para luego volver a mirar a su padre, ahora dibujando un gesto de preocupación- Vino con la estúpida historia de que tenía un problema: que le había mordido un vampiro.- Y resaltó con gran énfasis la última frase.

Casi al instante R dibujó en su mente las dos marcas que Pedro el informático tenía en el cuello el día que lo vio en el depósito. Pero no dijo nada, quería ver que le contaba su hija.

-¿Un vampiro?- preguntó intentando hacerse el despistado.

-Vamos pa… - la chica dudó un instante- Vamos R, él me dice que le ha mordido un vampiro y poco después tú me preguntas sí creo en ellos ¿casualidad?

-Claro que es casualidad cariño- R se negaba a meterla en medio de todo aquello, fuese lo que fuese que rodease la misteriosa muerte de Pedro el informático.- Yo te lo pregunté por curiosidad y lo de este pues…- miró a su alrededor mostrando con el brazo extendido el desordenado apartamento. Marta negó con la cabeza.

-No.-dijo completamente convencida- Soy periodista ¿recuerdas? O por lo menos intento serlo. Después de tu pregunta y con lo que me contó Marcos investigué un poco.

-¿Investigaste? ¿El qué?- R estaba preocupado por la chica.

-Sé que fuiste al depósito de cadáveres- dijo ella- y sé que no te dijeron la verdad.

-Continúa- R empezaba a ver que aquello podría resultar interesante.


-El tal Pedro no murió de dos disparos. Murió porque un vampiro lo mordió. Los disparos fueron posteriores, para cubrir el mordisco



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