jueves, 18 de febrero de 2016

EL RÍTMICO SILENCIO DEL VERANO

Se tumbó en el sofá que tenía en el salón de su casa y perdió la mirada hacia la puerta.

La primavera inauguraba su primera semana. La puerta abierta de par en par y la vieja cortina que la cubría se zarandeaba ligeramente por una tímida brisa.

El sol se abrió paso por entre unos nubarrones, y durante unos minutos la luz brillante azotó con inusitada fuerza para esa época del año la cortina. Fuera, el jardín delantero de la casa.

Y de repente, tumbado en el sofá y mirando hacia la cortina y el sol bañando el jardín, sintió lo que le gustaba llamar como “el rítmico silencio del verano”

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Era lo único que echaría de menos cuando llegase el momento de partir. Aquel instante en los calurosos veranos, hacia las cuatro de la tarde, cuando intentaba echar una cabezada.

El calor cayendo de golpe, el silencio reinante, tan solo el sonido de alguna chicharra a lo lejos rompiendo de manera sutil un silencio absoluto.

Silencio. Silencio. Dejándose notar incluso el peso del sofocante calor del verano.

Y por alguna extraño motivo, sintió lo mismo ese mediodía apenas comenzada la primavera. El rítmico silencio del verano parecía querer darle una sorpresa. Sonrió en silencio. Gozando de aquel momento.

Silencio. Silencio.

Una mosca a lo lejos. El sol se resistía a desaparecer entre los nubarrones. Sus ojos se cerraron lentamente. La paz interior que le proporcionaba aquel instante lo acompañaría durante toda la eternidad

3 comentarios:

  1. Me encanta el relato, amigo. Lo revivo cada vez que puedo, tal cual lo cuentas. Además adoro el silencio.

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  2. Me encanta el relato, amigo. Lo revivo cada vez que puedo, tal cual lo cuentas. Además adoro el silencio.

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