lunes, 16 de mayo de 2016

TINIEBLAS. CENANDO Y ALGO MÁS CON LUCIA


Segunda  parte del capítulo nº9 de La Historia de la ciudad sin árboles.




                             PARTE 2

Y a las nueve (en realidad eran las nueve menos cuatro minutos) Marcos pulsó el pequeño y desgastado botón del telefonillo. Al otro lado no se escuchó ni una sola palabra, solo el carraspeo de que cogían el telefonillo y pulsaban para abrir la puerta del edificio pasados unos segundos. 

El portal era bastante grande. Solitario, frío. Había un pequeño despacho, seguramente que pertenecía al portero, pero que estaba cerrado en esos momentos. El suelo, vestido de un frío mármol color granate y adornado con una alfombra de tonos oscuros situada en el centro, lo condujo tras subir varios escalones, a los ascensores. Dos. Uno para las plantas pares y otro para las impares. Cogió este último, pues Lucia vivía en el noveno.

-¿Conocías el barrio?- Preguntó la mujer algunos minutos más tarde, mientras servía un par de copas.

-Nunca he estado por aquí, pero si conocía la zona- Champan. No le gustaba el champan. Pero tuvo que hacer como si le gustase. Y bebió con ella. Un sorbo pequeño, menos mal.

Se encontraban en el salón del piso. Bastante amplio. Amueblado con bastante estilo aunque no de manera muy ostentosa. Después de todo, solo era la sencilla propietaria de una vieja librería. Muy reconocida sí, pero, una librería al fin y al cabo. Como era de esperar, enormes estanterías llenas de libros, desde el suelo al techo cubrían al menos una de las paredes. Con preciosas alfombras que cubrían prácticamente todo el suelo, y espesos cortinones que impedían en esos momentos ver la ciudad nocturna por los cristales de los ventanales del salón.

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-¿Crees en los vampiros?- Avanzó unos pasos hasta sentarse, junto a Marcos, en el borde de uno de los dos sofás que había en el salón. Buscó al joven con la mirada. Sin soltar la copa se acercó, quedando a su lado. El olor de su perfume llegaba sutilmente hasta él. Le miró a la cara. Su mirada era tranquila, cautivadora. Con cuidado le quitó la copa de la mano y dejó las dos sobre la mesa de centro.

-Yo diría que sí cree en los vampiros, ¿no es así Marcos?- Una voz femenina sonó de repente desde el otro extremo del salón. El joven se giró desde su posición en el sofá, buscando aquella voz que le resultaba ligeramente conocida. Lucia lo seguía con la mirada y acompañada con una ligera sonrisa en su rostro. Desde el pasillo que daba a las habitaciones del piso, apareció la mujer con la que ya se había encontrado, y no hacía mucho tiempo. Su paso era lento, pero firme. Seguro. Vestía un elegante vestido de tirantes y de color negro que le llegaba hasta los tobillos, donde ligeramente asomaban unos zapatos negros de tacón. Su melena rubia y brillante colgaba por sus hombros desnudos, donde solo se veían los tirantes del vestido sobre una fina y resplandeciente piel.

Un pronunciado escote que dejaba a la luz unos bonitos y firmes pechos, remataba una figura realmente excitante e impresionante en todos los aspectos. Miró un instante a Lucia. Vestían prácticamente igual las dos mujeres, excepto en el color del vestido. Se incorporó lentamente, algo desconcertado. Golpeó sin querer la mesa de centro con la rodilla y ambas copas cayeron sobre la alfombra. Miró un instante el líquido derramado. Lucia se incorporó a la vez que miraba el champan. 

-Creo que el joven está algo nervioso- murmuró Lucia alargando su brazo y pasando sus finos dedos por la barbilla del joven, muy lenta y suavemente. Como si fuese una caricia.- Aunque creo que las copas en el suelo es el menor de sus problemas.


Miró a las dos mujeres. Sintiendo que el terror invadía su cuerpo. La mujer vampiro con su imagen imponente y Lucia junto a él con una aterradora pero preciosa sonrisa. Intentó salir corriendo del piso. Pero la mujer vampiro se interpuso en su camino en un ágil movimiento que apenas fue visible por el joven, y que le cortó el paso casi al final del salón, justo cuando estaba a punto de llegar al recibidor. Cayó al suelo. La mujer vampiro le cogió del brazo izquierdo y lo levantó como si apenas pesase un par de kilos. Lo condujo lentamente hasta el centro del salón, donde le dejó de pie, junto a los sofás. Rodeado por las dos mujeres.

Capítulo 9 parte 1 

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