lunes, 13 de junio de 2016

CAPÍTULO 11 UN REENCUENTRO INESPERADO 2


Una semana más. 
Segunda parte del capítulo 11. Espero que os guste.

Aprovecho para dar las gracias a todas aquellas personas que semana tras semana visita el blog.

Muchas gracias.


PARTE 2


La joven se detuvo justo antes de empezar a subir los pocos escalones que tenía la entrada al portal. Sobre el plástico del paraguas rebotaba el agua de la lluvia, produciendo un continuo golpeteo que resultaba curiosamente armonioso. 

Se giró, y una imagen algo más alta que ella, con las manos escondidas en los bolsillos de la cazadora se detuvo en el borde de la acera, a un par de metros de distancia, como si no se atreviese a acercarse más.

-Marcos- murmuró algo sorprendida. No esperaba volverlo a ver.

-¿Podemos hablar?- Marcos se despojó lentamente de la capucha, y Marta encontró bajo la oscuridad de la noche, un rostro blanquecino, casi enfermizo. Él siempre había sido algo blanco en cuestión de la piel, pero aquello…era como si no se encontrase en perfectas condiciones. Además, notaba su voz algo débil, mortecina.

-¿Te encuentras bien?- La joven no supo si acercarse o no. El agua continuaba cayendo sobre el paraguas y sobre Marcos. Alrededor de la pareja.

-Por favor Marta, creo que estoy metido en un lío.

Imagen de https://pixabay.com/



Se sentó en el sofá. El mismo en el que había estado incluso tumbado tantas veces. Pero con la diferencia de que ahora lo invadía la extraña sensación de ser una visita no muy agradable, aunque lo hubiese invitado a subir. A regañadientes eso sí. 



Miró a su alrededor, y descubrió que todo estaba más o menos a como lo recordaba. Algunos dvd`s sobre la mesa. Todos de películas de terror. A Marta le encantaba el terror. Y si eran de vampiros mucho mejor. Y siempre tenía sobre la mesa de centro algunas películas.

Era una de las manías de la chica, aunque tuviese una estantería para los dvd`s, sobre la mesa no podían faltar por lo menos tres cajas con sus respectivos discos. Qué curioso pensó con una ligera e irónica sonrisa, de vampiros. Recordaba que fue ella quien lo animó a que escribiese en su blog sobre esos seres nocturnos.

Aguardó pacientemente sentado en el sofá. Marta había entrado en su dormitorio a cambiarse. Y cuando estuvo de vuelta en el salón, se sentó frente a él. Llevaba puesto un vaquero bastante viejo, y un jersey igualmente viejo, y que ya no utilizaba para vestir a diario, de lana de cuello alto y color verde claro.

Y aunque en el piso no hacía frío, a ella le gustaba vestir con esas ropas en casa. Se sentía cómoda. Y le gustaba sentirse cómoda cuando estaba en casa. Lo miró en silencio unos segundos. Marcos descubrió que la chica estaba más guapa que nunca. Realmente se sintió como un idiota por dejar que lo suyo acabase. Y era además una mujer muy inteligente. Alguien con quien realmente hubiese valido la pena pasar el resto de su vida.

-Bien- dijo en voz baja- Tú dirás.

Marcos se removió ligeramente inquieto en su asiento. No sabía muy bien como decir aquello.

-Creo que me ha mordido un vampiro. Bueno en realidad una vampiro.- 

Durante unos segundos no supo tener quietas las manos. No sabía si tenerlas juntas sobre de las piernas…si apoyarlas en el sofá…

-¿Qué?- preguntó en voz baja Marta abriendo los ojos de par en par completamente sorprendida y desconcertada por lo que acaba de oír.

-Mira- El joven no quiso volver a pronunciar la palabra “vampiro” y en su lugar mostró las pequeñas heridas de su cuello, justo donde tenía el “mordisco”.

Marta lo miró sin moverse de su posición. Le observó durante los pocos segundos que él mostró lo que parecía una herida. Después Marcos volvió a su posición original en el sofá, mirando a la joven.

-Desinfecta el apartamento, tienes ratas muy grandes.- Marta respondió pasados un par de segundos y tras mirarle fijamente a la cara.

-No me crees.

-Como coño quieres que te crea ¿Eh Marcos?

La chica se levantó de su asiento y se acercó al ventanal que tenía el salón. Lo decoraba un elegante y fino visillo color vainilla. A través del cual podía ver la oscuridad de la noche y las luces que la gran urbe ofrecía a esas horas.

Tenía las manos en los bolsillos del vaquero. Marcos esperaba en silencio y sentado en el sofá, mirando a la chica.

-¿Tienes problemas Marcos?-Preguntó girándose y mirando a su ex.

-Ya te lo dicho- respondió él en voz baja- creo que me…

-Deja esa gilipollez de los vampiros- Gritó exasperada.- Me refiero problemas de verdad, dinero…drogas…

-No- bufó Marcos incorporándose. Quiso acercarse a ella, pero se mantuvo de pie entre el sofá y la mesa de centro.- ¿crees que me lo he inventado?

-Si- Contestó completamente convencida y casi al instante- Por supuesto que creo que te lo has inventado. Nunca hablamos de porque lo dejamos, qué motivos fueron los que me llevaron a dejarte.

-No sé por qué me dejaste, claro que no.- confesó Marcos controlando su tono de voz. Era una persona que no le gustaba demasiado chillar, y mucho menos a ella.- pero cómo hostias voy a querer mentirte con una cosa como esta ¿eh?

Marta movió la cabeza. Lentamente se acercó a la mesa de centro y tras coger un DVD en cuya portada se mostraba un vampiro en lo alto de un edificio se lo mostró enérgicamente frente a la cara.

-Porque los putos vampiros solo existen en las películas ¿entendido?

-Él tuvo que mover ligeramente la cabeza hacia atrás para evitar que la caja del DVD lo diese en la nariz- Deja de soñar en que vas a convertirte en un gran escritor ¿Eh? Limpia ese asqueroso apartamento en el que vives, búscate un trabajo de verdad y sobre todo, y lo más importante de todo, deja de pedir dinero a tus padres ¿entendido? Crece, por Dios, crece de una puta vez.

Aquellas palabras retumbaron en el interior del piso de Marta de manera brutal y desgarradora. Pero sobre todo retumbaron en el interior de Marcos. Su mirada se quedó clavada en el rostro de la chica durante unos segundos. Perdido, muerto, destrozado por dentro.

Una sensación de insignificancia enorme. Y esa sensación pareció llegar a la chica que entonces se percató de todo lo que acababa de soltar por su boca. Aquellas palabras iban más allá de la tontería de los vampiros. Encerraba sin duda alguna la raíz de un problema posiblemente sin resolver entre ellos dos. Y había estado encerrado sin poder salir, sin un momento adecuado para salir. Hasta esa noche.

-Lo siento, no quise… - Marta no supo que hacer o que decir. Dejó caer con suavidad la caja de DVD de nuevo sobre la mesa. Retrocedió unos pasos, asustada de ella misma. Era injusto todo lo que acababa de decir. Ciertas algunas cosas, no todas, pero injusto no obstante. No se las merecía. Era una buena persona, y un buen escritor.

El silencio se adueñó del interior del piso. Marcos fue abriéndose camino entre todas aquellas palabras que ella había ido diciéndole hasta que finalmente despertó. Movió la cabeza de arriba abajo varias veces, desviando la vista de la chica, hacia ninguna parte en concreto. Sentía vergüenza de que lo mirase. Se sentía avergonzado.

-Perdona por haberte molestado.- La voz del joven apenas llegó a los oídos de ella. Quien en completo silencio lo vio salir del piso. La puerta principal se cerró casi en silencio, sin hacer ruido. Durante unos instantes permaneció de pie, sin saber muy bien que hacer. Si se giraba y miraba por la ventana hacia abajo, seguramente lo vería saliendo del edificio. Pero no podía. Reconocía que se había pasado al hablarle así.

-Maldita sea- terminó por escupir la queja.

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