lunes, 4 de julio de 2016

Y LLEGÓ EL VERANO


Llega el verano, y con él nuestra vida cambia queramos o no.

Los días son más largos, las noches...las noches son inolvidables, mágicas, distintas. 

No quiero analizar ni tirarme el "rollo" hablando de lo que hacemos en verano o como esta época del año nos afecta.

Cada cual, bien sea un trabajador, estudiante, parado, sabe demasiado bien qué hacer o puede hacer en verano. Lo que es indudable de que en esta época abrimos el ordenador bastante menos de lo que lo hacemos el resto del año.

No terminamos de estar "desconectados" del todo, pero es cierto que no estamos tanto tiempo frente a la pantalla. 

Por eso es, que aprovecho este momento para anunciar que hasta el 5 de septiembre no volveré a publicar más capítulos de "La historia de la ciudad sin árboles"

Confío en que esta decisión sea entendida para bien. Hay mucha gente que sale de vacaciones, no se conecta tanto (como antes he dicho) y es por eso que tomo la decisión de no publicar más capítulos hasta el 5 de septiembre.

Personalmente no me voy de vacaciones, pero aprovecharé para actualizar un poco el blog, e ir aprendiendo un poquito más para que las visitas al mismo sean más agradables para el lector.

Continuaré publicando todas las semanas, pero nada relacionado con "La historia de la ciudad sin árboles"

Gracias.




Este es un relato breve que también podéis encontrar pinchando aquí


A RAS DEL SUELO

No recuerdo exactamente en que momento de mi vida empezó a ocurrir. Ni qué motivo fue el desencadenante para su aparición. Solo sé que ahora tengo que vivir a ras del suelo.

Soy una persona normal, con un trabajo…una mujer a la que amo y con la que probablemente me case…una casa bonita a las afueras de la ciudad…amigos y amigas normales… ¿Feliz al cien por cien? Quizá no todo el mundo llegue a ser feliz al completo a lo largo de su vida.

https://pixabay.com/


Pero lo cierto es que no sé por qué una extraña sensación de… ¿querer morir? Si, podría ser esa una buena y curiosa definición, querer morir, me sacude la mente cada vez que mis pies dejan de pisar tierra firme, cuando subo a un piso superior a un primero o segundo de altura. No tengo vértigo, creo, pero un miedo terrible me inunda estando en la terraza de un piso.

No hace mucho mi novia y yo estuvimos en el piso de una pareja amiga recién casados. Se trataba de una visita de cortesía, para mostrarnos su nueva vivienda…tomar una copa…incluso cenar. Durante el “tour” por el nuevo piso, mi colega y yo salimos a la terraza. Le apetecía echarse un cigarrillo. Yo he de decir que no fumo. Charlando y oyendo en el interior del piso a su mujer y mi novia, fueron pasando los minutos. 

Fue entonces cuando él abrió la ventana de la mampara de la terraza, ya que se trataba de una terraza cerrada. Inconscientemente me asomé. Se trataba de un octavo piso. Rápidamente tuve que retirarme, incluso entrar en el salón. Mi colega se asustó, y mi novia se interesó por mí al verme sentado en uno de los sillones, completamente con la piel blanca. No sentía mareo. 

Lo que sentía era que al ver aquella ventana abierta, y el “vacío” que se abría ante mis ojos un miedo atroz me golpeó con fuerza. Un miedo ante la idea de que mi mente deseaba saltar al vacío. Y sentía como mi cuerpo no respondería. No podría controlar mi propio cuerpo, ni a mi propia mente. YO, quedaba en un segundo plano y mi mente se convertía en un ente independiente, en el que obligaba a mi cuerpo a lanzarse al vacío. Y sentía en mi interior que no podría evitarlo, que por más que luchase, el cuerpo no me respondería. Perdería el control de cuerpo y mente, y solo sentiría el golpe al caer en la acera ocho pisos más abajo. 

Al día siguiente, a la hora de comer, no salí de la oficina en la que trabajo de nueve a seis. Subí a la azotea. Un lugar donde algunos compañeros y compañeras de la empresa suelen salir a fumar un ratillo. Al abrir la puerta de acceso y ver ante mis ojos la enorme azotea, no sentí nada. Creí que lo del día anterior en el piso de nuestros amigos había sido algo aislado. Pero a medida que me acercaba al final de la azotea y el “vacío” se abría ante mí, empecé a tener la misma sensación. Las piernas se me doblaron, y sentí que tuve que hacer un gran esfuerzo para retroceder sobre mis pasos y agarrarme a la puerta abierta de acceso al interior. Mi mente volvía a convertirse en un ente. Un ente que obligaba a mi cuerpo a desobedecerme y saltar al vacío. ¿Habitaba alguien en mi mente que desease mi muerte? Agarrado a la puerta y con el cuerpo medio doblado, lloré desconsolado. ¿Quién vivía conmigo? ¿Escondido en mi propio cerebro, en mi propia mente, que solo deseaba que me lanzase al vacío? Y miré al final de la azotea, donde veía el brusco corte de hormigón del edificio y después el vacío. “Salta, salta, salta” Una voz martilleaba mi cerebro. Me arrastré al interior. Caí rodando por las escaleras, unos doce escalones.

Un brazo roto y un tobillo torcido producido por la caída. Me dieron la baja.

Sentado en el jardín de mi casa, observo como no muy lejos de donde vivo, los edificios se alzan majestuosos. Los miro fijamente. Parece como si ellos me mirasen. Como si me llamasen e invitasen a subir. Porque algo desea mi muerte. No he mencionado nada a mi novia, a la que noto preocupada cuando me sorprende mirando fijamente a los altos bloques de hormigón y cristal. Intento tranquilizarla.

Tendré que convencerla de que trasladarnos al centro en cuanto demos el paso de casarnos, tendrá que esperar. O tendrá incluso que cancelarse. No puedo enfrentarme a los edificios, a las alturas. Sé con toda certeza que me vencerían. Que al final, saltaría.

Tendré que vivir toda mi vida a ras de suelo.










2 comentarios:

  1. A ras de folio las letras, la emocion de leerlas...a ras de nubes.Emocionante.Felicidades.

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    1. Gracias amigo. Un placer y un honor verte por aquí.

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