lunes, 12 de septiembre de 2016

CAPITULO 13 UNA POSIBLE ALIADA PARTE 1




Después del parón veraniego, volvemos con las publicaciones semanales de "La historia de la ciudad sin árboles"

Seguimos con la formula de dividir los capítulos en dos partes o incluso en tres en algunas ocasiones.

Os recuerdo también que si queréis podéis adquirir el libro pinchando AQUÍ.

Gracias y espero que disfrutéis de la lectura.




A última hora de la tarde recibió la agradable visita de Isabel. Le encontró ojeando unos documentos en su sillón de cuero, con los pies sobre la mesa. La persiana estaba echada, y la luz del fluorescente iluminaba el interior de la oficina. Salió al encuentro de la joven en cuanto entró. Se besaron.

-¿Llego demasiado pronto?- Isabel se sentó tranquilamente en el sillón destinado a los clientes, mirando a su detective.

-Solo tardo cinco minutos- R mostró una ligera sonrisa volviendo su atención a los documentos.

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Algunos minutos después, la oficina echaba el cierre hasta la mañana siguiente. Por suerte no llovía. Al final, el sol había ganado aquella batalla contra las nubes, y no había llovido durante todo el día. Aunque a media tarde un ligero aire hizo que la temperatura descendiese ligeramente.


R guardó sus manos en los bolsillos del abrigo e Isabel lo cogió de un brazo y se pegó a él mientras caminaban por la acera, siendo testigos de cómo el anochecer se adueñaba lenta e irremediablemente de aquella ciudad en la que vivían y en la que probablemente morirían.

-Podíamos pasar por la tapicería- Dijo en un momento Isabel mientras cruzaban por un paso de peatones. El semáforo estaba en rojo para los vehículos que aguardaban pacientes con el motor en marcha. R asintió con la cabeza, sintiendo y agradeciendo como Isabel se acercaba más a él mientras caminaban. Pasaron por la tapicería. 

Habían decidido cambiar las cortinas. R era consciente de que las que tenía en esos momentos en el piso eran bastantes feas, y muy viejas. La decoración nunca había resultado ser su fuerte, ni tampoco lo había prestado demasiada atención. Ya en el interior de la tapicería, mientras Isabel revolvía entre los muestrarios de telas eligiendo la tela para las cortinas, pensó en la casa de Pedro. ¿Cómo sería vivir a las afueras? No precisamente en esa casa, pero en un barrio similar. Sin vecinos ni arriba, ni abajo, ni en los laterales. Sin ascensores, ni portales.

-A mí me gusta el centro- Confesó Isabel mientras cenaban, algo desconcertada por el extraño y repentino interés del detective por las afueras. La televisión estaba apagada. Después la encenderían para ver alguna película, pero normalmente les gustaba cenar con ella apagada. Las cortinas del salón a medio abrir dejaban a la vista un trocito de la ciudad a oscuras, salpicada por puntitos de luces multicolores.- Creí que a ti también te gustaba vivir en el centro.
-Y me encanta vivir en el centro.

-¿Entonces?

-No lo sé. Solo fue…una tontería.

El tema de la casa a las afueras quedó en nada, ya que a ambos les gustaba vivir en el centro. Y aquello solo fue una tonta ocurrencia de R. Poder ir al trabajo sin tener que coger el coche. Poder ir a por el pan sin tener que coger el coche. Siempre con el coche de un lado a otro en caso de vivir a las afueras. ¿Dónde estaba entonces la comodidad?  Después hablaron de la mudanza. No había prisa pero en un mes Isabel tenía que dejar vacío el piso en donde estaba viviendo. Ya había avisado al casero y tenía ese mes pagado con la fianza. Harían la mudanza tranquilamente los fines de semana. Sin agobios. Aunque conociendo a Isabel, pensó R, al final harían la mudanza en un solo fin de semana de prisa y corriendo. 



Y finalmente volvían a disfrutar el uno del otro. Desnudos en la cama se descubrían una y otra vez como si fuese la primera vez que compartían cama. Se conocían, sabían perfectamente qué era lo que les gustaba a ambos, y qué no. Sus cuerpos sudorosos, sus respiraciones entrecortadas. Sumergidos en la oscuridad del dormitorio acariciaban los cuerpos desnudos. Dibujaban en la intimidad de la noche múltiples posturas. Sus labios en medio de la oscuridad sabían qué partes de los cuerpos besaban a cada momento. Al final, exhaustos y abatidos entre jadeos y sudores caían rendidos el uno junto al otro.  


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1 comentario:

  1. De agradable lectura, se sigue perfectamente el hilo gracias a los detalles tan bien especificados que hacen que los personajes nos sean cercanos y la ciudad prácticamente reconocible.
    K.S

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