jueves, 20 de octubre de 2016

MI EXPERIENCIA EN LA CÁRCEL

Os presento un relato, entre capítulo y capítulo de mi novela "La historia de la ciudad sin árboles", que está basado en hechos reales. Mi propia experiencia en la cárcel.



Nunca había visto antes tan de cerca una cárcel. Su simple estampa, allí alzada en medio de un descampado, parecía advertir que no era precisamente un lugar agradable.

Vallas metálicas rodeando el recinto, edificio irregular de ladrillo visto y grandes ventanales por un extremo y pequeñas ventanas por otro. Un aspecto frío y desolador.


En algunos puntos, colocados sin duda de manera estratégica, se alzaban varias torretas con guardias armados.
Nos hicieron cruzar por una primera verja metálica. Dos guardias flanqueaban la fría y ancha entrada principal. Tras el cierre metálico a mi espalda no pude evitar que mi estómago se contrajera un instante. Ajusté mi bolsa de deporte que colgaba de mi hombro y avancé con el resto del grupo. Dos puertas más. Apenas eran las diez de la mañana y la fachada de aquel inhóspito edificio ya proyectaba en el liso suelo de tierra unas macabras sombras negras como el mismo corazón del alma de un escarabajo pelotero.

Accedimos al interior. No podíamos evitar, los doce o trece que formábamos aquel grupo, mirar todo a nuestro alrededor. Creo que de todos los que íbamos, esta, era la primera vez que entrabamos en una cárcel. Cruzamos varias puertas bastante sólidas, no sin antes mostrar nuestros carnets de identidad y mostrar el interior de nuestras bolsas (casi todas de deporte). Todo lo metálico se tuvo que quedar fuera, al igual que los carnets. Y tras volver a pasar por un nuevo detector de metales (cruzamos dos o tres) accedimos a un ancho pasillo dividido justo en el centro por una pared metálica. A la derecha de la verja para los que entrabamos, y a la izquierda de la verja para quienes salían hacia la entrada principal u otras partes del complejo.

El pasillo no era muy largo, pero si era algo siniestro. Era como si a medida que avanzásemos la oscuridad nos iba cubriendo, y la luz de la entrada principal iba quedando peligrosamente atrás. Por el “carril” de la izquierda se cruzaron dos presos. No pudimos evitar echarles un fugaz vistazo. Uno de ellos bestia con chándal azul marino, y el otro con un simple vaquero viejo y una camiseta de España`82. Su paso era tranquilo, y el gesto de ambos parecía bastante normal, afable incluso diría yo.

-Eh!!- dijo el del chándal azul cuando nos cruzamos en el pasillo, ellos a un lado de la verja y nosotros al otro lado.- Del Barca!!.- Me señalo esbozando una cordial sonrisa y levantando el brazo como diciendo “el mejor equipo el FC Barcelona”. He de decir que yo en aquella época vestía algunas veces con chándal (una prenda que por cierto hoy en día detesto) y precisamente aquella mañana llevaba un chándal del mencionado equipo de futbol.
Yo levante ligeramente la mano en forma de saludo y el preso en cuestión continuó por su lado del pasillo con su cordial sonrisa y repitiendo a media voz el nombre del equipo de futbol.
-Empiezas a tener colegas aquí dentro- me dijo uno del grupo dándome un ligero golpecillo en el hombro, y sonriendo al final.

Al final del pasillo encontramos una puerta abierta por la que accedimos a una pista cubierta. Sin duda alguna era un gimnasio. Porterías de futbol sala…canastas de baloncesto…una grada justo en frente de la entrada…
-la segunda puerta es la vuestra- Nos dijo el guardia que nos acompañó desde la entrada principal. Su tono era bastante amable.- Si necesitáis algo estaré en el pasillo.

Aquel “Polideportivo” estaba vacío en ese momento. Algunos balones de baloncesto descansaban tirados por la cancha, mientras que la luz de la mañana se colaba y bañaba parte del recinto, por unos ventanales casi a ras del techo y colocados en una de las paredes.
Tras “nuestra puerta” estuvimos no más de media hora. Teníamos nuestros uniformes y sabíamos qué teníamos que hacer. Nos cambiamos en silencio. Aquello era un simple vestuario, con asientos…duchas… Algunos hablaban entre sí y otros salieron a la cancha y dieron algunas patadas a un balón de futbol sala que encontramos en el vestuario. Después, el mismo guardia que nos había acompañado a la entrada nos llevó por un nuevo pasillo. Durante todos nuestros trayectos el paisaje era el mismo, verjas…ladrillo visto de aspecto frio…guardias…ventanas con rejas…

Apenas un minuto después, salíamos a un recinto abierto. Parecía estar situado a un extremo del completo, ya que todos los edificios que conformaban la cárcel quedaron a nuestra espalda y a nuestra izquierda. Pero enfrente y a la derecha continuaban las altas vallas metálicas y un par de torretas con guardias armados. Pero he de reconocer que cuando salí al exterior y pude ver el campo de futbol que se extendía ante nuestra vista pude respirar tranquilo. Una bocanada de aire fresco liberó mis pulmones. El grupo avanzó hacia el terreno de juego. Algunos presos, seguramente los menos peligrosos, se apostaban junto a las bandas para presenciar el partido. Nuestro rival, el equipo de la cárcel, calentaba ya en su parcela del terreno de juego, preparados para empezar el partido. Por nuestra parte, estuvimos calentando unos minutos y recibiendo las últimas instrucciones por parte de nuestro entrenador hasta que apareció el árbitro.

El partido fue duro, para qué negarlo. Los jugadores que formaban el equipo de la cárcel eran casi todos sudamericanos…africanos… algún que otro rumano y un par de españoles y no eran precisamente muy deportivos que digamos. 
Casi siempre he sido delantero, y aquel día salí del terreno de juego con un fuerte golpe en la pierna…la uña del dedo gordo del pie izquierdo arrancada de cuajo…y sin haber podido marcar un solo gol.

Afortunadamente el partido acabó (con empate) y a eso de la una ya estábamos de vuelta en nuestro pueblo. Es lo que tiene jugar en tercera regional, que si alguna cárcel tiene equipo de fútbol, ellos no pueden salir de la prisión y son los otros equipos quienes tienen que ir a jugar tanto el partido de ida y de vuelta.

Yo regresé a mi casa, cojeando. Había pasado una nueva jornada de la liga regional.




FIN


2 comentarios:

  1. Cuando se escribe en primera persona, algún lector despistado puede creer que es real. Sólo el autor sabe que es ficción, claro está.

    Notable.

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    1. Pura ficción!!! Gracias por tu visita al blog. Y feliz lunes!!!

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