martes, 22 de noviembre de 2016

CAPÍTULO 18 PARTE 1ª REVELACIONES

Llamó al telefonillo, pero no obtuvo respuesta alguna tras unos segundos de espera. Insistió un par de veces más pero seguía sin tener respuesta. Miró a través del cristal de la puerta del edificio, y apenas podía llegar a verse el interior del portal. 

Todavía recordaba lo oscuro que era por dentro. ¿Por qué los vecinos no hacían nada por tener un portal con algo más de luz? Aquello parecía más un ataúd que otra cosa. Se trataba de un portal de forma rectangular. Extrañamente alargado, donde la escalera empezaba justo en el centro, a mitad del pasillo, antes de llegar al ascensor. Y al fondo, un viejo cuartucho con una vieja puerta de madera donde se guardaban los artilugios para el mantenimiento y limpieza del propio edificio. 

https://pixabay.com/

Al principio, nada más entrar en el portal había una especie de portería. Una pequeña oficina donde antaño algún portero atendía a los vecinos, al servicio de correos, a la señora de la limpieza. Pero ahora estaba abandonada. ¿Por qué se abandonaban ciertos oficios? Recordaba que Marcos se quejaba de que el propietario del edificio apenas se preocupaba de su estado, solo quería cobrar “religiosamente” a fin de mes y poco más. Que no le molestasen con tonterías como por el tamaño de las cucarachas o el escandaloso incremento de ratones y ratas. 

Marta apartó la cara del cristal. Miró a ambos lados de la calle, resoplando y esperando no tener que volver al trabajo sin haber logrado hablar con Marcos. Le había llamado al móvil, pero lo tenía desconectado. Apenas tenía una hora. Y necesitaba verlo. Se removió en el interior de su abrigo. Sentía el frío en la punta de la nariz, que seguramente tendría roja. Se había levantado un día bastante frío. 

No llovía, pero el invierno cada vez estaba más cerca y eso empezaba a dejarse notar. Por suerte la puerta del edificio se abrió. Una vecina salía toda “embutida” en un horrible abrigo de color rojo, guantes y bufanda también en color rojo. Arrastrando un carrito de la compra en una mano y un bolso negro colgando del hombro.

Marta evitó que la puerta se cerrase y entró. Todo bajo la atenta mirada de la mujer que no se fiaba mucho de quien podría ser aquella chica que quería entrar en su edificio. Poco después se detenía frente a la puerta del apartamento de Marcos. Llamó un par de veces. Su mano enguantada golpeando la puerta retumbó en todo el descansillo. No obtuvo respuesta alguna. Volvió a llamar, pero era evidente que no había nadie en el piso. 

Recordaba que ya no tenía llave desde hacía bastante tiempo, pero él siempre dejaba una “por si acaso” dentro de la caja del timbre. El timbre llevaba años sin funcionar, y tras retirar ligeramente la tapa, en su interior encontró la llave del “por si acaso”. Volvió a colocar la tapa. Entró en el apartamento. Cerró la puerta lentamente.

-¿Marcos?- preguntó avanzando hacia el salón.

Pero el joven no parecía estar. En el interior reinaba un macabro silencio. En la mesa de centro del salón había una caja vacía de pizza. Algunos restos, los bordes. Recordaba que los bordes de la pizza no le gustaban. El aire parecía estar viciado, como si llevase varios días sin ventilarse el apartamento. Las cortinas del salón estaban echadas. Y algunas prendas de vestir esparcidas por el suelo. El portátil sobre la mesa que tenía como escritorio junto a la ventana estaba apagado. Sin duda alguna aquello tenía una pinta bastante fea. Era como si Marcos llevase un par de días por lo menos sin acercarse por el apartamento. 

Y era una persona que vivía literalmente pegada al portátil. Sus pocos ingresos mensuales venían precisamente por trabajar con el portátil. Cruzó el salón y entró en el dormitorio. Tuvo que llevarse la mano enguantada hacia la boca y rápidamente retrocedió sobre sus pasos. En el suelo del dormitorio había esparcidos varios vómitos. Como de alguien enfermo.

-Oh, joder- Se quejó regresando al salón casi a la carrera e intentando expulsar de sus fosas nasales el asqueroso olor del vómito, que parecía clavarse en su interior.

Pero fue justo entonces cuando un ruido llamó su atención. Su corazón se aceleró un instante tras aquel susto inicial. Pero que pasó rápidamente al descubrir que aquel ruido no era tal sino la lejana y débil voz de Marcos que reclamaba su ayuda. Corrió por todo el apartamento siguiendo aquella débil voz. Hasta llegar al cuarto de baño, en donde lo encontró tirado en el suelo, medio desnudo, lleno de moratones, sangre seca, vomito, pegado por todo su cuerpo y brutalmente encogido en forma fetal. Gimoteando algo parecido al nombre de la chica. Marta se despojó tan rápido como le fue posible del abrigo y los guantes. Los dejó sobre el lavabo. Acto seguido cogió a Marcos por los brazos y resoplando y dibujando un marcado gesto en su rostro por el mal olor que desprendía el joven, lo trasladó hasta el salón, tumbándolo en el sofá.

R llegó al apartamento de Marcos apenas cuarenta minutos después de que su hija lo llamase. Por teléfono notó a Marta muy preocupada, y no dudó ni un solo instante en acudir a la llamada de la chica. Conocía la zona de la ciudad, confesó cuando ella le dio por teléfono la dirección del apartamento. Aplazó para la tarde siguiente una entrevista que tenía y en el primer taxi que logró parar en el denso tráfico del centro, se dirigió al barrio en donde se encontraba el apartamento.

Marta lo esperaba en el portal. Apoyada en el cristal de la puerta con los brazos pegados al cuerpo por el frío. Cuándo le vio bajarse del taxi salió a su encuentro.

-¿Ocurre algo?- Se interesó el detective. Entraron en el portal dirección al ascensor.


-Creo que está ocurriendo algo muy serio en la ciudad.- Entraron en el ascensor.

                                                Continuará



Safe Creative #1602286708367

No hay comentarios:

Publicar un comentario