lunes, 11 de abril de 2016

CAPÍTULO 6 MARTA, SUS PELUCHES Y SU INEXISTENTE FAMILIA

Buenas tardes. Actualizo esta entrada con una grata sorpresa. A partir de esta semana (y espero que por mucho tiempo) todos los capítulos irán acompañados con imágenes dibujadas por una gran artista: Sonia Gallardo Carmona.

Podéis visitar su web pinchando AQUI y disfrutar de su trabajo. Cada semana las imágenes representarán un personaje o una situación relacionada con el capítulo correspondiente. Espero que disfrutéis de los dibujos, los cuales nos acerquen un poquito más La historia de la ciudad sin árboles


Esta semana la historia avanza y vamos conociendo a nuevos personajes. En esta ocasión le toca el turno a Marta. Una joven periodista que apenas llega a fin de mes.

De nuevo, gracias a quienes se dejan caer todas las semanas por el blog. Y mil gracias a Sonia Gallardo Carmona por poner cara a los personajes.



CAPITULO 6

Trabajaba en un pequeño periódico y no desde hacía mucho, apenas año y medio. Redactaba pequeñas noticias locales sin demasiada importancia en su diminuto cubículo, que adornaba semanalmente con pequeños peluches que compraba en los puestos de los mercadillos. Peluches más o menos del tamaño de una cajetilla de tabaco, ya que el periódico no le dejaba que fuesen más grandes (cuestión de estética alegaban) cosa que a ella no le molestaba en exceso, porque prefería los peluches pequeños a los de tamaño medio o incluso grandes. Y tampoco era cuestión de llenar su puesto de trabajo con enormes peluches. Lo único que buscaba era tener su puesto de trabajo un poco adornado, dar un toque personal.


Imagen: Sonia Gallardo Carmona
http://tattoos-soniagcar.blogspot.com.es/

Cobraba algo más del salario mínimo, asunto peliagudo que hacía que su vida no fuese precisamente fácil. O faltaba sueldo o sobraban días a los meses. Sin duda alguna lo primero. Llevaba algún tiempo que apenas salía los fines de semana. Había tenido una relación –creía que la definitiva- durante un par de años, pero al final decidió que aquello no podía continuar. Sentía que su vida se atascaba. Le quería pero… algo en su interior le gritaba que aquella relación no era buena para ella. Que no podría acabar bien. Y una mañana, después de ducharse y rechazar de manera amable un café que él le ofrecía, le dijo que ya no podían seguir juntos. No supo dar una explicación más exacta de porqué aquella decisión. Simplemente que…no podían seguir juntos.

Y ahora estaba centrada en su trabajo. Quería ir subiendo escalones en aquel periódico en el que estaba bien vista y valorada, y necesitaba concentrarse, que no hubiese nada que la desviase de sus objetivos. Después de aquella ruptura no lo había vuelto a ver. Ni siquiera a la mañana del domingo siguiente de la ruptura, cuando fue a terminar de recoger algunas cosas suyas que quedaban en el pequeño apartamento. Porque aunque no tenía demasiadas pertenencias en ese apartamento, quería recogerlas todas lo antes posible. No alargar aquello más de lo necesario. Tampoco había vuelto a salir con nadie más. Incluso había dejado momentáneamente de salir los sábados por la noche. “Estaba fuera del mercado del amor” como le recordaba una amiga y compañera del trabajo cuando por las mañanas tomaban café en una cafetería situada en el mismo edificio que el periódico. Y luego, esa misma amiga le contaba un poco qué ocurría por las noches en la ciudad. Últimamente el ambiente estaba muy enrarecido. Se oían cosas raras entre las personas que se acostaban los domingos a altas de la mañana, esos que parecían solo vivir por las noches. Cosas “incomprensibles” murmuraban en pequeños círculos y entre conocidos. Algo que estaba ocurriendo en la ciudad. Al final, cortaba amablemente a su amiga y compañera de trabajo alegando que no le interesaba lo que pudiese estar sucediendo en la ciudad los sábados por la noche. Pero lo que si solía hacer era ir al cine, sobre todo los domingos, a la última sesión. No importaba la película que fuese. Le gustaba el cine en general.


Sentada en su silla giratoria frente al ordenador y encerrada en su cubículo, se acordó de su padre. De sus padres a decir verdad. Hacía tiempo que no sabía de ellos. Era increíble como una familia o un intento de familia, podía romperse de tantas maneras tan sencillas o tan tontas. Sus padres nunca habían llegado a estar casados. Al menos su padre, con el que sí hablaba algo más, nunca le había ocultado la verdad. Ella había nacido por un simple accidente. Una tonta aventura con la chica equivocada. Una chica que además tenía novio, y a la que siendo sinceros, nunca llego a querer del todo. Se conocieron en un bar. Jugando al futbolin. Él la miró y ella se dejó meter un gol. Literalmente. Jugaban en parejas. Ella con su novio a un lado del futbolin y él con otra chica en el otro. Aquella noche no ocurrió nada, solo unas furtivas miradas y nada más. Pero dos días después coincidieron en un centro comercial. Ella se acordaba perfectamente de él. “Dejé meterme el gol” le recordó ella de manera pícara mientras tomaban una copa en un bar aquella misma noche. Después fueron a la casa de él, que todavía vivía con sus padres. Sin hacer ruido se encerraron en su dormitorio y se acostaron. Él hacia relativamente poco que había perdido la virginidad, y ella le sacaba unos años ya de ventaja en el tema de la cama y sus secretos, a pesar de ser algo más joven. Cuatro meses después la chica se quedó embarazada. Ya que se veían de vez cuando. “¿Seguro que es mío?” preguntó algo molesto él. “Después de todo tienes novio” Pero sí era suyo. Con el novio siempre tomaba precauciones y con él no. “¿y por qué conmigo no?” “joder, pues no lo sé”.

El tema fue que nunca llegaron a casarse. Nunca formaron una verdadera familia. Algo que la familia de él lo encontraba bastante feo y no terminaban de encajar bien. A pesar que desde un principio no aceptaron la relación de su hijo con aquella muchacha, pero una vez cometido el error de dejarla embarazada el paso lógico era el matrimonio. Se trataba de una familia muy conservadora, de fuertes y arraigadas creencias católicas. Algo que el muchacho parecía no haber heredado.    

Marta fue creciendo. Sus padres terminaron por separarse, bueno en realidad dejaron de vivir juntos. Habían tenido la hija siendo muy jóvenes, y la niña prácticamente creció entre los abuelos paternos y maternos. Principalmente con los paternos. Su madre regresó con su novio de siempre, con aquel que estaba cuando se dejó meter el primer gol en aquel bar. Con quien más tarde, apenas unos meses después, terminaría casándose y con el que tendría un par de criaturitas. Pero su padre nunca llegó a formar una familia. Por lo que ella sabía si había tenido relaciones, pero quizá no fueron lo suficientemente estables como para decidirse a dar el gran paso de la familia.


Y se acordó de él. Cogió el teléfono y marcó el número de su oficina, pero antes de que diese la señal colgó. Decidió que sería mejor ir a visitarlo. Una llamada parecía algo demasiado frío. Y continuó trabajando. En el monitor del ordenador tenía un artículo que había que presentar ese mismo día. Además, esa misma tarde tenía que cubrir una entrevista a una vieja gloria del futbol local. Quizá si se organizaba bien, tendría tiempo para pasarse por la oficina de su padre.