lunes, 9 de mayo de 2016

TINIEBLAS. CENANDO Y ALGO MÁS CON LUCIA


Buenas tardes. Primera parte del capítulo 9 de "La historia de la ciudad sin árboles" 

Espero que sigáis disfrutando de la historia y de nuevo mil gracias por visitar el blog. 




PARTE 1


J. Carrier afirmaba que efectivamente los vampiros existían. No eran muy distintos a como el público en general estaba acostumbrado a verlos sobre todo en las películas, pero sí existían diferencias notables que era bueno (y recomendable) conocer. 

El libro se lo leyó esa misma noche. Encargó una pizza, unos refrescos y desconectó el móvil. Acoplado cómodamente en el sofá empezó a devorar una a una las páginas de aquel curioso libro

Descubriendo cada quince o veinte páginas perfectas ilustraciones hechas a mano por el propio J. Carrier de algunos vampiros que según el escritor había tenido el “placer” de aniquilar personalmente a lo largo y ancho del mundo en los últimos veinte años.

 No podía apartar de su mente las palabras de Lucia: “Y recuerda: si J. Carrier dice que los vampiros existen, ten por seguro que están entre nosotros”.

Las porciones de pizza “caían” tan fácil y rápidamente como los capítulos del libro. Y un miedo atroz le invadía, sin excusas posibles, el alma y el cuerpo. 

Aquella mujer… aquel vampiro, o lo que fuese, antes de irse había dicho que se volverían a encontrar. Y si lo que decía el libro era cierto, todavía tendría que encontrarse con la mujer vampiro al menos un par de veces más para que terminase de convertirlo. Si es que convertirlo era lo que precisamente buscaba. 

Porque según el libro no convertían a muchos humanos. Llevaban un estricto control. Pues no todos los humanos eran…asequibles, por decirlo de alguna manera. Había una regla de muy obligado cumplimiento para todos los vampiros, y era que ellos no tenían el control para decidir de manera unilateral a quién, cuando, y donde se transformaba a un ser humano. Eso lo decidía una especie de alto consejo. “Sabios” por llamarlos de alguna manera. El ser humano había desarrollado en las últimas décadas multitud de enfermedades que aunque curables para ellos, para los vampiros podían llegar a ser mortales. Y por ese motivo tenían que tener mucho cuidado a la hora de convertir. El libro seguía extendiéndose en explicaciones múltiples, referentes al extraño y complejo mundo y costumbres que según J. Carrier rodeaba al mundo de los vampiros.   

A la tarde siguiente se acercó a la librería a devolver el libro. Por suerte no llovía. Aunque el cielo estaba completamente cubierto de nubarrones, y la sensación era que posiblemente en cualquier momento empezase a llover. La mayoría de las personas con las que se cruzaba llevaban en sus manos el paraguas cerrado. Cuando entró en la librería Lucia terminaba de atender a una clienta. Un libro envuelto para regalo.

-Sin duda un buen libro es el mejor regalo- Lucia se despidió de la clienta entregándole el libro guardado en una pequeña bolsa azul con el nombre impreso de la librería en elegantes letras color oro, y una agradable sonrisa de “vuelva pronto”. La clienta salió. La puerta se cerró con suavidad y tras anotar la venta en un cuaderno pequeño, levantó la vista hacia el joven.

Le entregó el libro en perfectas condiciones.

-¿Buscabas información veraz sobre los vampiros para tu blog? – 

Preguntó mientras colocaba el libro de nuevo en el escaparate. 

Marcos recordaba que Lucia era una fiel seguidora de sus escritos en el blog, tal y como ella confesó una vez. Hacía ya casi tres años.

-Más o menos- Fue la escueta respuesta del joven.- ¿Crees que podrían vivir aquí, entre nosotros? En esta ciudad me refiero.

Lucia regresó al otro lado del mostrador. Le miró un instante con marcado gesto interrogativo. Desvió toda su atención a la agenda y mientras anotaba en una hoja del final algo, le preguntó si quería cenar con ella.

Había sido una tarde bastante tranquila y apenas faltaban unos minutos para cerrar. Sin esperar respuesta arrancó la hoja de la agenda y se la entregó. Lo que había estado anotando era su dirección. Y Marcos conocía la zona en la que estaba la calle que leyó en la hoja. Se trataba de la zona norte de la ciudad.

-A las nueve. – dijo Lucia. Completamente convencida de que el joven acudiría.