lunes, 19 de septiembre de 2016

UNA POSIBLE ALIADA PARTE 2


Segunda parte de este nuevo capítulo. 

Recordaros también que podéis descargaros el libro completo AQUÍ.

Gracias por visitar el blog.



Bajo la mortecina lluvia de la mañana, R se dirigió a su oficina. El brillante sol del día anterior ahora parecía haber pasado a mejor vida, y en su lugar el tono gris del otoño de nuevo cubría la ciudad. Por la tarde tenía que ir al piso de Ana, donde la escritora le entregaría un cheque para empezar la investigación e ir cubriendo gastos, tal y como habían acordado en la charla. Cierto era que no había mucho por dónde empezar, pero habría que moverse. Emplearía las mañanas en trabajar en la oficina y después de comer dedicaría el resto de la jornada al caso del informático. Un café en la misma cafetería y directo a la oficina.

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Pero al llegar a su pequeña oficina, encontró a alguien en la puerta que desde luego no esperaba. Se quedó un instante inmóvil a un par de metros, con el paraguas cerrado, en su mano izquierda. Allí estaba ella, cubriéndose con un paraguas de color rojo y mirando a través del ventanal de su oficina, como buscando al propietario en el interior.



-Marta- murmuró dando un par de pasos y acercándose un poco más.
La chica se volvió. En su rostro se dibujó un ligero gesto de alegría.

-Hola R.

Un tímido beso en la mejilla entre padre e hija. Entraron en la oficina. Dejando su abrigo y sombrero en el perchero, escuchaba a su hija mientras le contaba que llevaba varios días queriendo pasar a verle. Incluso había pensado en llamarlo por teléfono, pero que aquello le resultaba algo frio. Marta permanecía de pie. Con las manos en los bolsillos de su abrigo color crema y su bolso haciendo juego, colgado del hombro.

-¿Sabes algo de tu madre?- Por un instante R se sorprendió preguntando por alguien por la que llevaba muchos años sin pensar.
-No. Nada.- Ella negó con la cabeza como si tampoco le importase demasiado el no saber ya nada el resto su vida de aquella mujer.
-Tengo que cubrir una noticia aquí cerca- dijo siguiendo a su padre con la mirada, mientras rodeaba la mesa y se sentaba en su sillón.- Y me pareció buena idea pasar a saludarte. Hace tiempo que no nos vemos.

Se desabrochó el abrigo y se sentó frente a R. Sus miradas se cruzaban en silencio.

-¿Te marcha todo bien? ¿El trabajo, la vida en general?- R no estaba acostumbrado a ejercer de padre. Y quizá nunca hubiese sabido. Pero sí quería saber de ella. Y reconocía que algunas veces se había descubierto así mismo pensando en su hija. La ciudad era grande, pero no tanto como para no verse durante varios meses seguidos. Y quizá la culpa era solo de él. Que podía hacer más de lo que en realidad hacía.

-Me gusta mi trabajo- confesó ella- el periódico es un buen sitio para trabajar. Tengo buenos compañeros. ¿Y tú? Como te va todo.
R movió la cabeza. No sabía si decirle todavía el que finalmente iba a vivir con Isabel. La chica sabía de su relación con aquella mujer más joven que él. No la conocía personalmente, pero sabía de su existencia.

-Pues con mis casos, ya sabes. Timos a seguros… estafas… cuernos… nada interesante la verdad.

-¿No tienes casos de asesinatos o algo más interesante?- Quiso saber su hija. Solo por curiosidad.

¿Por qué habría preguntado eso? De repente R la miró fijamente. ¿Por qué había mencionado la palabra asesinato? ¿Sabría algo? ¿Sería su visita una…pues eso una… simple visita de cortesía o era algo más? Maldita paranoia.

-¿Sabes tú algo de asesinatos últimamente?

-No- Contestó Marta moviendo la cabeza algo extrañada ante la pregunta de su padre. Quizá no se viesen mucho, quizá su trato era en consecuencia bastante limitado, pero lo conocía seguramente más a él, que él a ella.- ¿Estás metido en algún caso de asesinato?- Preguntó en voz baja.

R movió la cabeza. Pensó en contarla así por encima el asunto. Al fin y al cabo era el periódico donde ella trabajaba, uno de los que había dado la noticia del asesinato de Pedro el informático, aunque solo hubiese sido de pasada. Quizá hubiese oído algo en la redacción. Se levantó de su sillón y con pasos cortos se acercó al ventanal. Fuera, la ciudad sin árboles iniciaba un nuevo día. De nuevo un día bajo el incansable e incesante manto de la lluvia. Una lluvia a la que la gente parecía haberse hecho con la misma facilidad con la que se habían hecho a la inexistencia de árboles y plantas. El paraguas se había convertido en algo imprescindible cuando se salía de casa. Como si una parte misma del cuerpo humano se tratase. Casi una mutación. Era verdad que se encontraban en otoño pero la gente murmuraba algo preocupada que nunca un otoño en esta ciudad había sido tan lluvioso. Miró un instante a su hija, que se había girado en su asiento siguiéndolo con la mirada.

-¿Has oído algo sobre el asesinato de Pedro M.? ¿Un informático que vivía a las afueras?- Preguntó con las manos en los bolsillos.

-Que ahora recuerde…no- respondió Marta después de hacer un corto ejercicio de memoria.- ¿Es un caso en el que estás metido?

-Mataron hace poco a un chaval, un informático. Tu periódico dio la noticia, aunque en el interior, nada importante.- R intentó que hiciese memoria. Volvió a rodear la mesa y se sentó en su sillón.

-Lo siento, pero no he oído nada- se lamentó su hija. Si había sido una noticia casi sin importancia, solo una pequeña reseña, le habría resultado bastante difícil enterarse.- Pero podría ayudarte si quieres. Puedo preguntar por ahí, a ver si saben algo.

R dibujó una ligera sonrisa en su rostro, en su viejo rostro, sintió de repente y con gran pesadumbre. Porque al tener frente a él a su hija y ver que se trataba de toda una mujer “hecha y derecha” como se solía decir, sintió que su cuerpo de repente pesaba más de lo normal. Se notaba pesado. Sentía de golpe el peso de los años sobre sus hombros y en sus huesos. Se notaba más mayor de lo que en realidad era. Y viendo a su hija se dio cuenta entonces de que no la podía meter en algo semejante. Era muy joven, bonita y tenía por delante una prometedora vida. El caso de Pedro el informático no tenía buena pinta, y no deseaba que ella estuviese en medio. Le rogó que no preguntase nada. No hacía falta. Él ya tenía suficientes pistas, mintió, para ir avanzando en el caso.

-¿Te apetece un café con churros?- Preguntó entonces como queriendo zanjar el tema del asesinato. Solo habían hablado de trabajo y Marta no había ido a verlo para eso. R quería saber de la vida de su hija. Y no meterla en un turbio caso suyo.

-Claro- Marta encontró agradable la idea de un café con churros.

R rodeó la mesa, sonriendo en silencio a su hija al pasar por su lado y dirigirse a por el abrigo y el sombrero. Ésta se incorporó colocando el bolso en el costado y llevándose las manos hacia los botones del abrigo, pero entonces y de manera accidental descubrió la tarjeta de la librería, pillada con el teclado del ordenador. Con cuidado la cogió. Antes de observarla detenidamente sabía a quién pertenecía. El colorido de la tarjeta y el dibujo de libros que iban de extremo a extremo en la parte superior la hacían difícil de no recordar.

-¿De qué conoces esta librería?

-¿No le puede gustar a tu viejo padre la lectura?- preguntó el detective mostrando una sonrisa y mirando a Marta mientras se colocaba el abrigo.

-No me refería a eso- Marta volvió a dejar la tarjeta en la mesa y pillada con el teclado del ordenador.


De camino a la cafetería le confesó que quería regalar a Isabel un libro, y que “casualidades de la vida” una clienta de la agencia era escritora y que el próximo lunes firmaría ejemplares en esa librería, y le había invitado a pasarse. Aprovecharía para comprar el libro.

                                               Continuará...



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