lunes, 26 de septiembre de 2016

UNA POSIBLE ALIADA PARTE 3

Tercera y última parte del capítulo nº13.


Tomando café y con un plato en medio de la mesa con media docena de churros, Marta le contó que conocía aquella librería que de hecho había estado trabajando allí unos meses, y que fue precisamente trabajando allí donde conoció al último chico con el que estuvo, Marcos. 

Entre bocado y bocado de churros y trago y trago de café, R se interesó por su vida privada. ¿Por qué ya no estaba con ese joven? ¿Estaba actualmente con alguien? Y si era así, ¿Por qué no quedaban una noche los cuatro para cenar? Pero Marta le contó que actualmente no estaba con nadie. No había acabado muy bien con el último, y no tenía demasiadas ganas en ese momento de volver a empezar algo que podría no funcionar. Pero que si querían si podían quedar a cenar, y así de paso conocía por fin a su pareja.




-¿Por qué se acabó con ese joven?- le preguntó en un momento R.

Pero Marta no supo que responder. Durante un instante se quedó pensativa, sujetando la taza ya medio vacía de café entre sus manos, sintiendo todavía una pizca de calor proveniente del oscuro líquido entre sus dedos. El plato de churros vacío. Y en su mente empezó a reproducirse el último encuentro con Marcos, y aquellas feas palabras que sin querer habían salido a relucir. A la vez que el recuerdo de la última noche pasada con él le invadió por completo, cuando ya sabía que por la mañana todo acabaría. De camino al piso había ido mirando la posibilidad de ni siquiera dejar que pasase la noche, y decírselo incluso antes de cenar. Pero toda su mente se debatía entre dudas y nervios, por lo que al final cenaron, hicieron el amor por última vez y por la mañana se lo dijo.

Ahora, junto a su padre y terminando ya el café pensó que mejor era olvidar y pasar página. Si en el pasado se había cometido algún error, difícil era ya solucionarlo.

Finalmente salieron de la cafetería. El trabajo los reclamaba a ambos por igual. Sobre los grises edificios de la ciudad, las negras nubes de tormenta combatían a muerte unas entre otras por hacerse un hueco. Las gentes marchaban de un lado a otro, con los paraguas cerrados y cogidos de las manos en esos momentos, pues la lluvia aparecía y desaparecía a su antojo. 

El tráfico tan denso como siempre. Semáforos en verde…en rojo…peatones cruzando…gente entrando y saliendo de edificios, comercios, vagabundos sentados en el suelo cubiertos con una vieja manta y la tapadera de una caja con algunas monedas. El habitual ajetreo del que tanto a padre como a hija les encantaba formar parte.

Quedaron para el siguiente lunes, Marta lo ayudaría a comprar un buen libro para Isabel. Y de paso saludaría a Lucia, que llevaba bastante tiempo sin saber de ella. Se dieron un beso y un abrazo. R sintió que resultaba bastante agradable la extraña sensación de ser padre. Su hija se había convertido en una atractiva e inteligente mujer, que se abría paso en la vida siempre con la mirada hacia el frente. Y estaba orgulloso.

-Espera un momento- R retrocedió sobre sus pasos cuando ya se habían despedido. Su hija esperaba junto al paso de peatones a que el semáforo les dejara cruzar al otro lado de la calle. Se acercó a Marta ajustándose el sombrero.

-Dime.

-¿Crees en los vampiros?- R hizo la pregunta en voz baja, acercando su rostro lo más que pudo a Marta, para que nadie a su alrededor oyese la “estúpida” pregunta.

El semáforo cambio de color. Los coches se detuvieron y las personas que aguardaban empezaron a cruzar. Marta se quedó frente a su padre, mirándolo un instante. R se había retirado ligeramente de su hija tras hacer la pregunta, y la miraba fijamente. Intentando no causar ningún tipo de extraña alarma en la chica.

-¿Por qué me preguntas eso?- Marta se acordó entonces de su ex y la visita con la estúpida historia de que le había mordido una mujer vampiro.

-Por nada- R pareció recapacitar y sintió entonces lo tonto que podía haber sonado aquella pregunta. Movió la cabeza.- Tonterías mías, hija. No te preocupes.- Aquella estúpida idea de los vampiros se le había ocurrido viendo la televisión junto a Isabel, después de cenar. Buscaban algo que ver y pasaban tranquilamente canal a canal en busca de alguna película. En uno de esos canales emitían una de vampiros y justo vio como un vampiro mordía a una de sus víctimas dejando la marca de sus colmillos en el cuello. Muy similares a los que había encontrado en el cuello de Pedro el informático. En silencio, y durante un instante las marcas de Pedro y las de la víctima de la película se juntaron en su mente. “Joder, se dijo, ¿y si existiesen los vampiros y al informático lo hubiese mordido uno? Pero un par de segundos después desechó la idea. Sonaba completamente ridículo. Sintiendo que Isabel recogía sus pies sobre el asiento del sofá y se arrimaba a él, reanudó la búsqueda de algo entretenido para ver juntos.

Y al final cada uno volvió a su vida. Marta cruzó el paso de peatones y se perdió entre el resto de la gente, calle abajo. Mientras que R se dirigió de nuevo a su oficina con la mirada baja, pensando en que no tenía que haberle dicho nada sobre si creía en vampiros o no. 

De todas formas, eso no significaba nada. Era imposible que lo relacionase con el asesinato del informático, por el cual le había preguntado en la oficina.



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