lunes, 31 de octubre de 2016

CAPÍTULO 15 PARTE 2ª


NADIE CONOCÍA A PEDRO


En taxi se dirigió hacia su segunda entrevista. Alfredo, un editor que quiso acostarse con la escritora a cambio de publicar una de sus novelas bajo un generoso contrato. Ana contó al detective que efectivamente se había acostado una vez con él, pero después se arrepintió y lo dejó. 

Pero Alfredo la llamaba de vez en cuando. Comían juntos en algún restaurante del centro, pero nada más. Él insistía. De vez en cuando le compraba flores que enviaba a su casa. Pero desde que había conocido a Pedro su mente y su cuerpo estaban solo para el informático, había confesado ella. Y encontró al editor en su despacho. Aquella era una editorial pequeña, pero en la que según pudo ver R mientras lo conducían al despacho, al menos trabajaban en ella cuatro personas.

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Y casi media hora después, salió de la pequeña editorial exactamente igual que del anterior comercio visitado. Tachando de la lista a otro. Resultaba que solo se trataba de un pervertido, pero confesó que no estaba enamorado de esa mujer. Sabía que antes había sido un hombre lo cual le ponía mucho más cachondo. Pero no la quería. Solo quería follársela. Y solo lo había conseguido una vez. ¿Pedro? No. No, a ese no lo conocía. Ni siquiera había oído hablar a Ana sobre ese tal Pedro. Además, estaba casado y la mitad de la editorial pertenecía a su mujer. Ya no quería problemas de faldas. Llevaba unos meses en los que intentaba controlarse.

Al final, regresó a casa caminando y completamente abatido. Por suerte llevaba el paraguas, el cual lo protegía del agua que caía sin descanso aunque sin demasiada fuerza. No había mucha gente por la calle. El tráfico también se veía ligeramente reducido respecto a otros días igualmente laborales. La oscuridad de aquella tarde noche se veía interrumpida a cada paso por las luces de los comercios todavía abiertos. Algunos deseando que llegase la hora del cierre, otros atendiendo a los escasos clientes que se atrevían a ir de compras en un día tan lluvioso.


Pensó que quizá era el momento de averiguar si Pedro tenía amigos o compañeros de trabajo. Eva, si no recordaba mal, le había comentado que el informático no tenía parientes conocidos. Pero Pedro trabajaba para una empresa informática. Quizá alguien lo conociese en esa empresa. Y en medio de aquellos pensamientos se dirigió a su piso. Por la tarde le había llamado Isabel, y le dijo que lo estaría esperando. Vestida tan solo con aquellas braguitas negras que a él tanto lo excitaban, y un par de copas de vino en las manos.

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