martes, 13 de diciembre de 2016

CAPITULO 19 RECAPITULACIÓN


Una semana más y un nuevo capítulo. En esta ocasión he decidido no dividirlo en varias partes, como hago con algunos. Es un poco largo pero en la primera versión de la novela, este capítulo era el último de la primera parte, y he creído conveniente publicarlo en una sola entrega. Ahora, en su versión actual es un capítulo más.

Me gustaría invitaros a visitar mi otro blog.
http://abmodeladoypostproduccion.blogspot.com/2016/12/curso-de-guion-7.html

Dedicado a los trabajos que realizo como guionista director y postproductor. También encontraréis (para quien le pueda interesar) un curso de guión cinematográfico que voy subiendo por entregas todas las semanas.


R descansaba en el sofá de su casa. Isabel todavía no había vuelto. No le quedaba mucho, apenas veinte minutos. Bajaría a buscarla. A ella le gustaba que su detective la esperase en la parada de autobús en la que se bajaba. A unos cincuenta metros del edificio donde ya prácticamente vivían juntos. Lo había visto en una película de corte exageradamente romántico, una noche en el cine. 

Y cuando salieron de la sala, agarrados de la mano y bajo la fría noche de otoño le preguntó si él la esperaría todos los días en la parada de autobús, como había hecho el protagonista de la película.

-Claro. Te esperaré- confesó él sintiendo cómo acto seguido ella se pegaba a su cuerpo y continuaban caminando hacia el piso.

Pero mientras llegaba el momento de bajar a esperarla, su mente intentaba recapitular todo lo que sabía hasta el momento. Y mostró una ligera sonrisa al ver el buen equipo que parecían hacer padre e hija. Aunque ella se resistiese a llamarle “papa”. 

No le importaba en exceso, pero si le gustaría llegar a oírlo. Recapitulaba: Pedro, aparentemente un insignificante informático recibe de manera extraña una planta en su casa. Esa misma mañana le llama porque está asustado y no sabe muy bien que hacer. Poco después es asesinado. Ana, su amante transexual, le encarga que averigüe quien lo ha matado y porque. 

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Eva, la preciosa forense con la que tuvo una aventura hace años, le muestra el cadáver pero le miente y oculta los dos mordiscos que el informático tiene en el cuello. A la vez, el ex de su hija padece una extraña patología diciendo que le ha mordido un vampiro (una mujer vampiro) para ser más exactos. Y por último, en medio de los delirios del joven, este nombra a la propietaria de una conocida librería. Y en la que “casualidades de la vida” la amante transexual del informático asesinado firmará ejemplares de su última novela. El detective resopló.

R vio descender del autobús a su preciosa mujer. No estaban casados, y seguramente nunca llegarían a estarlo. Pero a él le gustaba decir que era su mujer. Se besaron bajo la marquesina y se encaminaron hacia el edificio. Pero no entraron en él. Continuaron calle abajo. Isabel llevaba el paraguas cerrado y colgado de la mano enguantada. En ese momento no llovía, pero si lo había hecho desde durante un par de horas antes de anochecer del todo. Y el paraguas era casi obligatorio llevarlo. 

Tenían que hacer unas compras antes de encerrarse en el piso hasta la mañana siguiente. Y mientras caminaban hacia el centro comercial, el detective no podía dejar de pensar en aquel asunto. Aquello tenía muy mala pinta. Por un instante sintió que su hija se estuviese involucrando. Aunque reconocía que era una chica bastante inteligente y valiente. Y recordó que se había quedado en el apartamento de Marcos.

-No puede quedarse solo.- le había dicho su hija en el umbral de la puerta, cuando R ya se iba.- Ahora no.

-De acuerdo – accedió el, no muy convencido.- Pero llámame si surge cualquier cosa ¿entendido?

-Claro- respondió ella dándole un beso en la mejilla.

La ciudad se sumergía en una nueva y fría noche de un otoño que avanzaba inexorable hacía el invierno. En lo alto, una luna llena ligeramente teñida de rojo, se asomaba tímidamente por entre los nubarrones que lo cubrían todo. Era como si aquella luna fuese la dueña de la ciudad sin árboles, la dueña de todos sus habitantes. Pero solo se trataba de una mera espectadora. Desde lo alto observaba como aquella ciudad gris arrastraba irremediablemente y en silencio la vida de todas aquellas personas. Buenas, malas, insignificantes, importantes. Sin importar clase social. Sin detenerse a mirar cuánto dinero tenían en la cuenta bancaria. Todos los ciudadanos eran arrastrados por igual a un incierto futuro. 

R e Isabel cenaban en un pequeño restaurante en el centro comercial. Un par de bolsas con una pequeña compra descansaban a sus pies. Sobre la mesa, una cena ligera acompañada con un par de cervezas. Mientras planeaban algún fin de semana romántico. Solo ellos dos.

Marta, después de que R se fuese, llamó al trabajo y pidió no ir esa tarde. Le había surgido un problema familiar del cual tenía que hacerse cargo. Marcos no podía quedarse solo. No en ese estado. Durante toda la tarde estuvo pendiente de él. Al igual que se encargó de limpiar el dormitorio y el cuarto de baño. Para después buscar por internet la página de J. Carrier. Si a Marcos le había mordido un vampiro eso significaba dos cosas: o se estaba muriendo, o se estaba transformando.

Ya entrada la noche se dejó caer en uno de los dos sillones que acompañaban al sofá en el salón del apartamento. Estaba cansada. Muy cansada. Miró un instante al joven. Seguía durmiendo, aunque de vez en cuando parecía murmurar palabras sueltas sin sentido alguno. El sillón incluso le pareció cómodo en el momento de sentarse y relajar su cuerpo después de hacer toda la tarde de enfermera. Y recordaba que cuando estaban juntos, en varias ocasiones lo había animado a que cambiase de sillones ya que resultaban demasiado incómodos, además de ser bastante feos.

En medio de la penumbra que dominaba el apartamento por completo, dejó que el sueño la invadiese. Afortunadamente el ambiente destemplado había desaparecido.

Al otro lado de las cortinas y del cristal, la noche tomaba sin resistencia alguna la ciudad. La luna como espectadora observaba a los ciudadanos como se encerraban en sus casas, como las calles se iban quedando poco a poco vacías. Ni siquiera los vagabundos, al menos la mayoría, se atrevían a dormir en los portales o en las estaciones del metro. No desde que apareciesen varios cuerpos brutalmente mutilados. Ahora, apenas empezaba a anochecer se encaminaban en silencio a los albergues que el ayuntamiento tenía abiertos para personas en situaciones extremas, y que en circunstancias normales solo usaban en las noches más frías del invierno.

Y en el otro extremo de la ciudad sin árboles, dos amantes compartían sabanas, labios y sudor. Dos amantes que aspiraban a dominar la ciudad. A dominar a todos y cada uno de sus ciudadanos. Se derramaría sangre. De hecho ya había comenzado a derramarse sangre. La guerra había empezado. No se había planeado así, pero los acontecimientos se precipitaban irremediablemente hacia un final casi apocalíptico. Y eso excitaba sus cuerpos y sus mentes. El sudor recorría hasta los rincones más recónditos de la piel de ambas mujeres.








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