martes, 10 de enero de 2017

CAPÍTULO 21 EL PASADO DE LUCIA PARTE 3


Buenas tardes. Ya está aquí la tercera parte del capítulo 21 de La historia de la ciudad sin árboles

Espero que os guste, y si es así compartir para poder llegar a más publico. Gracias.




-¿Un súbdito?- preguntó extrañado Pierre, marcando las arrugas de su frente y mirando al conductor.- ¿Un súbdito de quién?

-De la gran jefa. Un ser como no hay otro en este mundo. O al menos eso espero.

J. Carrier tuvo que alzar la voz en medio del metálico sonido que retumbaba en el interior de la vieja furgoneta mientras dejaban atrás el establo. El camino era bastante estrecho, y la espesa vegetación que lo flanqueaba por ambos lados golpeaba casi de manera continua los laterales del vehículo. Algunos charcos de agua cubrían por completo el camino de extremo a extremo y sus altos y bajos hacían que a cada pocos metros la furgoneta diese violentos saltos dando la sensación que saldría volando y se estrellaría irremediablemente contra alguno de los árboles.

Lucia, que iba en medio de los dos hombres, se agarraba con ambas manos al brazo izquierdo de su marido, sin apartar la mirada del camino que se abría ante ellos al otro lado de la luna del vehículo. Pierre por su parte, tenía su mano derecha en el agarrador que había sobre su cabeza, justo encima de la puerta. Con la otra mano sujetaba la pistola, mientras no dejaba de mirar al conductor y hacia el frente. De vez en cuando sentía la mirada de su mujer clavarse en sus ojos y él retenía unos segundos su mirada en ella, intentando, en silencio, tranquilizarla. La bestia parecía haber quedado atrás. O eso había creído.


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-Agarraos chicos- gritó el conductor.

El matrimonio desvió la mirada hacia él. Descubrieron entonces que miraba fugazmente por el retrovisor de la puerta. Pierre abrió la boca para preguntar, pero no le dio tiempo. Un fuerte impacto sobre sus cabezas hizo tambalearse peligrosamente a la furgoneta y a ellos en su interior durante unos segundos. El techo metálico se hundió de manera considerable. Lucia gritó, el conductor tuvo que sujetar con fuerza el volante para poder estabilizar el vehículo. Sobre sus cabezas, tras el primer y brutal impacto, continuaron un par de fuertes golpes, como puñetazos dados contra la chapa, que cedía de manera peligrosa sobre sus cabezas.

-Qué diablos es eso- gritó Pierre balanceándose sin control en su asiento.

Pero J. Carrier no contestó. En su lugar pisó fuertemente el freno y los tres ocupantes se precipitaron contra la luna. Afortunadamente evitaron el impacto apoyando las manos en el desgastado salpicadero de plástico. Sobre sus cabezas, al producirse el frenazo, vieron como aquella criatura que hacía unos segundos había saltado sobre el techo de la furgoneta, volaba ahora hasta estrellarse contra el embarrado suelo del camino. 

Aquel cuerpo rodó, cubriéndose de barro. Con gran agilidad intentó incorporarse encontrando de frente las potentes luces de la furgoneta. En su interior, J. Carrier no lo dudó un segundo: volvió a pisar el acelerador. La bestia estaba más o menos a cuatro o cinco metros de distancia. No sería mucha la velocidad que cogería en esa distancia, pero quizá lograse neutralizarla durante un largo rato pasando por encima de ella. Y la bestia cegada por la intensa luz sintió el impacto de la parte delantera contra su cuerpo. 

La furgoneta pasó por encima de aquella bestia. Se oyeron crujir algunos huesos y un grito ensordecedor de dolor se coló en el interior del vehículo incluso llevando las ventanillas cerradas. La furgoneta continuó algunos metros más antes de detenerse en medio del camino. El motor continuaba rugiendo, aunque ahora el sonido era más pausado. J. Carrier sabía por experiencia propia que en casos como estos era necesario dejar el motor encendido. Algunas veces ese pequeño detalle marcaba la diferencia entre vivir o morir cuando una de esas bestias estaba cerca.

Tanto Lucia como Pierre miraban desconcertados al conductor. A pesar del ronroneo del motor, pareció instalarse en el interior un curioso y pesado silencio, roto tan solo por el sonido de la lluvia que por algunos instantes parecía lejano. Ninguno de los componentes del matrimonio sabía quién era aquel hombre.

-Ten pisado el freno por favor- Pidió amablemente J. Carrier mirando a Lucia- necesitamos algo de luz en la parte de atrás.- Después miró al hombre.- Ven conmigo, acabaremos con esto.


Sin esperar respuesta alguna, bajó decididamente de la furgoneta. Tanto Lucia como Pierre se miraron en silencio un instante. Este último resopló y besando a su mujer en los labios bajó. Ambos sabían que ese hombre les acababa de salvar la vida. Sin duda alguna ese extraño había evitado que murieran en aquel establo, lejos de su hogar, solos. Pierre salió y lanzando una última mirada a su mujer se encaminó hacia la parte de atrás. Lucia pisó el freno, levantando la mirada hacia el retrovisor intentando ver algo.


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