martes, 31 de enero de 2017

CAPÍTULO 21 EL PASADO DE LUCIA PARTE 6


Buenas tardes. Nueva entrega de "La historia de la ciudad sin árboles"

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Y aquella “nueva” vida parecía empezar en un piso bastante feo. O quizá fue el cansancio lo que le hizo a la mujer tener aquella sensación cuando abrieron la puerta y accedieron al interior. Encendieron la luz. El salón no era muy grande, y tenía una cristalera todo lo ancho de la pared, por la que parecía que se accedía a una terraza. Una cocina, tampoco muy amplia, tres dormitorios y un cuarto de baño. Curiosamente el cuarto de baño era lo mejor del piso.
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-Creo que probaré la bañera- murmuró Lucia desde la puerta nada más encender la luz y ver la amplitud y la gran bañera que lo presidía.- Necesito unos minutos de relajación.- Y sus palabras se perdieron en un horizonte lejano, prisioneras sin duda alguna por el cansancio y el abatimiento que inundaba su cuerpo y alma en esos momentos.

-No queda mucho para el amanecer- dijo Pierre, que estaba justo detrás de ella, y que se había asomado igualmente a ver el cuarto de baño.- Toma un baño y relájate, yo saldré dentro de un rato a comprar algo para comer.

Acto seguido le dio un beso en la mejilla a su mujer y regresó al salón. Lucia le siguió unos segundos con la mirada, para después entrar en el cuarto de baño y cerrar la puerta tras de sí. Justo encima del lavabo había un feo y vulgar espejo. Se miró en silencio. ¿Con que fines tendría aquel…Carrier este piso? ¿Por qué de repente había aceptado sin darse cuenta la existencia de vampiros…caza vampiros…y demás cosas extrañas?

Dibujó un agrio gesto de contradicción en su rostro. Estaba demasiado cansada para pensar en ello en esos precisos momentos. Ya habría tiempo. Abrió el grifo del agua y esperó a que saliese a una temperatura agradable y empezase a llenarse. Lentamente se desnudó. La ropa estaba bastante sucia, fría, húmeda. Lentamente se introdujo en la bañera. El agua empezó a cubrir su desnudo cuerpo. Se tumbó, y dejó que el agua le cubriese lenta y apaciblemente. Cerró los ojos. Se dejó transportar a ninguna parte. A esa “ninguna parte” en la que el cuerpo está relajado, y la mente puede tomarse unos segundos de descanso. Donde todo pierde su peso, todo parece flotar y vagar sin dirección concreta. Los sueños…los problemas…el cansancio…Todo parece dejar de existir cuando se viaja con los ojos cerrados a esa “ninguna parte”.

Escuchó el grifo de la bañera desde el sillón en el que se había sentado frente a la corredera de la terraza en el salón. No había cortina ni visillo. La ciudad se extendía al otro lado del cristal desnudo. Empezaba a adivinarse el amanecer. Tímidamente ya se dejaban ver las primeras luces, algunas sombras empezaban a sucumbir ante un nuevo día, ante un nuevo amanecer. Sintió entonces un punzante dolor en el costado. Con cuidado se levantó el jersey y vio como la herida había dejado de sangrar, pero tenía peor aspecto. No le había dicho nada a Lucia para no preocuparle. Seguramente fue antes de entrar en el establo, cuando perdió el control de la ranchera y esta se salió del camino precipitándose varios metros por un pequeño acantilado. La bestia los perseguía, y aunque sintió como la sangre caliente le empapaba la piel, no pensó en ello. Claro que dolía, pero su mente solo estaba concentrada en una cosa: poner a salvo a su mujer de aquel ser. Ahora, aunque la herida no sangraba, empezó a sentir un gran mareo, a sentir como las fuerzas le fallaban tan rápidamente que apenas tendría tiempo de…nada. Cayó de rodillas llevándose la mano al costado. Una vasta neblina empezó a cubrir su vista. Su cuerpo se encogió casi en forma fetal, cayendo hacia delante e hincando la frente en el suelo. Al fondo, el sonido del grifo de la bañera. Intentó llamar a su esposa, pero la voz se negó a brotar de sus labios. Las fuerzas lo habían abandonado. Sus ojos se cerraron lentamente. La mano dejó de cubrir la herida y cayó muerta al suelo. El amanecer bañó tímidamente con sus sumisos e indefinidos tonos y solo durante unos minutos el cuerpo sin vida de Pierre.


J. Carrier regresó un mes más tarde.


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