martes, 21 de febrero de 2017

CAPÍTULO 24 PARTE 1 EL TERROR Y LA MUERTE


Despertó sobresaltada. Sentía un fuerte y molesto dolor en el cuello. ¡Maldito sillón! Dibujando una mueca de dolor movió la cabeza intentando aliviarse, y se encontró con la imagen de Marcos durmiendo en el sofá. Desde su posición en el incómodo sillón parecía que el joven incluso había dejado de temblar. Era la viva imagen de un niño pequeño durmiendo, entregado al reino de los inofensivos e infantiles sueños. Pero al fijarse más detenidamente en su rostro, pudo ver como sus labios se habían teñido de un preocupante tono blanquecino y como la piel de aquellos labios se habían agrietado a la vez que temblaban de manera incesante. Se incorporó. 
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Notó que la temperatura del piso había vuelto a descender de manera considerable. Con cuidado tocó la frente de Marcos, y descubrió que la fiebre continuaba tan alta como hacía unas horas. No sabía qué darle ya. A lo largo de los últimos dos días le había obligado a tomar de todos los medicamentos que había encontrado en el piso, pero la fiebre no remitía. Incluso R le había traído algunas medicinas más de la farmacia, sin conseguir que el joven se recuperase lo más mínimo. Con cuidado recolocó la manta que lo cubría.

La luz de la luna se filtraba por el ventanal del salón. Fuera parecía estar lloviendo, aunque daba la sensación de ser una lluvia fina y débil. Con gesto somnoliento cruzó el salón y entró en el cuarto de baño. Al pasar encendió la luz, y cuando alzó la mirada su rostro se reflejó en el espejo que había sobre el lavabo. Terminó de abrir los ojos y durante unos segundos se observó con detenimiento. “Uff vaya cara” murmuró en silencio al ver su imagen castigada claramente por el sueño y el agotamiento en medio de un pastoso silencio que parecía inundar todo el pequeño piso y en especial aquel cuarto de baño. Al final, de nuevo, terminaba cuidando de Marcos. Igual que cuando estaban juntos. Ella siempre se tenía que encargar de cuidarlo en muchos y variados aspectos. Ella siempre había sido la adulta de la relación.

Gruñó entre dientes algo molesta consigo misma por consentir que se repitiese la historia o que esos recuerdos volvieran. No quería pensar en aquello. Llamaría a los padres de Marcos. Con todo el jaleo se le había pasado avisarles de que su hijo no se encontraba bien. Les llamaría en unos minutos.

El agua del grifo estaba bastante fría. Sospechosamente fría, pensó despreocupadamente. Se inclinó hacia adelante y hundió su rostro entre sus dos manos juntas y llenas de agua. El frío pareció atravesar todos y cada uno de los poros de la piel hasta llegar a clavarse en el mismo alma. Pero aguantó el rostro hundido en el agua unos segundos. Después, lentamente abrió las manos y dejó caer el agua sobrante por el lavabo. Se incorporó. Sus ojos cerrados. Cuando los volvió abrir soltó un grito. Por un instante, una imagen oscura, borrosa y apenas humana que parecía estar justo detrás de ella se reflejó en el espejo. Se giró asustada, apoyándose en el lavabo. Pero en el pequeño cuarto de baño no había nadie, ni nada. 

Estaba ella sola. Resopló maldiciendo en silencio y culpando al cansancio de aquel extraño reflejo, e incluso a las imperfecciones que tenía el mismo espejo por los años que indudablemente tenía a sus espaldas. Se secó el rostro con la toalla, pero al querer salir del cuarto de baño su corazón se aceleró. La puerta estaba cerrada. Juraría que no la había cerrado al entrar, pensó dudando de sus propios actos. Agarró con fuerza el pomo y tiró hacia ella, pero la puerta no cedía.

-Joder- murmuró. E intentó una vez más abrir la puerta. En ese segundo intento agarró el pomo con ambas manos tirando incluso con más fuerza, pero la puerta no cedía ni un solo centímetro. Justo en ese momento se percató de que no podía retirar sus manos de aquel pomo. Su cara se contrajo en una mueca de terror. Ahora su preocupación no estaba en abrir y salir, sino en poder separar las manos del trozo de metal. Era como si hubiesen quedado “pegadas”.

Una extraña sensación de intenso frío empezó a cubrir sus dedos desde las uñas y subiendo hacia las muñecas. “joder, mierda” murmuraba con creciente desesperación a la vez que luchaba con fuerza e intentaba separarlas del pomo. Pero todos sus esfuerzos eran inútiles. El frío subía lenta e intensamente, clavándose y aferrándose incluso a los huesos. De repente, una capa oscura y viscosa emergió del fondo del pomo, cubriendo el trozo de metal y parte de sus manos. Aquella “cosa” oscura, a veces brillante y a veces opaca, parecía formar parte del frío que cubría sus manos. Avanzó por la puerta, subiendo incluso más deprisa que por las propias manos. La madera de la puerta empezaba a quedar completamente cubierta por esa “cosa” viscosa y oscura. Mientras que por las manos subía más lentamente.

-Vamos ábrete- Marta continuaba intentando abrir la puerta. Pero sentía que perdía el control de sus propios dedos y sus manos. El frío, junto a esa “cosa” oscura, avanzaba lenta e irremediablemente.

– Vamos joder- gritó empleando todas sus fuerzas.

                                                      Continuará.

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