martes, 28 de febrero de 2017

CAPÍTULO 24 PARTE 2 EL TERROR Y LA MUERTE



Antes de nada, gracias por visitar el blog

Segunda parte del capítulo 24 de La historia de la ciudad sin árboles. Esta semana con una pequeña sorpresa. Un pequeño vídeo que he realizado para la historia

Y justo en ese momento todo cedió. La sensación de frío desapareció, al igual que sus manos dejaron de estar cubiertas por la “cosa” oscura y viscosa. Levantó su rostro con un movimiento seco y rápido. Sus manos ya no estaban pegadas al pomo. De nuevo se encontraba frente al espejo, con el rostro mojado por el agua que todavía sujetaba entre sus manos. En completo silencio y desconcertada separó las manos y el agua cayó lentamente al lavabo, desapareciendo por el oscuro agujero del desagüe. Aquello parecía haber sido una maldita pesadilla. La puerta del cuarto de baño estaba abierta, y después de secarse con la toalla salió. Sintió un gran alivio al cruzar el pequeño y oscuro pasillo del piso y dejar atrás el cuarto de baño. ¿Había tenido efectivamente una pesadilla? ¿Una visión? Fuese lo que fuese, sin duda alguna había resultado muy real. Aunque en ese momento en sus manos no quedase ni la más mínima sensación de frío.

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Avanzó por el pequeño pasillo hasta llegar al salón. Pero apenas había empezado a borrar de su mente el desagradable momento con la puerta del cuarto de baño, cuando de nuevo su corazón dio un vuelvo. Un vuelco tan brusco, tan violento, que tuvo la sensación de que a punto estuvo de caer al suelo. Su mirada se clavó hacia el ventanal del salón, completamente abierto de par en par. Los visillos se balanceaban de manera salvaje por el aire que entraba sin control alguno en el interior del piso. Pero tanto las ventanas abiertas cómo los visillos golpeados por el viento quedaron en un segundo plano en el preciso instante en que descubrió a Marcos de pie junto al ventanal, de espaldas a ella. Vestido tan solo con el pantalón vaquero, descalzo. La luna iluminando su piel blanquecina, su cuerpo casi esquelético, y el agua de la lluvia golpeándolo en silencio.

-Marcos- Marta gritó aterrada, llamándolo, y corriendo en su ayuda. Pero apenas a un metro y medio del joven se paralizó por el terror.

Marcos se giró hacia ella con movimientos lentos, pesados, extendiendo su brazo derecho y con la palma de la mano abierta. Con unos dedos extremadamente finos y alargados, casi esqueléticos. En un claro gesto de que se detuviese, de que no fuera en su ayuda. Sus miradas se encontraron. La de Marta completamente aterrada, sin poder pestañear. La de él, muerta. Vacía de toda vida, negra como el fondo de un pozo. Reflejando tranquilidad, incluso resignación. El agua de la lluvia continuaba colándose al interior del piso. Y el frío inundaba rápidamente todo el salón.


-Estoy muerto cariño. Lo siento.- La voz de Marcos brotó del fondo de su garganta, del fondo mismo de su alma, con extrema dificultad.




Sus agrietados y sangrantes labios apenas se movían. Su rostro blanquecino parecía más enfermizo que nunca. La piel de su rostro se había tensado, marcando de manera brutal incluso los mismos músculos, como si también los huesos de su cara lucharan por querer atravesar la mismísima piel. Apenas hacía cinco minutos que Marta lo había visto por última vez, durmiendo plácidamente como si de un niño se tratase, y ahora…ahora su rostro era idéntico al de un muerto de varias semanas. Unas lágrimas brotaron de los ojos de la joven, que no era capaz de moverse un solo centímetro, aunque su corazón gritase desesperado pidiendo ir en su ayuda. Pero sin poderse mover, y en completo silencio, vio como Marcos bajó lentamente el brazo y volvió la cabeza hacia el ventanal del salón. 

En un ágil salto se encaramó al borde, quedando de cuclillas, y acto seguido sin dudar, se lanzó al vacío. La chica no pudo ni gritar del miedo que le invadía en ese momento. Pudo oír el preciso instante en el que el cuerpo de Marcos se estrellaba contra la acera. Silencio en el interior del piso. Las lágrimas brotaron mudas de sus ojos y recorrieron sus mejillas hasta perderse en el cuello, haciendo que su visión se nublase durante unos segundos. Sintió como las fuerzas le fallaban en las piernas y terminó cayendo al suelo, llorando en silencio.

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