martes, 9 de mayo de 2017

CAPÍTULO 27 PARTE III UNA PESADILLA


Una semana más y un nuevo capítulo.
Mil gracias a tod@s que día a día visitan el blog.



Julio resopló y se recostó en el sofá unos segundos. Con los ojos cerrados, sin pensar en nada en concreto. Después se cercioró de que la entrada principal estuviese cerrada y la alarma conectada, y tras apagar la luz del salón cruzó el pasillo hasta entrar en la habitación de su niña. La pequeña Ruth dormía en su cama, envuelta en el edredón de plumas y abrazada a su osito Teddy. Se sentó a su lado, con cuidado de no despertarla y le besó en la frente deseándola felices sueños. Segundos después salió del dormitorio, juntando la puerta. Nunca cerrándola del todo.

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Justo enfrente estaba el dormitorio del matrimonio. Ya había pasado el tiempo que le había dicho su mujer. Aun así estaba completamente seguro de que todavía tendría que esperar algunos minutos más. No le importaba. Conocía perfectamente a su esposa. Le daría tiempo a desnudarse, meterse en la cama e incluso cenar algo rápido en caso de tener apetito, antes de que saliese ella del pequeño cuarto de baño que tenían en el dormitorio. Vestida con alguno de sus camisones negros de encaje que tanto le excitaban al alcalde. Entró en el dormitorio y cerró con cuidado la puerta. La luz estaba apagada. “Qué raro” pensó distraído al pulsar la llave del interruptor para encenderla. Pero entonces al girarse descubrió el motivo por el que la luz estaba apagada. Junto al gran ventanal del dormitorio estaba…ella. Como esperando su llegada, clavando su terrorífica mirada en él. Entre sus garras tenía fuertemente cogida a su esposa, que parecía verdaderamente un trapo viejo a manos de aquel monstruo.

La mujer vampiro la tenía hábilmente cogida con una sola mano del cuello. Sus alargados y finos dedos cubrían por completo el cuello de la humana, que prácticamente no se podía mover. Ni se atrevía a moverse. Aquellas garras aprisionaban tan fuertemente su cuello que el aire parecía entrar muy despacio, casi lo justo para no caer muerta sobre la moqueta del dormitorio.

-Suelta a mi mujer por favor- Julio avanzó un paso y cerró con cuidado la puerta del dormitorio. Lo primero que le llegó a la mente fue su pequeña Ruth. No quería, ni por lo más remoto, que algún ruido la despertase, y por ese motivo cerró la puerta del dormitorio, quedando los tres dentro. Pero el vampiro no dijo nada.


Lo miró fijamente a sus ojos y con una terrorífica sonrisa en sus rojizos y fríos labios abrió su boca y mostrando sus afilados colmillos desgarró medio cuello de la humana. La sangre brotó sin control, salpicando las cortinas casi al instante, salpicando incluso el rostro de él. El cuerpo de su esposa se desplomó sin vida contra el enmoquetado suelo…

El alcalde despertó sobresaltado, con la respiración entrecortada y su rostro empapado en sudor frio. Fue un movimiento tan brusco que incluso su esposa despertó sobresaltada también. Intentando recobrar el aliento miró hacia la ventana. El visillo estaba corrido y el sonido de la lluvia fue lentamente acoplándose en el silencio del dormitorio. Al otro lado de la ventana cerrada todo estaba oscuro.

-¿Te encuentras bien?- Se interesó mirando preocupada a su marido tras encender la luz de la lamparilla de su mesilla.- Te traeré un vaso de agua.- Sabía que las presiones de su puesto algunas noches le hacían despertar de esa manera. No era la primera vez que sucedía algo parecido.

-No te preocupes- respondió mirándola a los ojos e intentado transmitirla tranquilidad.- ya voy yo.


Bajo la preocupada mirada de su mujer, y arrastrando torpemente su cuerpo se levantó y salió del dormitorio. Abrió con cuidado la puerta de la habitación de la pequeña Ruth, y la observó durante unos segundos sin llegar a entrar. La niña dormía plácidamente en su cama. Y entonces pensó en la pesadilla que le había hecho despertar sobresaltado. ¿Y si en lugar de ser su mujer la asesinada era la pequeña? Eso no podría soportarlo. Sacudió de manera sutil la cabeza, cabreado incluso consigo mismo, por aquel absurdo pensamiento.   


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