martes, 16 de mayo de 2017

CAPITULO 28 CONFESIONES

Buenas tardes.

Gracias por visitar...leer...comentar...

Esta semana un nuevo capítulo de "La historia de la ciudad sin árboles"




El ambiente en el interior de la cafetería resultaba bastante agradable. Sin duda alguna lo que buscaban para protegerse del intenso frío de aquella tarde. Aunque estaba muy concurrido el local, tuvieron suerte y encontraron una mesa libre, junto a uno de los ventanales. El olor del café, el chocolate, la bollería recién hecha, inundaba todo el establecimiento.

Durante unos instantes, mientras se quitaba el abrigo y lo dejaba sobre el respaldo de la silla, Marta dejó que toda aquella mezcla de aromas y olores le inundasen por completo. Incluso cuando se sentó, cerró los ojos y disfrutó de aquel momento hasta que lentamente fue abriendo de nuevo los ojos. A la vez, que todos aquellos agradables olores se hacían ya a ellos dos, y la agradable sensación al entrar fuese acoplándose paulatinamente, haciéndose parte de ellos.
https://pixabay.com/


-La noche de la muerte de Mario ocurrió algo en el apartamento- murmuró mirando a su padre cuando la joven camarera tomó nota de lo que iban a tomar padre e hija y se dirigió hacia el reservado para camareros.

-¿A qué te refieres?- R no quería que su hija se atormentase demasiado con aquel incidente, pero por otro lado, reconoció para sí mismo, era bueno que la chica “soltase” todo lo que pudiese llevar en su interior.

Y después de que la camarera regresase con los dos cafés y la ración de churros (ninguno de los dos era capaz de comerse una ración cada uno) Marta le contó en voz baja, casi en un hilo de voz, todo lo sucedido en el cuarto de baño. Lo de aquella “cosa” que parecía no querer dejarla salir y como le iba atrapando lentamente para luego, sin más, desaparecer. Después, al terminar el relato, volvió a bajar la mirada hacia la mesa y sin apenas ganas dio un pequeño sorbo de café. Los churros descansaban en un plato en el centro de la mesa, solo R había cogido ya dos mientras escuchaba el relato de su hija, pero esta no parecía querer comer nada.

R dejó que pasasen algunos segundos en silencio después de que su hija hubiese terminado de hablar. Pensó un poco en todo lo que le acababa de contar. Últimamente tenía la extraña sensación de que estaban ocurriendo cosas demasiado “raras” para una ciudad como aquella. Aunque pensándolo bien, la ciudad en sí no era muy normal, por tanto…

-Deja que pase un tiempo ¿vale?- Fue lo único que se le ocurrió, a la vez que un estruendoso ruido proveniente de la cocina de la cafetería llamaba la atención de casi todos los clientes. Al parecer un par de platos habían decidido saltar al vacío desde las manos de la cocinera. El resultado: un montón de pedazos de cristal color verde oscuro por todo el suelo de la cocina. El ruido cesó y los clientes de nuevo volvieron a lo suyo.

-Come un par de churros hija- R intentó animarla en voz baja.- Están calentitos, y muy buenos.

Marta lo miró y sonrió en silencio. Con gesto pesado cogió uno que poco a poco se fue comiendo.




No hay comentarios:

Publicar un comentario