martes, 30 de mayo de 2017

CAPÍTULO 29 PARTE 2 MANIOBRA EN LA LIBRERIA

Sonrisa a la que respondió de manera educada Ana Moore antes de regresar a la mesa y entre sonrisas y besos empezar a atender a su público a la vez que se sentaba en su silla para dar comienzo la firma de ejemplares. R ojeó un instante el libro que le había entregado. A continuación miró a su hija.

-¿Te gusta la literatura romántica?-preguntó algo extrañado R.

-Fueron unos días malos- confesó la chica mostrando una ligera sonrisa-Tenía las defensas bajas.

R sonrió en silencio. A continuación cambió su semblante.

-¿Estas preparada?

-Claro- asintió Marta cogiendo el libro que su padre le entregaba.-Ten cuidado por favor.

R asintió. El plan era relativamente sencillo. Como esperaban, la librería estaba bastante concurrida de público, por lo que confiaba que resultase sencillo el colarse en la trastienda y echar un rápido vistazo. Entretener a la propietaria de la librería sería trabajo de Marta. Saludar a Lucia después de tanto tiempo sin pasar a visitarla sería la excusa perfecta.
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Observó a su padre como se camuflaba entre la gente, y acto seguido buscó a la propietaria de la librería. La encontró al otro lado del mostrador. Se acercó y apenas había llegado, Lucia vio a la chica. Dibujó una bonita sonrisa en su rostro y salió a su encuentro para fundirse en un abrazo con ella. El trabajo estaba hecho. Podría estar hablando con la propietaria de la librería todo el tiempo que fuese necesario. Durante el abrazo, la joven periodista desvió ligeramente la mirada y vio a R colándose en la trastienda con gran facilidad y destreza. Nadie se percató de la acción. Todo el público estaba, afortunadamente, pendiente de la escritora.

Una vez en la trastienda, cerró con cuidado la puerta. Todo el bullicio del público se vio rebajado de manera sustancial al cerrar. Todo a su alrededor estaba oscuro. Pero no quería encender la luz. De uno de los bolsillos de su abrigo extrajo una pequeña linterna que encendió. El pequeño punto de luz empezó a mostrar un cuarto de reducidas dimensiones. Con algunas estanterías llenas de archivadores y viejos libros muy ordenados. Un viejo ordenador, que seguramente no funcionaria, en un rincón junto a un perchero. Un pequeño mueble con algunos cajones. Siempre con el punto de luz por delante, abrió los cajones. La mayoría vacíos. Y en el resto algunos albaranes de años atrás. Basura. Nada importante.


Nada más cerrar el último cajón, volvió a mover de un lado a otro, quizá algo desilusionado por no haber encontrado nada, la pequeña linterna. Pero ¿Qué esperaba encontrar? Tan solo se habían guiado por lo que había dicho Marcos unas horas antes de morir en medio de una fuerte fiebre y delirios. ¿Y si lo que buscaban no estaba en la trastienda? Moviendo la cabeza apagó la linterna con la intención de salir de allí, pero justo cuando se la guardaba en el bolsillo, sintió una ligera y muy sutil brisa bastante fría en el dorso de la mano, como si le rozase casi pidiendo perdón por aquel acto. Volvió a encender la linterna y buscó en silencio con el punto de luz guiándole. 

Tras unas cajas apiladas junto a una de las paredes, bastante bien escondida…camuflada, esa era la palabra, encontró una puerta cerrada. Sujetando la linterna unos segundos con la boca, retiró sin hacer ruido aquellas cajas. Palpó con las manos, buscando un pomo, la manera de poder abrir aquella puerta. En la parte superior tenía una pequeña abertura de apenas unos centímetros, que introduciendo los dedos hacía que la puerta se abriese. Sujetando ahora la linterna con la mano izquierda cruzó aquella puerta. Había un pequeño descansillo y justo después una escalera que llevaba a un piso inferior. Un sótano. Sin dudarlo empezó a descender. Una pequeña escalera de doce escalones, en línea recta, rodeada a ambos lados por una pared, y que terminaba en una nueva puerta cerrada. Apuntó con la linterna a la cerradura, buscando incluso el pomo. Afortunadamente no tenía llave alguna echada y el pomo giró sumiso y en silencio bajo la mano del detective.



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