martes, 13 de junio de 2017

CAPÍTULO 30 PARTE 1 SOMBRAS EN LA OSCURIDAD

La tarde siguiente a la firma de libros, R cerró la oficina una hora antes, y tomando un taxi se dirigió al edificio anatómico forense. Esperaba encontrar a Eva.

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En el corto trayecto, apenas quince minutos, pudo escuchar en la radio la noticia de una nueva persona encontrada muerta por la mañana a orillas del río, en la parte norte de la ciudad. Apenas se daban detalles del estado del cadáver, pero según el periodista que hablaba en ese momento por la emisora, al parecer el cuerpo lo habían encontrado en muy mal estado. Similar a las muertes de los días anteriores en la ciudad. Todavía seguía coleando en la radio y la televisión los brutales asesinatos de las dos estaciones de metro, en los que habían encontrado un total de siete personas brutalmente asesinadas. E insistían en que la policía continuaba dando palos de ciego porque no encontraban ni una sola pista que les pudiese ayudar en la investigación. El taxista refunfuñó. Aquella noticia era la excusa perfecta para poder hablar con su cliente, que desde que se había sentado en el asiento trasero e indicado la dirección en un tono más bien bajo y apagado, no había abierto su boca para nada más. Ni siquiera para protestar por el denso tráfico…por el frío…o por cualquier otra cosa de la que los clientes normalmente se quejaban.

-Sea quien sea el que comete los crímenes es listo de cojones- protestó el taxista mirando por el retrovisor a su cliente, buscando descaradamente una respuesta.

R escuchaba la noticia, pero tenía la mirada perdida hacia la ventanilla, hacia el otro lado del cristal. Donde el frío era intenso y la noche empezaba a bañar de manera silenciosa y rotunda los rincones de la ciudad. Se sorprendió al ver que efectivamente como decía la radio y la televisión desde hacía unos días, los ciudadanos procuraban no estar en las calles a medida que se acercaba la noche. Incluso descubrió en el trayecto en taxi, que algunos establecimientos cerraban antes de sus horas habituales.

Pagó con un par de billetes al taxista justo cuando lo dejó frente al edificio en el que trabajaba Eva, y pidió que lo esperase, que no tardaría mucho. Saliendo del taxi se recolocó el abrigo y empezó a caminar. Pero no entró en aquel edificio. En su lugar esperó en la puerta. Desde esa misma posición podía ver el coche de la forense y sabía que todavía no había terminado su turno. Miró el reloj y comprobó que quedaban pocos minutos. Se terminó de abrochar el abrigo y metió las manos en los bolsillos. Esperaría. Sabía que era una mujer muy estricta con los horarios. Además, al depender su puesto de trabajo directamente del ayuntamiento local, estaba obligada a salir a su hora. No se pagaban horas extras.


-Últimamente te veo muy a menudo- Murmuró Eva al salir del edificio y encontrarse cara a cara con el detective.

-¿Podemos hablar cinco minutos?

-Solo un minuto R- respondió de manera algo áspera la forense. Ya habían empezado a caminar hacia el parking, hacia el coche. Una vez más entre ellos dos no existía protocolo a la hora del saludo o despedida.- Tengo algo de prisa.

-Entonces iré al grano guapa- dijo el detective quitándose su Fedora sin dejar de andar. Eva lo miró un instante algo sorprendida al oír lo de “guapa”. Conocía a R y sabía que no era su habitual forma de hablar.- ¿Por qué me engañaste con lo de la muerte del informático?

-¿Engañarte?- Eva lo miró fugazmente a los ojos. Recordó que lo primero que le enamoró de R fueron aquellos ojos con mirada tan intensa, tan varonil, tan verdadera.- Oh vamos R, tú lo puedes hacer mucho mejor.

Llegaron al coche. La forense empezó a rebuscar las llaves en el interior del bolso que colgaba de su hombro.

-¿A qué te refieres?


-Viste los mordiscos.- Eva abrió la puerta y antes de entrar lo miró fijamente.- ¿Crees que en un informe oficial puedo poner que la muerte de aquel joven fue causada por el mordisco de un vampiro? Además ¿No ves últimamente las noticias? He podido hacer la autopsia a uno de los asesinados en la estación de metro y te puedo asegurar que un ser humano no causa esos destrozos en un cuerpo. Como ningún ser humano es capaz de matar clavando sus colmillos en el cuello hasta desangrar a otra persona. – Acto seguido montó en el coche y abandonó el parking. 


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