sábado, 5 de agosto de 2017

EL GATO

No sé qué ha podido suceder. Solo había salido un momento a dar una vuelta y al regresar…la puerta estaba cerrada.

He corrido hacia la parte de atrás de la casa (siempre tienen una puerta abierta por la que puedo pasar al interior) pero también está cerrada. ¿Qué ha pasado?
Me dirijo de nuevo a la entrada principal. Supongo que habrán tenido que salir y no se han dado cuenta de decirme nada. Esperaré en la puerta a que regresen. Pero…tengo hambre. No he comido nada desde anoche.

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Ya hace mucho que se fueron y no vuelven. ¿Por qué no volverán? Llevo todo el día esperando en la puerta, y tengo mucha sed y hambre. Veo a gente cruzar por la calle, incluso ha pasado un coche. Pero nadie me dice nada. Yo intento hablarles pero…nada.

La vecina de enfrente tiene la puerta de su casa abierta, creo que está limpiando. Desde la ventana me ha mirado, pero no ha dicho nada. Solo ha movido la cabeza.
¡Qué sed! Y ¡qué hambre! Se está haciendo de noche, y no han regresado todavía. ¿Y si les ha ocurrido algo? Vuelvo a la parte de atrás de la casa. Esta puerta también continúa cerrada. Veo a mi vecino. Bueno en realidad no es mi vecino, vive en la casa de al lado que está abandonada pero…bueno si, supongo que se puede considerar vecino.

Saltamos al patio de la casa abandonada por una pared que es más baja que el resto. Hay una vieja higuera. ¡Es enorme! Mi vecino me ofrece agua. Estoy sediento. Bebo con ansias, durante bastante rato. Me dice que no tiene nada de comida, pero que en breve saldrá a por algo. Me pide que lo acompañe. Dudo unos instantes, sigo dando vueltas a la cabeza el motivo por el que todavía no han llegado y no puedo entrar a casa. Pero tengo hambre. En mi vida había tenido tanta hambre. Acepto salir a por algo de comida.

Han pasado varias noches. En la casa abandonada no solo está mi vecino. Existen varios vecinos más, y vecinas. Una de ellas me mira con pena, y me habla con tristeza. Veo que se enfurece, no conmigo, y otro de los vecinos le dice que se calme, que así es la vida, y que ahora yo soy uno de ellos. Soy el pequeño, y me gusta que me mimen como me miman.

Ya salgo solo a por la comida.

Han pasado muchas más noches. Ya no hace tanto calor, como aquel día que encontré la puerta cerrada y no puede entrar en casa. Incluso los días son más cortos.

Tengo un sitio muy tranquilo para dormir. Incluso tengo una amiga que siempre quiere estar conmigo. Es muy bonita.

Observo el pueblo desde lo alto de la casa abandonada. Todo parece igual, pero no lo es. Hace dos días, uno de los vecinos me buscó gritando, diciendo que habían vuelto, que habían regresado. Que mi casa volvía a estar abierta. Corrí…salté…pero al llegar a la puerta me detuve en seco. No eran ellos, los de siempre. Eran otras personas, diferentes. Y estaban sacando los muebles de la casa y arrojándolos a un camión. Esquivé una patada de una de esas personas. Creo que no querían que entrase en casa. Los antiguos nunca me pegaron.


Mi amiga se acerca a mí. Me dice que no me preocupe, que ya no pertenezco a esa casa. Que será mejor que vuelva con ellos, con ella, a la casa abandonada.  

2 comentarios:

  1. Los humanos, somo el único ser vivo que mata por el placer de matar a su misma especie, maltrata a animales, los abandona.

    Ellos... nunca lo harían.

    Sin duda, los animales son mucho mejor que algunas "personas". Es lo que se deduce de tu relato. Un abrazo literario.

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    1. Así es Lola. Gracias por tus palabras y tu visita al blog. Un abrazo literario!

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