martes, 3 de enero de 2017

CAPÍTULO 21 EL PASADO DE LUCIA PARTE 2

Buenas tardes/noches. Segunda parte del capítulo 21 de La historia de la ciudad sin árboles.

Recordaros que podéis descargaros la novela pinchando aquí

Quería aprovechar y dar las gracias a todas las personas que día a día se pasan por el blog.



-No te muevas- susurró Pierre a su mujer, reteniéndola tras de sí y sin dejar de apuntar hacia la furgoneta.

Las luces del vehículo continuaban encendidas y el motor en marcha. La puerta del conductor se abrió con cierta dificultad. Seguramente tras el encontronazo la chapa podría haberse hundido ligeramente, impidiendo de esa manera que se abriese bien al primer intento. Pierre respiró hondo, preparado para abrir fuego si era necesario. Del interior de la furgoneta salió un hombre vestido con pantalón y botas militares, jersey oscuro de cuello alto. Alrededor de cincuenta, pelo rubio y barba de tres días. En la cintura destacaba un enorme cinturón de cuero del que colgaba una cartuchera con una pistola en el lado izquierdo. Con la mano apoyada en la puerta miró fijamente al matrimonio. Mirada sincera y rostro que parecía enviar a gritos la palabra “confianza”.

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-Subid a la furgoneta, rápido. Tenemos que abandonar este maldito lugar.- A la vez que les apremiaba con la voz movió la cabeza invitándoles a subir. Justo en el mismo instante en que una parte del tejado del granero cedía estrepitosamente y algo se precipitaba contra el suelo. 



El recién llegado, sin apartarse de la puerta del vehículo, y el matrimonio, miraron hacia donde había cedido parte del techo. Que fue justo sobre las dos vacas. Que empezaron a mugir aterradas. Porque de entre lo que acaba de caer desde el tejado, salió una figura grisácea, deforme, con afiladas garras y ojos tan rojos como el mismísimo fuego del infierno. Aquella bestia o lo que fuese, cayó entre las dos vacas y casi al instante empezó a gritar desgarrando la piel y la carne de los indefensos animales con sus devastadoras garras. Las inofensivas vacas intentaron salir del pequeño habitáculo en el que pasaban las noches y que ahora se había convertido en una trampa mortal, pero resultó imposible.

-Vámonos ya- apremió el hombre de la furgoneta.

Pierre y Lucia corrieron hacia el vehículo, rodeándolo por la parte delantera y accediendo al interior por la puerta del copiloto. El conductor entró a la par. Justo en ese momento, por la luna delantera vieron como aquella bestia, iluminada de lleno con las luces del vehículo, y caída del tejado, emergía de entre los restos de las vacas y cubierta por completo de sangre, clavaba su intensa mirada en ellos tres con el rostro ensangrentado y mostrando afilados colmillos igualmente manchados de sangre.

-Me llamo J. Carrier- se presentó el hombre metiendo la marcha atrás. Sin decir más, la furgoneta rugió marcha atrás para salir del establo. Pero aquella bestia o aquel ser, fuese lo que fuese, de un impresionante salto, cayó justo encima del capó. Lucia gritó por el susto del impacto, a la vez que miraron hacia el frente encontrando al otro lado del cristal a la bestia que se aferraba con los brazos extendidos a los extremos del capó, y gritaba mostrando sus colmillos, a la vez que intentaba morder el cristal.

-Es una bestia fea de cojones ¿eh?- gritó con tono jocoso J. Carrier moviendo la cabeza. Pierre y Lucia lo miraron extrañados al notar que de manera curiosa aquella situación límite parecía causarle una gracia que sentían fuera de lugar.

La furgoneta salió del establo y J. Carrier viró con un fuerte volantazo, lanzando a la vez una rápida mirada a la bestia. Fuera, parecía llover con más fuerza que cuando ellos llegaron hacía tan solo unos minutos, y el suelo estaba cada vez más embarrado e intransitable. La furgoneta giró en redondo dejando el hueco por el que había entrado a sus espaldas, y la bestia en la rápida maniobra de J. Carrier con el vehículo fue despedida contra el barro varios metros hacia la izquierda. Aquella grisácea y horrenda criatura rodó por el embarrado suelo hasta estrellarse contra el tronco de uno de los árboles que rodeaban el establo. El cuerpo crujió tras el impacto.

-No conseguiréis nada matando a esa cosa- anunció Carrier quitando con gran agilidad la marcha atrás y metiendo la primera.- Es solo un súbdito.- Una nueva mirada hacia la bestia antes de pisar el acelerador. La bestia se incorporó tras el impacto contra el árbol. Carrier pisó el acelerador y manejó con gran destreza la caja de cambios para intentar lo más rápido posible coger mayor velocidad. El agua caía con fuerza y el limpia parabrisas se movía toscamente de un lado a otro de la luna sin apenas dar abasto para apartar tanta cantidad de agua, a la vez que las blanquecinas luces del vehículo iluminaban el estrecho camino por el que avanzaban a gran velocidad.

-¿Un súbdito?- preguntó extrañado Pierre, marcando las arrugas de su frente y mirando al conductor.- ¿Un súbdito de quién?


-De la gran jefa. Un ser como no hay otro en este mundo. O al menos eso espero.

Continuará

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