martes, 24 de enero de 2017

CAPÍTULO 21 EL PASADO DE LUCIA PARTE 5

Buenas tardes.5ª parte del capítulo 21 de La historia de la ciudad sin árboles 


Muchas gracias de corazón por pasar cada día por el blog y seguir las entregas semanales de mi última novela.





Lucia y Pierre se miraron un instante, desconcertados.

-Dirá mejor que acaba de matar- rectificó Pierre. Poniendo un ligero énfasis en la palabra “acaba”.

Frente a ellos, la carretera continuaba lisa y oscura. Enigmática. Continuaba lloviendo, pero el sonido de la tormenta parecía haber quedado en un segundo plano. J. Carrier volvió a mirarlos un instante, mostrando una sonrisa de satisfacción.

-Explícalo como quieras- dijo el caza vampiros- Desconozco el motivo por el que esa bestia os perseguía. Pero nunca persiguen sin ningún motivo.
https://pixabay.com/es/


-Nosotros no sabemos nada- El tono de voz de Lucia no fue todo lo convincente que quiso que sonase. Se encontró un par de segundos con la mirada de J. Carrier, que sin duda era una mirada de: “no me creo ni una palabra nena. No te creo”.




-Me ayudareis a cazar a la gran jefa. Instalaros en esa ciudad. Hacer una vida normal. Tendréis noticias mías de cómo, cuándo y por dónde empezar la tarea. Queráis o no estáis metidos en esto tanto como yo.

El matrimonio se miró unos instantes. La tormenta arreciaba por momentos. El limpia parabrisas no parecía dar abasto. En medio de la oscura noche la furgoneta no dejó de avanzar a gran velocidad por la solitaria carretera comarcal.

Tres horas más tarde entraban en la ciudad. Lo hacían en silencio, por la parte oeste. Zonas industrializadas, anchas calles de polígonos industriales. Todo bastante oscuro, solitario, de aspecto muy triste. Alguna que otra farola encendida, pero poco más. Lucia sujetaba la mano izquierda de Pierre entre las suyas, presionando casi con fuerza. Pero el francés no protestaba. En esos momentos ambos sabían que una nueva vida empezaba para ellos. Atrás quedaban recuerdos, amigos, familiares. Mientras circulaban por la carretera, antes de llegar a la ciudad, Lucia hacía memoria en silencio. ¿Qué había pasado para que aquel monstruo o lo que fuese los persiguiese?

La vieja furgoneta se detuvo. Por fin el metálico ruido cesó. Aunque Lucia no se dio cuenta hasta pasados unos segundos, cuando Pierre retiró sus manos y ella “despertó” de unos recuerdos que se resistían. Tanto su marido como J. Carrier habían descendido del vehículo. Moviendo la cabeza en un gesto de cansancio, cogió la pequeña mochila que llevaba entre los pies y bajó también. Pierre salió a su encuentro.

-¿Estas bien?- El francés se interesó por su estado.

-Cansada- murmuró ella, casi de manera furtiva. Como si aquella confesión solo fuese para su marido, y no para el extraño, el supuesto caza vampiros que se acercaba a ellos en esos momentos. Pierre la cogió de la mano con cariño, atrayéndola hacía él. Justo en el momento en que J. Carrier terminaba de rodear la furgoneta y se detenía frente a ellos.

-Las llaves de un piso- J. Carrier estiró el brazo y les estregó un par de llaves en un feo y desgastado llavero que parecía uno de los huesos de un dedo humano, en el que venía escrito en tinta negra el número del portal del piso y la letra. Un poco macabro el aspecto del llavero, pensó Pierre cuando lo observo al cogerlo - De momento servirá.-Sentenció Carrier.

El francés cogió las llaves. Con un gesto tranquilo, casi sin ganas que J. Carrier lo percibió. La noche era algo fría. No llovía. Había dejado de llover casi cincuenta kilómetros atrás, pero arriba en el cielo no se veía una sola estrella, ni siquiera la luna parecía estar dispuesta a hacer acto de presencia. El suelo estaba mojado, pequeños charcos salpicaban la acera.


-Volveré en unos dos meses,- Anunció Carrier mirando al matrimonio- Si puedo antes, vendré antes.- Durante un instante miró en silencio a ambos.- Encontraréis la ciudad un poco… extraña, diferente, pero no temáis. Con sus pequeñas particularidades, pero al final de todo es una ciudad más.- Hizo una pequeña pausa sin dejar de mirar a la pareja.- Quizá entonces decidáis contarme vuestra historia.

Sin decir alguna palabra más, J. Carrier rodeó la furgoneta y subió a ella, bajo la atenta mirada de Lucia y Pierre. Poco después, se alejaba por donde habían llegado minutos antes. Pierre miró a su esposa. Ambos se giraron y levantaron la mirada ante el gris y feo edificio que se alzaba majestuoso y triste frente a ellos. Todo era oscuridad. La silueta del edificio recortada frente a la noche. Sin decir nada se dirigieron hacia el portal. Empezaba su nueva vida. 

CAPÍTULO ANTERIOR