sábado, 10 de junio de 2017

MODELADO 3D

Buenos días. Estoy pensando en unificar los dos blogs que tengo. En un principio el otro blog lo abrí para mostrar mis trabajos con el modelado 3D, animación 3D y postproducción.
Aquí os dejo unas muestras de mis modelados en 3D.



En esta entrada quiero mostrar algunos de mis últimos trabajos en 3D Max.




 Me he aventurado a modelar mi propia versión de la TARDIS, la famosa nave del DOCTOR WHO,  que reconozco que es mi serie favorita. Y llevo un tiempo queriendo hacer un cortometraje sobre la serie.



Esta tercera imagen pertenece a un trabajo algo más ambicioso. Actualmente estoy modelando una ciudad de tamaño medio para mi primer Demo Reel.


A medida que vaya avanzando en el modelado de la ciudad, iré subiendo tanto imágenes como capturas del trabajo.

martes, 6 de junio de 2017

CAPÍTULO 29 PARTE 3 MANIOBRA EN LA LIBRERÍA.

Cuando salieron de la librería, casi una hora después de entrar, el frío era más intenso. Y la noche acunaba en silencio a la ciudad entre sus brazos, entre sus mortales brazos, como resultaban ser en las últimas fechas. R había abandonado la trastienda y todo lo que en ella había encontrado, volviendo a la librería. Su experiencia le sirvió para no ser visto al regresar a la tienda y parecer que entraba de nuevo por la puerta principal. Ana Moore continuaba sentada en su puesto firmando ejemplares y fotografiándose con algunas lectoras. Su sonrisa era realmente preciosa pensó R al observarla de manera furtiva durante un instante. Ana/Antonio. Eso lo descolocaba. No podía remediarlo, en ciertas cosas era bastante clásico. 

https://pixabay.com/

Encontró a su hija junto al mostrador, hablando con la propietaria del establecimiento. A quien conoció pocos segundos después. Justo cuando se acercó a Marta y esta sintió su presencia. Durante un segundo sus miradas, la de padre e hija, se encontraron. El trabajo estaba hecho, decía la mirada del detective. Una se había encargado de entretener a la propietaria, la única que en un momento dado podría haber ido a la trastienda con cualquier excusa. Y el otro había echado un vistazo en busca de pruebas. Tras una charla de algunos minutos con Lucia, abandonaron la librería con uno de los ejemplares firmados por la autora.

-¿Ya se van?- preguntó Ana entregándole el libro firmado.

-Así es- confesó R estrechando la mano de la escritora.- Nos esperan para cenar.

-Les agradezco que se hayan pasado.- confesó Ana- Y encantada de conocerte Marta.

-Igualmente- La hija del detective sonrió ligeramente.


Cogieron un taxi y se acomodaron en los asientos traseros. Recorriendo las calles camufladas en la oscuridad de la noche, R observaba distraído el libro envuelto. Lucia había tenido el detalle de envolverlo en papel de regalo al saber que era precisamente eso: un regalo. Marta miró al detective.

-¿Y bien?

R mantuvo la mirada un poco más en el libro, en aquel papel verde clarito que lo envolvía. Después, mirando un instante a su hija sacó del bolsillo de su abrigo el móvil accediendo al archivo de imágenes. Le mostró una en particular. La joven periodista sujetó el móvil que le ofrecía R y viendo que este le hacía una señal de que no dijese nada en voz alta, que solo mirase.

Y Marta vio la imagen. Durante un instante no supo que decir. Miró la imagen detenidamente. 

El taxi continuaba su viaje por las calles de la ciudad, sin encontrar apenas tráfico. Durante un par de veces el taxista miró por el retrovisor, echando un vistazo a sus clientes. Si sus miradas coincidían por el retrovisor sería la señal y entonces entablaría una insustancial charla con ellos mientras duraba el trayecto, como hacia siempre con la mayoría de sus clientes. Pero los vio enfrascados en sus cosas y no quiso molestar. Al tío maduro le gustaban las jovencitas, y esta estaba “cañón”, pensó sonriendo para él mismo y volviendo la atención hacia el frente. Ya no faltaba mucho.

-Nunca lo habría podido imaginar- murmuró Marta cuando descendieron del taxi. El portal de R se alzaba justo al lado. Un oscuro bloque de hormigón salpicado con tristes luces blanquecinas. La hilera de coches aparcados había hecho que el taxi se detuviese en doble fila durante unos segundos. Después cuando sus clientes cerraron la puerta se alejó con el cartel de libre en verde y refunfuñando por la nula propina que aquel tío le había dado.

- El tono verde sigue siendo tan magnifico como la primera vez que la vi en la casa del informático.- R ya había guardado el móvil de nuevo en su bolsillo. No borraría esa fotografía sacada en el sótano de la librería. Aquellas escaleras lo habían conducido a una amplia sala muy bien iluminada. Un centro de reunión sin duda alguna a juzgar por las dos amplias mesas y casi la docena de sillas de plástico en vivos colores colocadas a ambos lados, rodeándola. Unos grandes fluorescentes colgados del techo. Paredes pintadas en tonos suaves, alegres. Limpias de cualquier fotografía, cuadro o incluso moho o suciedad. Unos respiraderos para que el aire en el interior no se viciase. Y sobre una de las mesas: la maceta. Aquella por la que el informático había sido asesinado. ¿Entonces era de Lucia la maceta? ¿Lo había matado la propietaria de la librería? ¿Quiénes se reunían en esa sala y para qué? Todo resultaba todavía bastante desconcertante. Pero la investigación parecía empezar a moverse.

-¿Crees que Lucia…?- Marta quedó en silencio cuando R levantó de manera sutil la mano con la señal de que guardase silencio. Estaban justo al lado de la puerta del edificio, y el detective tenía ya entre los dedos la llave del portal, pero algo le hizo detenerse en seco. Marta guardó silencio, y sin moverse siguió con la mirada al detective, que con gesto serio miró detenidamente y en silencio a ambos lados de la calle. Un vecino paseaba a su perro atado con la correa. Un camión de la basura pasó calle abajo. R en medio de la acera permaneció en completo silencio. Juraría que había oído algo extraño, raro. Y sintió la sensación de estar siendo observado, exactamente igual que cuando salieron de la librería y esperaban el taxi. Pero no había rastro de absolutamente nada ni nadie. Movió la cabeza y regresó junto a su hija.

-¿Ocurre algo?- preguntó la joven cuando entraron en el portal.

-No- respondió en tono tranquilizador el detective.- Pero esta noche te quedas a dormir aquí ¿de acuerdo?

Cogieron el ascensor y subieron al piso. Isabel aguardaba con la cena preparada. Sería una velada tranquila y en familia.