sábado, 22 de julio de 2017

Los partidos de chapas

No sé por qué ha sido. No recuerdo nada en absoluto que forzara el regreso de un recuerdo de la niñez tan querido como este, ayer por la tarde mientras caminaba hacia el coche.

Imagen de Google


Las chapas. Los partidos de chapas que echábamos siendo niños. No recuerdo si quiera el equipo de fútbol que solía utilizar. Pero lo que si recuerdo, era cómo colocaba la chapa, casi todas con aquel pastoso olor a cerveza, encima del cromo y marcaba la circunferencia con el bolígrafo. Después escribía el nombre del jugador y recortaba con las tijeras. Colocaba la cara recortada dentro de la chapa y los colocaba en línea, como si fuesen jugadores reales escuchando el himno de su país.

El portero se dejaba, yo al menos siempre lo hacía así, para el final. Bien podía ser el tapón de una botella reforzado con un par de chapas en la parte trasera o cinco o seis chapas juntas, todo unido con cinta aislante bien fuerte, hasta formar una masa, algunas veces deforme, en la que se colocaba la cara del portero. ¿El objetivo de tal masa deforme? Que resistiera los garbanzos.

Si los garbanzos, los mismos del cocido. Esos eran los balones.

Solíamos buscar las aceras o las calles más lisas en donde dibujar con tiza el campo de fútbol. Algunos de mis amigos, yo nunca fui un manitas para esas cosas, llevaban verdaderas “obras de arte” que simulaban las porterías.
De vez en cuando teníamos que salir corriendo tras encontrar una acerca en condiciones para nuestro campo de fútbol, porque la vecina y supuesta dueña de la acera, salía con el palo de la escoba molesta porque pintábamos en “su suelo”.
Que paciencia para construir los equipos…para formar nuestras ligas…eliminatorias…Desconozco si alguna de esas ligas o eliminatorias llegaban al final. Nunca fui muy bueno con las chapas y ganaba pocos partidos. Por eso tenía mis propios equipos y mi propia liga, porque me eliminaban tan pronto que…no quedaba otra que practicar.


Otros tiempos, otros juegos, otros amigos. Parte de la columna vertebral de nuestra vida.

martes, 18 de julio de 2017

CAPÍTULO 32 EL PENDIENTE

¿Cómo había sido posible que se hubiese olvidado de aquel pendiente? ¿Qué tipo de periodista pretendía ser si lo que parecía una pista se quedaba olvidado en el fondo del bolsillo del pantalón?

https://pixabay.com/

Recordaba que el día en el que había encontrado a Marcos en el cuarto de baño, y mientras esperaba a que llegase R después de llamarlo, el joven había dejado caer en el suelo algo que rodó hasta quedar debajo de la mesa. La retiró unos centímetros y cogió lo que se le acababa de caer. Se trataba de un pendiente. Un pendiente no muy bonito a decir verdad. Pero en ese momento lo más importante era la salud de Marcos. Así pues aquel pendiente fue inconscientemente al fondo del bolsillo del pantalón.

De donde salió varios días después, cuando en casa empezó a meter algo de ropa en la lavadora para lavar. Las “faenas” típicas de la casa estaban empezando a acabar con ella. El periódico le había concedido unos días libres, y su padre cada dos por tres junto a Isabel, llamaban o se presentaban en el piso para estar con ella, para salir a pasear, o para llevársela a cenar a cualquier restaurante. Entretenerla a fin de cuentas, todo lo que se pudiese para que no pensase en lo sucedido. Agradecía tanto al periódico como a su padre e Isabel los gestos de atención para con ella. Reconocía que la inesperada muerte de Marcos, como era evidente que no podía ser de otra manera, le había afectado mucho más de lo que esperaba, pero era necesario cuanto antes el reanudar su vida. Ya lo tenía decidido, a la mañana siguiente acudiría al trabajo. Quería, necesitaba, estar entretenida. Si continuaba un día más en casa se volvería loca. Estaba cansada de llevar puesto casi todo el día aquel viejo chándal de color claro. Era increíble cómo aquella prenda, poco a poco, parecía irse acoplando a su cuerpo. Cómo si el chándal pretendiese adueñarse del cuerpo humano: “este cuerpo es mío” “lo quiero para mí” susurraría seguramente el chándal.

Contempló en silencio, agachada, aquel feo objeto. Sin terminar de meter la ropa en el interior de la lavadora, y dejándola en un desordenado montón en el suelo, fue al pequeño despacho que tenía y encendió el portátil. Se acomodó en la silla giratoria con ruedas y buscó por la red la imagen que tenía aquel pendiente. Todo a su alrededor era oscuridad, solo la luz que despedía la pequeña pantalla del equipo sacudía el rostro de la joven, que observaba con detenimiento todas y cada una de las imágenes que iban apareciendo en pantalla, buscando similitud con la del pendiente, que ahora descansaba a su izquierda, junto a uno de los altavoces.

Finalmente encontró una imagen muy parecida, diría que incluso idéntica. Lo cogió y lo comparó con la que resaltaba en pantalla. Decidió imprimir una copia. A continuación accedió al enlace.

-Vampiros- murmuró muy poco sorprendida por el hallazgo entre la oscuridad del despacho cuando accedió a una web claramente relacionada con el mundo vampírico. Y la imagen resaltaba en lo alto, como un logotipo. Fue leyendo… accediendo a enlaces…viendo fotografías…leyendo todas las entradas que iban apareciendo, descubriendo mitos y leyendas del mundo de los vampiros, películas sobre estas criaturas… Demasiada información y ninguna aparentemente útil. Lo único que había visto de interés era el maldito logotipo similar al pendiente, pero no había encontrado en toda la web nada que explicase su procedencia…si era simple merchandising de la web…


Un momento. Su rostro se iluminó de repente, justo cuando durante unos segundos estaba pensando en cerrar la ventana porque no encontraba nada con valor. ¡Claro! Gritó, y descubrió que el pequeño despacho parecía tener eco al oír su propia voz. El blog de Marcos. Él era muy aficionado a los vampiros y todo el misterio que encerraba ese mundo. Volvió a centrarse en el portátil. Sabía de memoria la dirección del blog, y en apenas unos segundos estuvo en la pantalla principal. Pero con la misma rapidez con la que había “despertado” al recordar el blog, volvió a venirse abajo al ver la fotografía del joven, que encabezaba la página principal. Recordaba aquella fotografía. Precisamente se la había hecho ella. Un domingo gris que salieron en busca de edificios viejos y antiguos para fotografiarlos. Entonces estaba preparando un artículo para una revista local. Habían encontrado, en la zona sur de la ciudad, una vieja mansión en la que predominaba una verja de hierro de más de trescientos años rodeando toda la finca. La fotografía mostraba a un radiante Marcos junto a la puerta, sujetando un enorme candado cerrado, con la mansión de fondo. Observó durante unos segundos aquella imagen. Sintió que la vista se le empezaba a nublar por culpa de una lágrima rebelde recordando aquel día. Deslizó suavemente el ratón por la alfombrilla y accedió al contenido. No podía seguir viendo su rostro.

El silencio era absoluto en el pequeño apartamento de la joven. Llevaba casi una hora buscando por el blog, pero no había ni una sola referencia a imágenes como la que buscaba. Desanimada apagó el portátil y salió del pequeño despacho. Ya en el salón, se dejó caer en el sofá. Estaba cansada. Deseaba relajarse unos minutos. El reloj del móvil marcaba las doce y media de la noche. Era la hora a la que más o menos tenia costumbre de irse a dormir. Empezó a pensar en la redacción del periódico, tenía ganas de volver de nuevo a su rutina. El recuerdo de Marcos nunca se borraría, pero quería pasar página cuanto antes. Quizá incluso llamaría a Noelia y Julia para volver a salir con ellas. Ninguna tenía pareja estable. Asomada al ventanal del salón y observando la noche de la ciudad, movió ligeramente la cabeza al pensar que por qué Noelia y Julia no terminaban de salir como pareja. Siempre estaban juntas, nunca se separaban y apenas les duraban los tíos con los que se enrollaban. Sería buena idea volver a salir con ellas, y quizá contarles la idea que acaba de tener: Noelia y Julia siendo pareja.


Resopló corriendo el visillo del ventanal. Estaba bien de vez en cuando distraer la mente en banalidades. Y para eso sus dos amigas eran las mejores. Era increíble el tiempo que hacía que no las veía. Se acostó deseando que el despertador sonase lo antes posible. Se cercioró de que estaba activado. Necesitaba volver al trabajo, a su vida normal. Por la tarde, iría a visitar a R y le hablaría del pendiente. Posiblemente incluso Lucia pudiese saber algo. ¿Qué vínculo habían tenido Lucia y Marcos?