viernes, 24 de agosto de 2018

CYBORG


Buenas tardes. Aquí os dejo un fragmento de mi último relato titulado Cyborg

Podéis adquirir el relato completo pinchando aquí




Había visto el anuncio más de mil veces. Bien por televisión o por la multitud de pantallas gigantes que se encontraba a lo largo y ancho de la ciudad.




En el transcurso de la mañana había estado pensando en la posibilidad de comprarse un cyborg. O al menos acercarse a alguna de las oficinas de C.T. y ver alguno de sus modelos. Sentada en su pequeño cubículo de siete de la mañana a tres de la tarde, pensó en los pros y en los contras. El trabajo que desempeñaba era tan monótono y mecánico que le daba tiempo para evadir la mente durante largos minutos en ese tipo de pensamientos. Pero ¿realmente necesitaba un Cyborg? se preguntó cuándo dieron las tres y tranquilamente se puso la cazadora de cuero negro y abandonó su puesto de trabajo. No terminaba de estar muy convencida. “Hará todas las tareas del hogar que tú no quieras hacer” decía en un momento dado el anuncio. “Esperará por ti en las interminables colas cuando tengas que tramitar cualquier documento” decían a continuación.

Sí, eso estaría bien. Pensó mientras esperaba el ascensor en la quinta planta junto a varios compañeros más de trabajo. La última vez que había acudido a una oficina para solucionar un asunto relacionado con el alquiler del piso, la cola duró horas. Era como si el funcionario que atendía la mesa en la que tenía que solucionar el asunto en cuestión no quisiera trabajar de lo lento que lo hacía. En fin. ¿Y la casa? ¿Solo comprarse un Cyborg para hacer las tareas domésticas? Entró en el ascensor. Compartió un insulso saludo con el compañero del cubículo de al lado. A continuación, en el interior del ascensor cada uno a lo suyo. El compañero a mirar al suelo y a la pantallita roja que indicaba el piso y ella a ojear los mensajes en el móvil.

Ningún mensaje nuevo. Ni siquiera de él. Llevaba varios días sin saber nada de él. ¿Y si le llamaba ella? Después de todo no habían discutido, ni acabado mal. Simplemente estaban en momentos diferentes en sus respectivas vidas. No buscaban ni esperaban lo mismo.
Salió del edificio. Viernes. Por delante tenía dos días y medio de descanso. Quizá esa misma noche saliera a tomar algo. Llamaría a Carla y saldrían a tomar algo, quizá incluso a bailar. Carla no, recordó entonces mientras cruzaba la calle y se dirigía a la boca de metro. De nuevo el anuncio en una pantalla gigante. “Adquiera ya mismo un Cyborg”. Carla. Seguramente no pudieran salir juntas a tomar algo. Desde que salía con ese tal Mario se había vuelto muy rara ¿O la rara era ella? No, definitivamente no. La rara era Carla con aquella estúpida sonrisa ñoña cuando iba de la mano del tal Mario.

La boca de metro. Descendió las escaleras y tras pasar su bono por la terminal continuó por un ancho pasillo y después descendió unas escaleras mecánicas hasta que llegó al andén. De nuevo el anuncio. Ahora impreso en enormes carteles pegados en las paredes de la estación. Dos Cyborg, uno femenino y otro masculino, modelos F y M respectivamente, con los uniformes con los que salían de fábrica, se mostraban sonrientes en los carteles. En grandes letras azuladas “Cyborg para compañía o trabajo”.

Por suerte encontró asiento al entrar al vagón. Odiaba esos días en los que tenía que volver a casa después del trabajo de pie sin poderse sentar. Cierto era que las ocho horas del trabajo las hacia sentada, pero no le gustaba ir de pie en el metro. Prefería ir sentada, buscando cualquier cosa en Google y evitando así las miradas perdidas de quienes iban sentados en frente. En esta ocasión se metió en un blog que hablaba precisamente de los Cyborg. Desde el puesto de trabajo hasta su piso tenía ocho paradas de metro. Le daba tiempo más que suficiente como para leer algún artículo de cualquier blog. Al parecer, al propietario del blog la experiencia de adquirir un Cyborg no le había ido también como prometían los de la empresa que los vendía. Señalaba más contras que pros.




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